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  La noche de Judas Tiempo de Navidad
  La Hora de la Fiesta Historia de los Mayos
  Breve análisis del folklore en los últimos 70 años Metodología actual de enseñanza de bailes tradicionales
  Panorama de los Grupos Folklóricos Meteorología tradicional "La Cabañuelas"
  Auto de los Reyes Magos en Guadalupe (Murcia) Patrimonio Musical en la Huerta de Murcia: una breve reseña
  El Belén de Francisco Salzillo La Ronda de Motilleja: Músicas, Cantares, Guitarros y Bailes
  La Hermandad de Ánimas de Caravaca de la Cruz y la Misa de Ánimas ... Amos pa la cuadra

Notas sobre la "Quema del Judas" en Águilas


RESUMEN: El artículo estudia las cuadrillas de jóvenes con la cara tiznada, que salen con motivo de la fiesta llamada "Quema del Judas" como fiesta de regreso anual de los difuntos.


1. La importancia del calendario

En tanto el hombre primitivo, o antiguo, vivía pendiente de la naturaleza y sus cambios, especialmente en sus fiestas, la sociedad moderna se ha desvinculado de ella, llegando a desnaturalizar alguna de las celebraciones anuales estrechamente vinculadas en su origen a los cambios estacionales, particularmente la celebración del año nuevo. Reparemos en el absurdo que nos afecta, de situar la festividad de año nuevo en pleno invierno, cuando en la naturaleza aún no se ha producido ningún síntoma de cambio ni regeneración. Si uno mira al campo el 31 de diciembre, no tiene la sensación de que una etapa acabe y otra empiece. Y en realidad la fiesta de año nuevo primitivamente no tenía lugar en diciembre, sino al inicio de la primavera, cuando muere el invierno, la naturaleza se renueva y es perceptible que en el mundo comienza un nuevo ciclo. En Acad, como indican numerosas fuentes, la fiesta se llamaba A-ki-til y tenía lugar a finales de marzo, esto es, en el preciso momento en que el invierno muere y la naturaleza revive. En nuestra propia cultura, la celebración del año nuevo fue trasladada a las fechas actuales por decisión administrativa a fin de dar mayor realce a la fiesta de la Natividad del Señor.

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Al igual que ésta, otras fiestas primitivas, al supervivir como meras costumbres folklóricas desconectadas de su significado religioso, sufren desplazamientos en el calendario. Este fenómeno es bien conocido por los antropólogos. No obstante, otros grupos de festividades, conservadas por el folklore, han guardado mucho mejor el sentido primitivo y su vinculación a los ciclos naturales, fundamentalmente el carnaval, las fiestas de mayo y algunos rituales primaverales, como la Quema del Judas.

En cuanto a ésta última, lo primero que nos llama la atención es su constancia en el calendario. No solamente en Aguilas, sino en otras partes de la región e incluso fuera de ella, según nuestras noticias, la fiesta ha tenido siempre lugar el Sábado Santo, es decir, coincidiendo con el final del invierno y el inicio de la primavera. Esto, unido al gesto de quemar un pelele, hace la ceremonia relacionable con los ritos del cambio de año.


2. La Quema del Judas


La fiesta popular conocida con el nombre de la "Quema del Judas" tenía lugar en los pueblos de la región de Murcia hasta su interrupción y cese definitivo, coincidiendo con la guerra civil.

La celebración no parece haber sufrido desplazamientos en el calendario, era típicamente primaveral y estaba fuertemente vinculada al Sábado Santo. Consistía en la confección de un pelele de forma humana, que se colgaba de una cuerda tendida entre dos balcones y al que se daba muerte ritual, a veces a base de disparos de escopeta. Cuando se daba por muerto al pelele, la gente solía romper contra el suelo cacharros viejos. Previamente a todo esto, unas cuadrillas pasaban por las casas pidiendo pucheros, cacharros y en general todo lo viejo que se pudiera entregar.


A menudo se describe a estas cuadrillas como formadas por personas jóvenes que llevan la cara pintada o tiznada de negro, en ocasiones aclarando que para ello se ha usado el hollín presente en la base de los pucheros.

En la localidad de Aguilas hemos recogido personalmente algunos informes durante 1.979. Según ellos, los tiestos resultantes de estrellar los cacharros contra el suelo delimitaban un área donde "no podía entrar el demonio".


Por otro lado, el psicólogo de Aguilas y activo antropólogo, D. Lorenzo Hernández nos ha proporcionado para la confección de este artículo una serie de valiosa información adicional, recogida por él mismo de diversos informantes locales. Sus datos son los siguientes:

1. Judas vende a Jesucristo y al resucitar él, se quema a Judas el traidor. Judas es un hombre vestido con trapos, de la parte del barrio, y a tiro limpio le pegaban fuego con cornetas y tambores. Esto se hacía más bien en los barrios bajos.

2. Se quemaba el Judas y se rompían cosas viejas. Se tiraba por los balcones y las terrazas todo lo viejo, que se guardaba para esta ocasión. De una esquina a otra se amarraba una soga y el Judas se colgaba en medio y se quemaba sobre las doce.

Antes era a las diez, pero se cambió por los señoritos, cuando cenaban.

3. En la quema del Judas se hacía un hombre de trapo y cuando resucitaba el señor, se quemaba sobre las doce de la noche.

Los muñecos los hacíamos entre todos los vecinos reunidos en una casa unos días antes. Cada uno ponía un trozo de muñeco.

Se daban porrazos y golpes en las puertas, se tiraban cacerolas al mismo tiempo que se quemaba el Judas, diciendo: "ha resucitado el Señor", con gran alegría.

4. El sábado de gloria resucitaba Jesús a las diez de la mañana. A las diez empezaban las campanas a tocar. Las mujeres iban de puerta en puerta rompiendo las ollas y los platos viejos de una vecina a la otra. Y al mismo tiempo se quemaba el Judas, y dentro había carretillas.

5. Quien tenía una escopeta con pólvora le disparaba al muñeco colgado.

6. El Judas se quemaba en la calle Triana, en la plaza de Abastos, en el Placetón, etc. Le pegaban fuego con una pistola a las diez de a mañana. Se rompían ollas y se iba lo ............ que hubiera. Se tiznaba a los primeros que pillaras, es la tradición. Tan solo en esa hora, después nada.

7. Se cambió la hora cuando un Papa dijo que el Señor resucitaba el sábado por la noche. Hasta que asfaltaron las calles.


Según esto, los rasgos que definen la fiesta son los siguientes:

a) En cuanto al momento en que se celebra, tiene lugar en primavera, y en concreto en el Sábado Santo, al parecer a las doce de la noche, si bien algunos testimonios se refieren a las doce de la mañana.
b) En cuanto al contenido esencial, se trata de la confección y muerte ritual de un pelele con escarnio y alegría públicas.
c) En cuanto a los ritos que acompañan al contenido esencial de la fiesta:

Arriba

Aparecen cuadrillas con la cara tiznada de color negro. Las cuadrillas recogen por las casas los pucheros viejos. Se rompen estos pucheros al dar muerte al pelele.

Llegados a este punto, cualquier lector de Frazer tenderá a relacionar el pelele aquí apodado Judas con los que por toda Europa era costumbre confeccionar y quemar ritualmente en primavera como signo del año que termina. Pero no es nuestra intención pasar a examinar la amplia materia de los ritos agrícolas de cambio de año.


Baste remitir a quien sienta curiosidad por esta materia a la voluminosa Rama Dorada, obra básica del grandioso y hoy menospreciado Frazer.

 

3. La vuelta de los muertos

Hemos estudiado en un trabajo anterior el ritual de la quema de judas, fundamentalmente en cuanto a la costumbre asociada de romper cántaros, tratando de interpretar su significado con el apoyo de cuentos populares en los que romper cántaros aparece como una especie de gesto ritual ante la muerte.


Ahora bien: El hecho de que las cuadrillas vayan por las casas recogiendo los pucheros y las cosas viejas, constituye en sí mismo un signo de renovación que nos parece claro; pero que los integrantes de estas cuadrillas se pinten la cara de negro se nos antoja revelador. Hay algunos pueblos primitivos que celebran una llamada "fiesta de los muertos" donde los difuntos vuelven con los vivos, se apoderan de sus cuerpos y bailan en una celebración nocturna hasta el frenesí. El color negro está asociado a la muerte. Las alusiones poéticas al más allá en algunos textos griegos hablan de la "negra tierra". Los animales de color negro, en el folklore, tienen un valor ambivalente. Por una parte acarrean mala suerte, pero por otra traen la abundancia y son de buen agüero.

Esto se debe al valor ambivalente que tiene el mundo infernal, que se caracteriza también por la abundancia. La prueba de ello es que hay leyendas catalanas donde un pastor ve aparecer de un lago un mardano negro que fecunda a todas las ovejas y las hace parir unos animales enormemente robustos. En algunos casos esto se produce después de proferir una maldición invocando al diablo (Així sortís un mará encara que fos el diable!), de donde este mardano negro, que aparece a la imprecación, es el diablo mismo.


Por todo esto, nos parece que estas cuadrillas que aparecen con la cara tiznada pueden simbolizar a los muertos que han salido por una hora de la negra tierra y se mezclan con los vivos.


4. La hora de los difuntos

Esta posibilidad la realza el hecho de que la fiesta tenga lugar, no sólo un día muy preciso, sino a una hora muy definida, que primitivamente debió ser las doce de la noche. Multitud de cuentos populares, así como tradiciones folklóricas, reiteran que las doce es la hora de los difuntos, un momento en el que, por alguna especie de misteriosa ley, las puertas del más allá se abren y los difuntos pueden salir de él para corretear entre los vivos. Muchos cuentos populares se refieren a este episodio, siendo clásico aquél en el que el héroe debe averiguar el secreto que afecta a cierta princesa, a cuyo fin debe penetrar en un castillo o en determinada habitación y velar, evitando dormirse. Indefectiblemente, a las doce de la noche el lugar se puebla de duendecillos o seres sobrenaturales que provienen del lugar genéricamente llamado el reino mágico y que, en un sentido poético, suele simbolizar el mundo de ultratumba.


Ahora bien: la Quema del Judas tiene lugar, no sólo en la hora que hace de bisagra entre un día y otro, sino además en el momento en que el año viejo muere y el nuevo nace, por lo que la ruptura temporal es doblemente intensa. Se trata de un instante en el que, por así decir, se produce una especie de falla en el tiempo, una falla entre el día y la noche, entre el año viejo y el nuevo. Es congruente que los difuntos, en este caso esos posibles difuntos que son los hombres con la cara tiznada, puedan encontrar aquí el mejor momento para venir con los vivos.

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5. Renovación cósmica

En otro trabajo anterior hemos hecho hincapié en el ritual de iniciación y la importancia de la representación del cadáver del iniciado. Allí defendíamos que la suciedad ritual del iniciado obedece a la necesidad escénica de dejar, cuando llega a su meta y se lava y se cambia de vestido, un cadáver visible que simboliza el cadáver del hombre viejo, formado por los vestidos viejos y sucios.


La muerte del año viejo y el inicio del nuevo significa una crisis cósmica que se resuelve, desde el punto de vista del rito, como una iniciación, donde lo viejo perece y deja paso a lo nuevo.


Los ritos iniciáticos en las sociedades primitivas tienden a subrayar la muerte del hombre antiguo y el nacimiento del hombre nuevo. En cuanto al primer aspecto, el iniciado recibe un nuevo nombre, es alimentado sólo con leche y tratado en todo como a un niño pequeño. En cuanto al segundo, entre otros rasgos, a veces el novicio debía a veces arrastrarse por debajo de cadáveres descuartizados.

Entonces proponíamos la idea de que si el novicio o el difunto tienen prohibido lavarse es porque deben dejar un cadáver visible cuando llegue el momento del renacimiento. Un cadáver que estará constituido por sus viejos vestidos, por las cortaduras de su pelo y uñas y por la suciedad acumulada en su cuerpo.


Así, la prohibición de lavarse busca la formación de una especie de cadáver visible, y la suciedad del difunto o del peregrino es como la suma de todas aquellas imperfecciones e ignorancias que dejará apartadas a un lado cuando pase la puerta del reino encantado.


Ahora bien: El ritual iniciático es un rito de renovación, pero también lo son, por definición y esencia, los ritos del año nuevo.


Y, en este caso, la muerte no sólo viene representada por la incineración ruidosa de un pelele que pudiera significar el año que muere, sino que, para que la comunidad pueda participar y, por así decir, comulgar con la renovación cósmica, debe aportar esos pucheros viejos destinados a ser rotos en la fiesta, que son como la suciedad del héroe que soporta el viaje iniciático, como la suciedad del difunto en busca del más allá, como la suciedad que acumula Gilgamesh, quien, en busca de la vida inmortal, no se lava ni se cambia de vestido hasta llegar al monte Nisir, donde alcanza su meta y se produce su renovación iniciática.

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6. Cerámica asesinada

Como se ha dicho, la cerámica se rompe intencionadamente en ciertos rituales funerarios porque debe ser "asesinada" a fin de poder entrar en el reino de los muertos, pues en él todo es al contrario que en el mundo de los vivos, y por tanto la cerámica rota en el mundo de los vivos estará completa en el mundo de los espíritus. En un tercer trabajo, a este efecto le hemos llamado efecto speculum, encuadrable como una serie de manifestaciones paradójicas simbolizan el mundo del más allá. Allí el sol viaja durante la noche de occidente a oriente, los ríos fluyen hacia su nacimiento, las canoas navegan boca abajo, cada palabra significa lo que su antónimo en el reino de los vivos, etc. También una vasija de cerámica que en el reino de los muertos está completa está rota en el mundo de los vivos y viceversa. Por esto la costumbre de asesinar cerámica y de destruir el ajuar funerario en general, común a distintas culturas, incluyendo la ibérica donde, como es sabido, las armas del guerrero muerto son introducidas con él en la tumba previa su deformación.


Una última manifestación de este rito, que no se recogió en aquel trabajo, fueron los rituales por la muerte del hijo de Indira Ghandi, muerto hace pocos años y en cuyas honras fúnebres se procedió con gran formalismo a ejecutar este rito ancestral, rompiendo una vasija ante la pira funeraria.

 

Por tanto, la ruptura ritual de cántaros puede estar relacionada con el mundo del más allá.


Esta hipótesis de trabajo conviene mucho a un ritual como el de la quema del Judas, donde la muerte es central por el mero hecho de que el ritual consiste en la muerte ritual de un personaje representado por el pelele. En el caso de la Quema del Judas, este significado es perfectamente complementario de la hipótesis que proponemos: la cerámica se rompe porque la comunidad necesita representar vitalmente, es decir, vivir y experimentar, su propia renovación para participar de la renovación del universo. Pero la cerámica rota, que es el mismo material que se ofrenda a los muertos en la tumba, pertenece ya al mundo de los muertos, porque ha sido previamente matada de forma ritual.


7. Conclusiones

Como breves conclusiones, citaremos las siguientes:


a) La Quema del Judas es un festival que probablemente, en solitario o conjuntamente con otros, señalaba en una época primitiva la muerte del año viejo y el advenimiento del nuevo.
b) Esta significación se producía a través de un agudo simbolismo funerario, caracterizado por las siguientes notas:

Arriba

- Presencia de cuadrillas de jóvenes que recogen por las casas pucheros viejos y llevan las caras tiznadas de negro, personajes identificables provisionalmente con difuntos que vuelven del mundo de ultratumba en este preciso momento.

-Muerte ritual de un pelele.

-Ruptura ritual de cántaros.

c) El simbolismo funerario viene acompañado de un mecanismo colectivo de catarsis, limpieza, renovación y renacimiento, cuando la sociedad en su conjunto decide permanecer ritualmente impura, conservando conscientemente las cosas viejas hasta la llegada de la Quema de Judas, en cuyo momento, de modo ritual y público, la renovación ceremonial de la colectividad se produce mediante la entrega a los grupos de gente con la cara tiznada de todo lo viejo, particularmente los pucheros, que serán rotos a la muerte del pelele. El pelele, como probable personificación del año que ha muerto, viajara simbólicamente al mundo de ultratumba, acompañado de la cerámica rota/muerta y posiblemente escoltado o guiado por la turba de difuntos representada por las cuadrillas de la cara tiznada.

Acabemos afirmando que la Quema del Judas es una celebración de enorme valor antropológico, no sólo por la cantidad y calidad de información que contiene, sino por su llamativa fidelidad a una fecha fija en el calendario. A nuestro juicio, futuros estudios deberían profundizar, entre otros aspectos, en la función de las cuadrillas y la presencia de caras tiznadas de negro, investigando lo relacionado con la apariencia de negritud, su vinculación con el hollín de los viejos pucheros y describiendo con la mayor fidelidad la conducta de estas cuadrillas desde los momentos iniciales hasta la conclusión de la fiesta.


J. Ortega
lugalbanda@redestb.es


Publicado en El Carnaval en Aguilas, Aguilas 1.995.

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Tiempo de Navidad

"Esta copla que yo canto
No se canta el año entero
Que empieza el día de los Santos
Y se termina en Febrero".


Esta copla que se canta en la Aguilandá, resumen perfectamente las fechas de mayor actividad de las agrupaciones de Ánimas. A partir de los Santos el Mayordomo hacía saber a los componentes de la Cuadrilla, a su ves inmersa en la Hermandad, que era el tiempo de empezar a juntarse, templar los instrumentos y preparar las fechas que desembocarían en el nacimiento del Niño Manuel. Ya se empiezan a desempolvar los instrumentos guardados casi todo el año en el Arcón de Ánimas de la sacristía, ya se reponen las cuerdas viejas de años anteriores y se suben a su sitio, para que después cueste menos templarlas, ya toma el Mayordomo posición de su campana, ya se le pone la correspondiente pergiega al arco del violín, y los primeros licores de la tierra afinan y disponen las gargantas para la larga Navidad. Si sale, se avisa al pueblo con el primer recorrido. El Mayordomo al frente ha llamado a la puerta. -¿se canta o se reza? una vozseria y ronca responde: - se reza.

Ha sido un año mal para esa familia, pero también se cumple con ella: todos han pasado a la casa, han formado un corro, han descubierto su cabeza y han recitado un Ave María, seguido de un Padrenuestro.

Después de despedirse han tirado calle abajo y el Mayordomo ha golpeado en otra puerta: -¿se canta o se reza? esta vez la voz es menos sería e incluso parece más alegre: - se canta.

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Una vez que todos han pasado y han formado el corro, el Mayordomo ha mandado callas con su campana, y aprovechando un momento de silencio se arranca el guitarrón que introduce al Guión que canta:

"Purísima Concepción
De Caña la Cruz
Abogada de las almas
Y de los cielos corona"...
Y el grupo a coro le responde:
... "y de los cielos corona
digamos con alegría
gloria al padre, gloria al hijo
gloriaa la virgen María".


Como las gargantas están secas, esta Aguilandá, ha durado poco y los músicos y acompañantes se lanzan a la bandeja provista de alfajor, suspiros, mantecaos... que regaban con buen aguardiente, a ser posible seco por el frío que rodea que empieza a convertirse en pililes, un coñac, un licor de café o una mistela sacada de la despensa. Repuesto el estomago y las gargantas, el Mayordomo volverá a reunir y esta vez las Aguilandasserán más largas, pero el mocerio quiere baile, entonces sonarán jotas, malagueñas y pardícas mientras el cantaor alaba los manjares:

"Bendita sea esta casa
Y el albañil que la hizo
Que por dentro esta la gloria
Y por fuera el paraíso"...

Algún mozo se ha atrevido a bailar con la pretendienta, y las filas de parejas de esta año no caven en la casa, pero siguen en la calle, la bandeja de presenta ya vacía, al igual que las botellas. En un rincón de la casa el dueño otorga su donativo al Mayordomo: -toma, para las Ánimas, el año no se ha presentado bien y no puedo más. El Mayordomo responde: - no se preocupe, esto es voluntad. Recibido el presente, y a golpe de campana, el Mayordomo grita: -!es tarde! !nos quedan muchas cosas!.

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Todos obedecen y empiezan a salir, pero la cuadrilla entona la Ultima malagueña y el avispado cantaor se despide:

"A los amos de esta casa
Dios les dé salud y vida
Y trigo para sus años
Esta sí que es despedida".

Tras la campana todos se pierden calle arriba, al final hay luz y tras la cortina de la ventana una moza advierte: -!Padre!...!Madre!...preparaos...ya llegan.


Angel Sánchez
Cuadrilla de Cañada de la Cruz, Moratalla.

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La hora de la fiesta

Llega el verano y con él, llega la fiesta. La mayoría de nuestras localidades se preparan de alguna manera para sacar adelante todo tipo de festejos. Se ha comprobado que durante el verano se celebran las dos terceras partes de las fiestas de España. Pero, ¿por qué tantas durante este período del año? ¿Son cuestiones religiosas? ¿Acaso climatológicas, con la llegada del buen tiempo? De todo hay, pero hemos de saber que casi todas las fiestas tienen un origen preurbano, procedentes del mundo rural. Siendo así, comprenderemos que desde los más antiguos tiempos, en el hemisferio norte, y concretamente, en el mundo mediterráneo, el verano ha sido tiempo de cosechas, y por lo tanto, el tiempo donde se producían los alimentos que permitían la vida.

No es de extrañar, que las distintas culturas celebraran los períodos en que la tierra daba sus frutos: fertilidad es vida. Pero, además, el verano comienza con el solsticio, el día más largo del año, cuando el sol está en lo más alto. Solía ser la fiesta más celebrada por casi todas las civilizaciones. Y comúnmente asociada al fuego, que se encargaba de quemar lo malo, purificándolo, y haciendo renacer un nuevo tiempo. No es casualidad que la fiesta del día de San Juan tenga tal importancia, con la gran cantidad de rituales que se asocian a ella.

Como la mayoría de las fiestas paganas, fue incorporada por el cristianismo a su calendario, cambiándole el sentido, ya que no se pudo impedir su celebración. No obstante, nuestra sociedad, con sus tintes mayoritariamente urbanos, teóricamente tan alejados del universo agrario, sigue festejando con otros nombres las mismas fechas en que lo hacían los antiguos celtas, semitas, egipcios, griegos, romanos..., y los que les precedieron; y, a veces, de la misma manera.

Algunas fiestas tienen algo que sobrevive al tiempo, a las culturas, o las religiones; están íntimamente unidas a nosotros mismos, al hecho social.; han vivido y han evolucionado con nosotros desde la noche de los tiempos. Y puesto que forman parte de nuestra esencia, nada mejor que dejarnos sumergir en ellas, disfrutándolas y haciéndolas parte de nuestra vida.

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Manolo Sánchez
Antropologo e Historiador

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Historias de los Mayos

Origen y evolución

El Mayo es una tradición asociada al momento en que la tierra se dispone a ofrecer su nueva cosecha, contribuyendo con sus ritos y ceremonias a propiciarla. Su origen se ierde en el tiempo, siendo una tradición muy arraigada en la vertiente mediterránea de la Península Ibérica. En la Región de Murcia, si aludimos a las antiguas crónicas de festejos en la noche de los mayos, los jóvenes se dedicaban a rondar y adornar con flores las casas de las jóvenes y las puertas de las iglesias. Pero la costumbre que más ha perdurado es la que al cumplirse la Cuaresma colocaban en terrados y balcones a los "viejos", peleles vestidos estrambóticamente. En algunos pueblos se colocaban también la noche que precedía a San Juan, en otros la mañana del Sábado de Gloria y solía finalizar el festejo quemando, entre general algarabía, estos peleles.


En Alhama son escasos los datos que el saber popular nos ha podido aportar sobre esta antigua costumbre. La mayoría aún recuerdan cómo en el alba del día primero de mayo, los vecinos de la población instalaban unos monigotes en las puertas de las casas y en las esquinas, para permanecer expuestos todo el día y retirados al anochecer.

Tales monigotes eran los llamados Mayos, unos muñecos confeccionados con tela que se rellenaba con paja, hojas, lana, trapos, etc. y vestidos con viejas ropas de la casa, respondiendo exactamente al concepto de pelele. Se les pintaba la cara para dar rasgos humanos a su rostro, colocándoles un sombrero si lo que se trataba de representar era una figura masculina y un pañuelo a la cabeza anudado bajo la barbilla si se trataba de una figura femenina.

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Normalmente, estos peleles se instalaban aislados o a lo sumo en pareja, sin ningún tipo de escenificación ni decorado y en actitudes naturales (sentados, de pie, fumando...), como si de personas reales se trataran. Tenían un marcado carácter satírico, dotándolos a menudo de los rasgos propios de algún vecino al que se pretendía parodiar, mediante alguna prenda, utensilio característico o gesto, de modo que el personaje fuese identificado por todos y divirtiese con un sano humor vecinal.

Es esta tradición la que hasta los años treinta de nuestro siglo había perdurado con cierta autenticidad. La Guerra Civil Española marcaría el principio de su ocaso, junto a otras manifestaciones populares. Los Mayos casi llegan a desaparecer de las calles, reduciéndose a muy esporádicas apariciones durante las décadas de los años sesenta y setenta.

En 1982, el Pleno del Ayuntamiento de Alhama de Murcia acuerda recuperar la fiesta, que se celebrará a partir de entonces el primer domingo del mes de mayo. El hacerlo en esta fecha y no del 30 de abril al 1 de mayo, como marca la tradición, es para no interferir los actos del Día de los Trabajadores y a la vez favorecer la visita de turistas durante el fin de semana.

Desde 1984, el Ayuntamiento de Alhama de Murcia, a través de las Concejalías de Festejos y Cultura, organiza la Fiesta de los Mayos, preparando además un extenso programa de actividades en el que se incluyen verbenas, conciertos, festivales de folklore y cuadrillas, exposiciones, teatro, competiciones deportivas, etc. A partir de ese momento, los Mayos de Alhama vienen siendo foco de interés turístico, como lo demuestra la afluencia de visitantes.

En 1990 son Declaradas de Interés Turístico Regional, lo que, además del reconocimiento de la labor de todo un pueblo en favor de su tradición cultural, supone un nuevo aliciente para la mayor participación de los vecinos y visitantes.

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Actos principales que componen la fiesta: la Plantada

En la noche del sábado o el domingo muy de mañana, se plantan los MAYOS, que los vecinos han estado días antes preparando. Se sitúan en las puertas de las casas, en plazas y jardines públicos; con la cara pintada, perfectamente ataviados y con enseres que convenga a la composición. Y es tradición, por el carácter de la fiesta, el sacar todo tipo de utensilios, ropas, herramientas y muebles antiguos, con lo que las calles de Alhama se convierten durante ese día en un auténtico museo etnológico, donde se puede ver toda clase de objetos en desuso, para el recuerdo, que formaron parte de la vida cotidiana de antaño.

EL MAYO lo componen uno o varios peleles de trapo acompañados de objetos que en conjunto representan una situación concreta en la que los antiguos monigotes se expresan mediante diálogos escritos en pequeños carteles de papel sujetos a cada pelele.

Los temas básicos que se tratan suelen ser tres: la recreación de antiguos oficios ya desaparecidos y que eran típicos en Alhama; la representación de escenas de la vida cotidiana tratadas por lo general en clave de humor, y, por último y más celebradas, las escenas satíricas que con agudeza crítica ponen de manifiesto problemas o temas puntuales del pueblo.

 

Los Corremayos

A media mañana salen los CORREMAYOS, un extenso grupo de gente de todas las edades, predominando principalmente jóvenes, ataviados con trajes de bufón, que, acompañados de charangas y bandas de música, recorren las calles donde están plantados los MAYOS parando encada uno de ellos, siendo preceptivo que el titular del MAYO invite a unos refrescos, cuando no a vino y embutido del lugar, en hora de almuerzo, a los visitantes.

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El recorrido dura toda la mañana y a veces parte de la tarde, pudiéndose integrar en él todo el que quiera, vaya o no vestido de bufón, sea de Alhama o foráneo, y es la mejor forma de vivir la fiesta en toda su intensidad.

 

Las cruces de mayo

Al igual que en otros puntos de la geografía nacional, también es tradición en Alhama durante los primeros días de mayo el engalanar cruces. Como en el caso de los Mayos, se trata de auténticas composiciones cuya base principal es una cruz realizada o cubierta de flores y rodeada de objetos y adornos relacionados con el culto: rosarios, palmatorias, imágenes, escapularios y a veces fotografías de familiares desaparecidos.

La cruz suele mostrarse en el interior de la casa, aunque también se suelen situar en la puerta; son visitadas por el vecindario y el día de los Mayos por los Corremayos. Normalmente, la Cruz permanece engalanada hasta el Día del Corpus Christi o durante todo el mes.

MAYO TOCANDO
MAYOS DE ALHAMA

Manolo Sánchez
Antropologo e Historiador

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Breve análisis del folklore en los últimos 70 años

La situación geográfica de Murcia, zona situada al borde del Mediterráneo, nos hace comprender que fue durante mucho tiempo punto neurálgico de culturas, hecho que se pueden observar tanto en la música, baile o forma de vestir que tuvieron nuestros antepasados y que hoy en día pocos grupos de folklore se dedican a su recuperación.

Todo comienza a desviarse tras la Guerra Civil de España 1936-1939, periodo trágico para España y también para nuestra zona de estudio, Murcia. En la postguerra, años cuarenta, encontramos dos grupos o asociaciones; la primera llamada los militantes de Auxilio Social, este grupo aprovechando su presencia en el medio rural, zonas estas en las que casi no había influencia de la sociedad urbana y en donde el folklore era autóctono, aprovechan y recogen material relacionado con el folklore.

Más tarde la Sección Femenina de Falange, se encargó de organizar toda la actividad del folklore en España. Lo que pretendían estos grupos era la división del folklore por provincias y municipios. A partir de este momento se crean los grupos de coros y danzas, con lo que se trata de conseguir la supresión popular individual por lo colectivo. Se producen cambios importantes en la estructura del folklore; pero no por ser importantes son positivos, estos cambios hacen sustituir la figura del cantaor o guión por la del coro, causa esta que hace que la creatividad literaria popular sufra un duro golpe, lo que pretendían era evitar la improvisación del guía o juglar. Del mismo modo estas letras que eran improvisadas por el, ahora con estos cambios, son elaboradas por los grupos de coros y danzas.

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Por lo tanto, tras estas pequeñas pinceladas podemos ver como el folklore va cambiando, pero en lugar de hacerlo positivamente lo que esta haciendo es perder las raíces del mismo.

El folklore se transformó en un espectáculo, se estructuró para su exhibición en escenarios, alejándolo de su manifestación festiva.

Otro duro golpe fue la sustitución de los maestros boleros, estos fueron sustituidos por profesores profesionales de danza.

Los bailes, toques y cantes terminan por inventarse en locales de ensayo. Podríamos afirmar una frase que Luis Federico Viudes afirmó sobre este tema: surge un folklore oficial en todo distinto al popular.

Recordar que en los años cuarenta Murcia era una ciudad totalmente rural, teniendo Cartagena como puerto importante por su puerta marítima.

Siguiendo hacía delante se crea un nuevo colectivo grupo de coros y danzas de sección femenina y falange, a estos grupos le siguieron los de educación y descanso. Todos estos grupos respondían a los mismos criterios, tenían la misma forma de ver y entender el folklore.

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Durante los años sesenta, se puede observar como España y Murcia van cambiando, la población va en aumento y el nivel de vida mejora; también se van creando grupos de coros y danzas independientes, estos grupos tienen otros objetivos diferentes de los demás grupos:


- Práctica del baile folklórico.

- Rescate y conservación de las tradiciones huertanas en su totalidad.

Estas asociaciones, se centran en la huerta de Murcia dando lugar a la creación de un fenómeno que desde ese momento hasta nuestros días ha ido en aumento, son las llamadas peñas huertanas, este movimiento acabó por eclipsar la práctica espontánea de los bailes y cantes populares. Se olvidó por completo el campo, el medio rural y se paso a la periferia de la ciudad; es decir, la huerta. Como consecuencia e la creación de estos grupos, se perdieron muchas fuentes importantes.

Mientras tanto en el medio rural, las cuadrillas que son y siguen siendo la mayor manifestación del folklore autóctono, siguen con sus rituales, estos son olvidados por los medios de comunicación, es decir, la sociedad y pasan a difundir solamente el folklore oficial ofrecido por las peñas huertanas.

En los años setenta, las peñas huertanas proliferan, las primeras nacen alrededor de un grupo de coros y danzas y otras nacen como peñas huertanas y el grupo lo crean después.

Siguiendo a Luis Federico Viudes, nos dice una frase fiel reflejo de este momento: inconscientemente, las peñas huertanas mantienen la escuela folklórica del movimiento, con lo que lamentablemente se alejan de su propia razón de serla recuperación y práctica del arte popular.

En los años ochenta, la comunidad autónoma de la región de Murcia, apoyándose en Antropólogos, etnomusicólogos... se propusieron recuperar el verdadero folklore mediante una serie de grabaciones que realizaron por los campos grabando a las cuadrillas. Esto hizo que muchas peñas huertanas del momento desaparecieran con los años, e hicieron ver a mucha gente que el verdadero folklore no estaba en esos grupos de baile creados en años anteriores.

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A partir de los años noventa, empiezan a proliferar una serie de grupos independientes de la federación de folklore de Murcia, estos son: grupos folklóricos independientes, grupos cuya misión es investigar basándose en fuentes originales como:

- Archivos históricos

- Protocolos

- Tradición oral

- Tienen sus propios estatutos

- Se dedican a la investigación tanto en el campo como en la huerta

- La indumentaria es confeccionada a partir de piezas originales.

Hasta hoy en día en los albores del siglo XXI, este es el último género de grupos, que junto con las cuadrillas reflejan la verdadera historia e imagen de nuestros antepasados. Por lo tanto encontramos en estos grupos una frase que Luis Federico Viedez apuntó: es hora de devolver al pueblo lo que es del pueblo.

Bibliografía:
Viudes, Luis Federico. Manuel de cantes, toques y bailes murcianos. Murcia: escuela de folklore del Ayuntamiento.
1989, 90 p.

Tomás García Martínez
Asociación Etnomurcia

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Metodología actual de enseñanza de bailes tradicionales

Partiendo de la base de que las personas que nos hemos dedicado a la enseñanza del baile tradicional somos autodidactas, es obvio que nos hemos basado en la experiencia acumulada a lo largo de los años, tanto en nuestra etapa de alumno como posteriormente en la de profesor, y en lo que se refiere a mi experiencia personal después de esta andadura he llegado a plantearme el siguiente dilema: “Saber bailar o saber bailes”.

No seria en ningún modo exagerado afirmar que el 90% de los bailarines que actualmente componen las diferentes agrupaciones se limitan a interpretar pasos copiados de los originales, sin animo de polemizar, faltaría a la realidad de la actual situación del baile tradicional, sino hiciera referencia a un sector de bailarines y agrupaciones que a esta copia del baile original añaden variaciones que solo buscan la espectacularidad de cara al posible espectador lógicamente profano en cuanto a la pureza del origen de nuestros bailes tradicionales, termino este comentario añadiendo que este sector al que me refiero es precisamente el que pretende erigirse en el abanderado de la cultura tradicional.

Lo que planteo es la búsqueda de un método para enseñar la composición de dichos bailes, siempre en el aspecto de la propia evolución natural de estas danzas, encuadrándolas en los ambientes festivos y espontáneos, dejando claro que en un grupo folklórico dedicado a la recuperación debe respetar exhaustivamente lo investigado, sin que haya cabida, a mi entender, en la evolución del baile en estos casos

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Por desgracia hoy en día veo con mucha pena y desilusion la carencia de conocimientos de los propios bailes que se realizan, es decir “se saben bailes que no bailar”, ejemplo de esto es la repetición incansable de los bailarines en cualquier reunión animada por música tradicional, de estas mudanzas, una y otra vez, sin haber observado por mi parte ninguna creación espontanea de mudanzas en los bastantes años dedicados a observar estos bailes, es decir se limita a mezclar mudanzas aprendidas durante la trayectoria de cualquier bailarín. Esta repetición me llevó a pensar hace unos años en la manera de encontrar un formato o método para la enseñanza de estas danzas el cual me ha dado buenos resultados y seguiré aplicándolo en los sucesivos grupos que lo soliciten, pues lo que pretendo es enseñar a bailar y no solo enseñar bailes.

El método en si, conlleva una explicación teórica sobres las estructuras generales de cada baile, pues no se puede saber bailar una pardica sin saber su estructura, acompañado de la escucha repetitiva de diferentes grabaciones, continuando con copiado de mudanzas sueltas y demostración de que en cualquier baile perfectamente estructurado, se puede realizar toda variedad de mudanzas, indistintamente la procedencia de cada una. Es decir, una jota es igual en estructura en Valencia, que en Murcia, que en Cuenca, Etc., excepto en algunas salvedades, pero lo importante es la globalidad de lo que se enseña. Después de esto y una vez conseguida la comprensión y normas generales de estos bailes se llega al intento de creación de mudanzas simples (de medio movimiento, validas para Jota, Seguidilla y Fandango) y dobles ( ¼ de movimiento, validas sobre todo para Fandangos).

Con los pocos conocimientos de pedagogía adquiridos por mi parte llegue a la conclusión de que el ritmo acertado para el orden de aprendizaje de estos bailes difiere según la banda de edad con la que trates en esta enseñanza, por ejemplo para un niño de edad comprendida entre 8 y los 13 años les resulta mas fácil asimilar como primer baile un Jota, puesto que dada la simplicidad de su composición le hace fácilmente entendible. Sin embargo a partir de esta edad y hasta la edad de fácil coordinación de movimientos el baile mas acertado para empezar suele ser la seguidilla, dado que la madurez mental de asimilación permite estructuras mas complicadas y a su vez se adelanta tiempo a la hora de enseñar Jota.

Para las dos bandas de edad la estructura mas complicada es el Fandango, que aunque tiene las mismas partes que una Jota los compases son de mas dificultad y opté por dejar este tipo de baile para personas ya experimentadas tanto en Seguidillas como Jotas, me centro en estos tres tipos por ser los mas característicos y conocidos de los bailes tradicionales en toda España.

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Siguiendo este método o formato de enseñanza bastante simple, se podría empezar a cambiar la cultura existente en la totalidad de grupos a la hora de formar futuros bailarines tanto para agrupaciones, como para personas interesadas en aprender bailes tradicionales, con lo cual se lograría un conocimiento de la materia que se está enseñando y no solo memorizaríamos unas mudanzas, que es lo que se realiza actualmente, con lo que la evolución natural de estos bailes no se quedaría estancado.

El gran problema de todo esto es, como comenté al principio, que no existe una escuela oficial para formar profesorado de baile tradicional, aunque se intentó hace unos años con la creación de la Escuela Bolera Municipal, aunque esta misma terminó por los mismos derroteros que una agrupación normal, es decir la enseñanza seguía transmitiéndose por el método de copiado de mudanzas, sin enseñar estructuras, ritmos ni ningún tipo de conocimiento para la creación y evolución de nuevas mudanzas perfectamente estructuradas, por lo que llegamos al día de hoy realizando las mismas mudanzas que se hacían tiempo atrás, pero para eso ya están las diferentes agrupaciones que recopilan y posteriormente representan estos bailes antiguos.


El motivo de apostar por la evolución de estas mudanzas de baile tradicional, al igual que en la música ya se ha hecho con las diferentes tonalidades, variaciones y creación de nuevas melodías de cantes, es el no caer en la monotonía actual que se observa en la mayoría de bailarines empezando por mi, dado que la repetición sin descanso de estas mudanzas cansa tanto al que la ve como al que las realiza.

Miguel Ángel Montesinos Sánchez
I Jornadas sobre Etnografía Regional
Guadalupe, Murcia. 11/11/2000.

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Panorama de los grupos folklóricos

El panorama de la nueva música tradicional en Murcia parece que está cambiando. Hace algunos años, unos cuantos grupos renovadores decidieron afrontar un proceso de evolución desde la fórmula clásica de los llamados Coros y Danzas, buscando aproximarse más a las esencias de la música tradicional, pero con hechuras más modernas, propias de ambientes urbanos.

En la actualidad, vemos cómo el empuje de la idea inicial de esos grupos ha decrecido. ¿Qué es lo que sucede?. Posiblemente los factores a considerar serán muchos, pero es probable que incida el simple declive del ímpetu primigenio de los responsables de esos grupos, que no ha tenido continuidad (es frecuente que la iniciativa suela depender de muy pocas personas).

También tendríamos que analizar la conexión de esos grupos con sus entornos sociales, ya que es difícil mantenerse activos mucho tiempo si los ambientes sociales no cooperan. Pero además, y paradójicamente, cabe la posibilidad de que exista una aproximación (consciente o inconsciente) a lo que a sido la fórmula habitual de organización de las cuadrillas, tradicionalmente con normas de funcionamiento bastante menos reglamentadas que la agrupación en formaciones más o menos estables que existen en la actualidad.

Esta situación suele dificultar las labores de investigación y de organización, y se presta más a la fiesta esporádica, menos planificada. En este sentido, los aires de la música tradicional parece que corren en la dirección de solicitar más fiesta y menos exhibiciones. Para ello no hay más que ver la creciente demanda que tienen los grupos más festivos y que fomentan la participación frente a los que habitualmente practican más la demostración que la fiesta. ¿Es moda pasajera o es síntoma de que los tiempos están cambiando una vez más?. Estaremos al tanto para comprobarlo.

 

Manolo Sánchez
Antropologo e Historiador.

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Meteorología tradicional "La Cabañuelas"

Existen en la Huerta de Murcia varias supersticiones respecto al pronostico del tiempo, una de ellas son las famosas "Cabañuelas", muy arraigadas en la conciencia popular y que desde tiempos pasados han estado en la memoria de nuestros mayores cada vez que llegaba el primero de agosto.

Los doce primeros días de agosto correspondes a los doce meses del año y los segundos corresponde también a los doce meses pero a la inversa empezando por julio.

Cuadro de las "Cabañuelas"

Primera Vuelta (Cabañuelas de Ida)

1 agosto
2 septiembre
3 octubre
4 noviembre
5 diciembre
6 enero
7 febrero
8 marzo
9 abril
10 mayo
11 junio
12 julio


Segunda Vuelta (Cabañuelas de Retorno)

13 julio
14 junio
15 mayo
16 abril
17 marzo
18 febrero
19 enero
20 diciembre
21 noviembre
22 octubre
23 septiembre
24 agosto

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Nota: Los números que aparecen son los días del mes de agosto, es decir la primera vuelta va desde el 1 de agosto hasta el 12 de agosto y la segunda vuelta va desde el 13 de agosto hasta el 24 de agosto. Por lo tanto un ejemplo es que el próximo viernes 1 de agosto es la cabañuela del mes de agosto, el 2 de agosto es la cabañuela del mes de septiembre…

El tiempo que haga cada día por la mañana o por la tarde de cada "Cabañuela" marcara lo que predomine la primera o segunda quincena de cada mes, bien siendo frío o calor, viento o poco viento, nublado o soleado…

Para saber que mes del año lloverá hay muchas formas de saberlo acompañados de ritos y supersticiones:

1.- Se cortan doce cascos de cebolla poniéndole el nombre de un mes a cada uno de los cascos y se llenan de sal, al día siguiente, en el que este disuelta la sal, es señal inequívoca de que lloverá ese mes.

2.- Si cantan los gallos antes de las doce, tardará en llover tantos días como horas falten para las doce y si las veces que canta el gallo no son pares no llueve.


Tomás García
Asociación Etnomurcia

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Auto de los Reyes Magos en Guadalupe

El Auto de los Reyes es una representación teatral que actualmente se representa en diversas pedanías de nuestra Región cada 6 de Enero. De argumento sencillo e ingenuo, glosa el relato evangélico de cómo los Reyes Magos guiados por una estrella, unidos emprenden juntos un viaje con el propósito de adorar al niño Dios recién nacido y ofrecerle presentes de oro, incienso y mirra. Está considerado como uno de las obras más antiguas escritas, datándose del siglo XVIII. Esta obra de teatro popular consta de ciento cuarenta y siete versos de distinta métrica. Del mismo modo se le atribuyen diversos nombres y denominaciones: Reyes y Pastores, Auto de los Reyes Magos, Adoración del Niño, Auto de Navidad... etc.

Gracias a la información documental el Auto Reyes en Guadalupe se puede dividir en cuatro etapas a lo largo de su historia:

1ª Mediados del siglo XIX – principios del XX.
2ª Paréntesis durante la Guerra Civil Española (1936-1939).
3ª Postguerra.
4ª Años 50 y 60 hasta nuestros días.

Los Reyes en Guadalupe se remontan a mediados del siglo XIX, hay escasa documentación, pero tenemos constancia de personas mayores como Josefa Ruiz que en su juventud representaron el Auto de los Reyes Magos y a su vez a ella le comentaron la existencia de esta obra en tiempos pasados. Aquella época era la de los años 20, siendo los actores más significativos que representaban los reyes eran entre otros:

  • Demonio: Ángel “Del estanco”, Herodes: El Pepirro, Rebeca: Josefa Ruiz, Jusepe: Patricio, Centurión: “El padre de las Misinas”.


Actores del Auto de Reyes de Guadalupe (1960)

Para hacer prueba de la existencia del Auto de Reyes en el pueblo de Guadalupe a finales del siglo XIX, una nota de presa del Diario de Murcia del 5 de enero de 1896:

“Se celebrarán mañana los Reyes y por la noche habrá función de pastores en el teatro, asistiendo una banda de música popular”.

Por los años 20 concretamente los reyes se representaron en la puerta de Pedro Juan “El padre de Mariano”. Como detalle final de esta época y como característica común en todas las épocas, una vez concluida la obra se “pedía al publico” dinero para la iglesia y celebraciones de fiestas patronales.

Después tras la Guerra Civil Española (1936-1939) en la postguerra se reanudaron otra vez, pero esta época fue escasa y corta como consecuencia de la penuria que había en el pueblo de Guadalupe (hambre, crisis, familias destrozadas. Etc.). Tras unos años malos el pueblo poco a poco se fue recuperando de la crisis y por los años 50 la representación de los reyes volvió a tener importancia. Algunos de los personajes de esa época eran: La Conchita “Del horno” con el papel de Rebeca. En 1961 comienza la última etapa de los Reyes y probablemente la que más fuerza ha tenido, en ella el tío Pepe “El Sastre” con un grupo de jóvenes de la época empezó a representar el auto de los Reyes Magos con el fin de recaudar fondos para la iglesia. Este era el fin común que había en todos los pueblos “recaudar dinero para la iglesia y la realización de las fiestas a la virgen”. De los distintos grupos que han hecho la representación del auto de los reyes en Guadalupe el más completo en su interpretación ha sido el último grupo, que todavía sigue representando la obra espontáneamente. Los personajes eran representados por vecinos del pueblo de las más variadas profesiones u oficios.

En este último periodo el de los años sesenta fue recogido el libro del Auto de Reyes Magos por el tío Pepe “El Sastre” y un grupo de amigos que un día decidieron ir a Javalí Nuevo y el cura les proporcionó el libro. Este libro contaba con una gran variedad de personajes y tras una decisión del director y los actores se decidió de acortar la obra quitando alguno de los personajes: (tres doctores, Herodías, pastores) ya que la obra original era de una duración excesiva.

Los lugares donde se representaban los reyes eran, la plaza de la iglesia, Cinema Delicias, Plaza de Antonete o Plaza Mayor y Colegio de Guadalupe entre otros.

Tomás García
Asociación Etnomurcia

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 Patrimonio Musical en la Huerta de Murcia: una breve reseña

Elaborado por D. Francisco José Morales Nicolás, Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Murcia, y socio fundador de las asociaciones "Grupo Folklórico Aljufía" y "Etnomurcia - Socidad para el estudio y divulgación de la cultura tradicional", para las Iª jornadas de Etnografía Regional organizada por la "Peña Huertana Alfatego".

Guadalupe - Murcia, a 11 de Noviembre de 2000

Creo sinceramente que existen aspectos músico folclóricos de nuestra cultura tradicional que se han transmitido de generación en generación, y que actualmente han sido "olvidados" por la gran mayoría de los colectivos que se dedican a labores etnográficas. Estos grupos, en la práctica, han organizado rondallas, coros, y cuerpos de baile, en pro de una mayor vistosidad. Así, el toque, el cante y el baile, como expresión lúdica y participativa del pueblo, se transfor¬ma en un espectáculo de más o menos calidad, dependiendo de las características de cada grupo. Con ello se han perdido aspectos como la espontaneidad en el baile, el aire popular de la música, la improvisación en el cante, etc., aspectos todos ellos inherentes a estos rituales.

En relación con lo anterior, habría que tener siempre presente que una pieza de música o de baile, sólo fue así en el momento en el que nos fue transmitida, y que nosotros, como espectadores de estas manifestaciones “rescatadoras”, deberíamos centrar nuestra atención en el trasfondo de los temas, en su componente humano si cabe, mas que el la forma en que se presentan ante nuestros ojos.

Música tradicional del sureste

Nuestra zona de trabajo comprende las comarcas de Alicante, Albacete, Almería, Granada y Jaén, que lindan con la Región de Murcia y ésta en su totalidad. Para una mejor comprensión de nuestro trabajo, hemos dividido todo nuestro campo de estudio en comarcas ateniéndonos a criterios puramente geográficos, aunque sin duda, a veces se aprecian unas características significativas dentro de cada comarca que la diferencian de las otras.

Dentro de cada comarca, hemos prestado atención únicamente a aquellas zonas donde nuestras tradiciones han quedado en el olvido, dejando a un lado aquellas donde el ritual sigue vivo gracias a la existencia de cuadrillas de músicos, que mantienen viva la tradición heredada de sus antepasados.

Siguiendo la línea trazada por antropólogos y folcloristas más especializados que nosotros en el tema, y que fácilmente es contrastable con las prácticas que todavía realizan las cuadrillas, expondremos a continuación un pequeño esquéma que sirva de resumen de las distintas manifestaciones del folclore en cuanto a música y baile se refiere:

1. Bailes "sueltos"

Son sueltos aquellos bailes en los que no se requiere coger a la pareja. Actualmente las cuadrillas mantienen un repertorio más extenso en este apartado. En cualquier baile suelto, se puede apreciar que:

  • La música de baile suelto no es una canción, el cantante tiene libertad interpretativa, no canta siempre las mismas coplas ni en el mismo orden.
  • El bailaor sigue a la mujer, marcando ésta las mudanzas que se le antojan, e intentando "liarlo" o "engañarlo" a veces.
  • Nunca hay un número determinado de coplas para cantar ni de mudanzas a bailar. Las parejas entran o salen del baile a su antojo, sin mediar ningún tipo de formación a la hora de colocarse en el baile.
  • Nadie baila, toca o canta igual, hay una marca personal en las evoluciones, pero siempre respetando la estructura básica, lo que nos permite contemplar un espectáculo variado.
 

Dentro de la música para baile suelto podemos encontrar: jotas, seguidillas (parrandas o pardicas, sevillanas, poblatas, manchegas, etc.), y fandangos o malagueñas (en sus diferentes estilos).

Aparte de su denominación genérica, la música para baile suelto recibe nombres específicos, que en la mayoría de las ocasiones son debidos al acorde por el que se tocan en la guitarra, así por ejemplo las malagueñas se llaman "de arriba" o "mayor" cuando se tocan en tono de Mi, "de abajo" o de "Juan Breva""cuando se tocan en Fa sostenido, "Cifras" cuando se tocan en Si séptima y "tangos" o "rondeñas" cuando se tocan en La.
Las jotas y parrandas se denominan "de arriba" cuando se tocan en La, y "de abajo" cuando se tocan en Re.

 

2. Bailes "agarraos"

Se caracterizan porque hay que coger a la pareja. Están menos extendidos en la actualidad que los bailes sueltos, aunque casi todas las cuadrillas conservan alguno en su repertorio. Se introdujeron a mediados del S.XIX en ambientes cortesanos, procediendo de los bailes de moda centroeuropeos. Podemos encontrar: valses, mazurcas, polkas, pasodobles, etc.

3. También podemos encontramos con temas musicales no bailables, sobre todo de carácter navideño, como aguilandos, pasacalles, marchas, toques de misa, etc.

4. No debemos olvidar tampoco la existencia de manifestaciones que no van acompañadas de música alguna, tales como cantos de trabajo (de siega, de trilla, etc.), romances, juegos (adagios, jerigonzas, etc.),..

LA VEGA MEDIA DEL SEGURA

La comarca de la Vega Media, ocupa el centro vital de la región. En ella confluyen dos valles, el del Segura que viene del N., y el de su afluente el Guadalentín, que llega con dirección NO-NE; a partir de aquí, la depresión se ensancha y el Segura circula por ella lentamente, dando vida a unas feraces huertas, que, sin interrupción, se suceden ya hasta su desembocadura. Es la comarca con mayor peso demográfico. El papel central de la comarca, está subrayado por su carácter de cruce de caminos y por el hecho de encontrarse aquí la capital regional.

En la comarca de la Vega Media agrupamos a los municipios de Murcia, Alcantarilla, Beniel, Fortuna, Abanilla y Santomera. En realidad, el límite meridional debería situarse en las sierras prelitorales, puesto que el extremo S. del municipio de Murcia, forma parte desde el punto de vista geográfico del Campo de Cartagena. Los pequeños municipios de Alcantarilla, Beniel y Santomera, no son más que enclaves en el extenso término de la capital y están localizados en el centro del valle; por lo tanto comparten todas sus características. Fortuna y Abanilla presentan caracteres geográficos ciertamente distintos, pero su posición excéntrica y las sierras que las aíslan por el norte, no permiten incluirlos ni en la Vega Alta, ni en el Altiplano, sin embargo, la expansión de los regadíos en estos municipios a través del Campo de Matanza no sólo con aguas subterráneas, sino también con aguas sobrantes de la Vega Media, da pié para integrarlos en la comarca de la Vega Media, cuya personalidad se funda precisamente en sus regadíos.

 

MÚSICA TRADICIONAL DE LA VEGA MEDIA

La música que tradicionalmente se ha practicado en la Vega Media, no se diferencia en sus rasgos más significativos de las "reglas" que rigen la música tradicional del Sureste, pero sí podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que existen unos rasgos identificativos que la pueden diferenciar en la actualidad de otras comarcas, y que pasaremos a analizar:

  1. Se han dejado de bailar y de tocar seguidillas. Esta práctica cayó en desuso en el S. XIX, no habiendo recogido ningún testimonio o datos que confirmen la práctica de este baile desde principios del S.XX.
  2. Sólo encontramos en la actualidad malagueñas tocadas "por arriba" y "por abajo", así como un predominio de las jotas tocadas "por arriba" lo que nos indica junto con la ausencia de seguidillas, la existencia de un deterioro de la riqueza musical, prematuro al sufrido por otras comarcas.
 

La evolución de las cuadrillas de música en la Vega Media, también difiere de la habida en otros lugares, debido a que el proceso industrializador llegó antes a las zonas colindantes a la capital que a los pueblos alejados de la misma. Junto a ello, la Guerra Civil supuso un paréntesis (que para algunas cuadrillas fue definitivo) en los rituales de estos grupos, que quedaron tras ella mermados considerablemente. Por último, las pocas cuadrillas que pudieron continuar, se vieron directa o indirectamente afectadas por las pautas marcadas por el movimiento de Sección Femenina y Educación y Descanso, que trajo conceptos muy apropiados para la línea que debe seguir un grupo de "Coros y Danzas" pero no para representar ciertos aspectos de la cultura tradicional dentro del contexto adecuado. Lamentablemente estas pautas fueron rápidamente asimiladas por las cuadrillas, debido a su mayor espectacularidad y vistosidad. Esto supuso el final de la evolución natural de estos grupos de música tradicional, y aún hoy en día las pocas cuadrillas que existen se siguen viendo afectadas del mismo modo por los grupos que continúan con la línea marcada por dicho movimiento.

Los instrumentos que han utilizado las cuadrillas de músicos en la Vega Media no se diferencian en la práctica de los utilizados por otras cuadrillas, por lo que nos encontramos con: guitarra de seis cuerdas (como instrumento principal), violín, guitarro, laúd, bandurria, pandereta, etc. Podemos mencionar la incorporación del acordeón ya en este siglo por alguno de estos grupos de música.

Asimismo hemos vivido un proceso de desaparición del uso del violín y en menor medida del laúd, que han ido perdiendo importancia en gran medida debido a la aparición de “escuelas quitarreras y bandurristas”, cuya proliferación sería tema a tratar a parte.

El guitarro dejó de "puntearse" (de ser instrumento melódico) y pasó a un segundo plano acompañando a la guitarra (tocándose mediante acordes) a mediados del S.XIX, para desaparecer totalmente a comienzos del S.XX, como así nos indican nuestros informantes, que también nos aseguran que el guitarro utilizado comúnmente en esta zona era el de cinco cuerdas.
Los platillos, un instrumento de percusión muy utilizado en todo el sureste, no están sin embargo presentes entre los músicos de la Vega Media, siendo el instrumento de percusión más importante sin duda alguna la pandereta.

Por último, decir que las postizas que utilizaban los bailaores, han evolucionado tanto en su forma, ya que tradicionalmente abundaba un tipo de postizas más pequeño que el actual y con forma de corazón, como en la manera de tocarse, siendo sustituido el denominado "medio toque" por un toque mucho más adornado.

 

Dentro de la Vega Media, el trabajo ha sido desarrollado en una zona que comprende las pedanías de La Albatalía, El Ranero, La Arboleja y Guadalupe, principalmente. Con él, pretendemos contribuir a que la cultura tradicional de esta zona, en su faceta musical (cante e instrumentos), no caiga en el olvido, representándola en su versión más tradicional, es decir, sin introducir elementos ajenos a la tradición popular. Dentro de la música de baile suelto, las piezas que hemos aprendido pertenecieron al repertorio de un grupo de músicos que, de manera esporádica, se juntaban después de la Guerra Civil en romerías, matanzas, bailes, etc., y que como nos ha confirmado alguno de estos músicos, dichas piezas eran interpretadas anteriormente por los músicos de las Cuadrillas de Hermandades de Ánimas y del Rosario, que funcionaban en la zona desde antes de comienzos del S.XX, y que desaparecieron con el inicio de la Guerra Civil.

La jota que nos han enseñado, se tocaba únicamente por el tono de LaM (por arriba), pudiendo variar la melodía cuando "entraba" el cantaor en una octava (tocarla más alta o más baja), quedando esto último a elección del violín, laúd, etc... . Esto también sucedía al tocar el aguilando. Algún informante nos recuerda, lo habitual que era que se dieran golpes en la caja de la guitarra durante la ejecución de la jota, para acentuar el ritmo de la misma. En esta zona, la jota gozaba de una gran popularidad, siendo normal la participación masiva de parejas en el baile, así como de cantaores que se altemaban en las coplas.

Al contrario que en la jota, la malagueña era un baile ya en declive a principios de S. XX, posiblemente debido a la influencia de otras modas como los bailes "agarraos", que calaron profundamente entre la juventud de la época. Este hecho provocó, entre otras cosas, que sólo personas de cierta edad la continuaran bailando, habiendo incluso fiestas donde no se bailaban malagueñas por no haber nadie que las supiera. También provocó que con el tiempo, se modificara su estructura, debido a que los cantaores no estaban ya obligados a guardar los tiempos necesarios para "casar" el baile con la música (aunque esto es sólo una hipótesis). Por esta razón pensamos, se perdió la costumbre de golpear la guitarra en las malagueñas, ya que al no seguir el cantaor una estructura fija, no se podía acoplar ningún ritmo de golpeo determinado. Las dos malagueñas que hemos aprendido se tocan, como es característico en la Vega Media, por Mi mayor y por Fa sostenido, y de ahí sus nombres ("de arriba" y "de abajo" respectivamente), los cuales no atienden a otro tipo de especulaciones.

Siguiendo con el repertorio de las antiguas Cuadrillas de Hermandades, debemos mencionar el aguilando, que se tocaba sólo en la época navideña, tanto en "misas de gozo", con un carácter religioso, como por las calles, con carácter festivo y petitorio, teniendo en todo momento el "guión" de la cuadrilla, que trovar o improvisar las coplas. El aguilando que hemos aprendido se toca por el tono de Do mayor. Debido a este carácter profano o callejero (el que se recoge en la grabación), se sumaban improvisados instrumentos de percusión a la Cuadrilla, como la castañeta (caña rajada por uno de sus extremos), la botella de anís, etc., a los habituales, pandereta y triángulo (o hierro). Para mayor sonoridad, a veces, se le colocaban a la pandereta sonajas o cascabeles, y una postiza en su interior, como es el caso de nuestro informante.

Como señalamos anteriormente, las piezas "agarras" tuvieron tanta popularidad, que en los bailes superaban en número de peticiones a jotas o malagueñas. Estas piezas podían pertenecer al repertorio individual de un músico (como es el caso del vals que representamos, denominado por su autor "Vals Fuensanta"), o ser aprendidas de los gramófonos o maestros de la época, para incorporarlas al repertorio de las cuadrillas (por ejemplo el "España Cañí", "Mazurca en Re", etc.). Sin duda alguna, los agarraos más bailados en el primer cuarto de siglo en nuestra zona eran: el pasodoble, la mazurca y el vals.

No todo en estos bailes o reuniones era baile suelto o agarrao. A veces para "romper el hielo" inicial, los asistentes participaban en una especie de juego denominado "Jerigonzas del Fraile", que sabemos están presentes en la cultura tradicional de casi toda la península. Consistía en que los participantes, formaban corro a cuyo centro debían ir saliendo uno a uno, moviéndose al son de las palmas que hacían los demás, y siguiendo las indicaciones que se citaban en la copla, acabando la mayoría de las ocasiones cuando todos hubieran salido.

A veces, en estos bailes y en reuniones más intimas, se contaba con la presencia de personas, que cantaban las malagueñas "punteás". Esta práctica actualmente desaparecida, era muy común a principios del S. XX, sobre todo entre las mujeres, como nos indican nuestros informantes. La Malagueña "puntea", tiene una estructura similar a una malagueña cualquiera, con la salvedad de que no se bailaba, y como su nombre nos indica, se tocaba punteando las cuerdas de la guitarra. La forma de cantarla es parecida a un fandango flamenco, lo que nos hace pensar que su origen se deba a la popularidad que el cante flamenco tenía en la época.

Como caso aislado, encontramos en la pedanía de El Ranero, una pieza que nuestros informantes aprendieron en el pueblo de Baños de Mula, conocida como "La Gitanilla", en la que un hombre y una mujer escenifican una conversación, en la que una gitana le dice la buenaventura a un gitano.

También nos ha parecido oportuno incluir en esta grabación, uno de los muchos romances que por entonces los mozos cantaban en romerías, rondas o después de unos cuantos "chatos" de vino en una taberna. Este en concreto lo denomina nuestro informante "Romance de romería rondeña", y era bastante conocido entre la mocedad de la época.

Por la misma razón, mostramos algunas coplas de los cantos efectuados por los campesinos, concretamente en las labores de siega y trilla, aunque más tarde, estos salieron del contexto de la faena agrícola para efectuarse en reuniones, con el consiguiente lucimiento personal del cantaor. Las muestras grabadas se diferencian en la melodía, aunque lo más común era que el campesino o huertano las cantara de la misma forma, diferenciándose entonces por el contenido de la copla, o por el momento en el que se realizaban (en la faena de trilla o de siega).

Bibliografía

  • Luna Samperio, Manuel: "Las Cuadrillas de Murcia". Ed. Empresa Pública Regional Murcia 92 S.A.
  • López Bermúdez, Fco., Calvo García-Tomel, F., Morales Gil, A.: "Geografía de la Región de Murcia". Editorial Ketres. Murcia, 1986
  • Grupo Folklórico "Aljufía": "Música tradicional del sureste - Vol.2". Pr. Sonido 2000 S.L., Murcia, 1994.

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El Belén de Francisco Salzillo

CADENA SER:
Programa La Excursión.
Fecha: Jueves, 9 de diciembre de 2004.

Ahora con la llegada de la Navidad comenzamos a engalanar nuestros hogares con luces, objetos y motivos propios de estas fechas.

Uno de esos motivos propios de la Navidad es El Belén, que se convierte por su montaje o por sus figuras en una especial obra de arte.

Por ello en esta ocasión vamos a hablar de un belén que lo podemos disfrutar durante todo el año y es una joya del barroco, hablamos de El Belén que realizó Francisco Salzillo.

  • Aunque sea conocido por todos,
    gracias a este escultor, la Ciudad de Murcia tiene uno de los belenes más importantes de cuantos se pueden contemplar en España, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2002.
     

  • Pero vamos a situar la labor del artista:
    Francisco Salzillo y Alcaraz
    , nació en Murcia en el 1707 y murió en 1783.
    Su obra se ve influenciada por la gracia italiana y el dramatismo hispánico.
    (Su carrera artística: 1727- 1783+)
    Ya que se formó trabajando en el taller de imaginería junto a su padre, el que después heredaría.
    Su padre, Nicolás Salzillo, escultor de origen napolitano que se afincó en Murcia a finales del siglo XVII, que además, trabajó junto a otro ilustre escultor Nicolás de Bussi que se formó en la Escuela de Bernini, en Roma.
     

  • El origen de los belenes.
    En la España del siglo XVI, hay noticias de belenes que se colocaban en los días de Navidad.
    Y también tenemos noticias de una tradición belenística en Murcia desde siglo XVII que incluso se dejaban montados todo el año.
    Pero evidentemente esta costumbre tuvo especial desarrollo en Nápoles, y el gran impulsor de belenes fue Carlos III, que cambió en España alguna de las costumbres tradicionales.
    Se debe introducir un dato histórico; las relaciones de España e Italia se vieron en todo momento favorecidas por el dominio territorial español tanto en Nápoles como en Sicilia.
     

  • El “presepe” napolitano.
    Utiliza el texto evangélico del Nacimiento de Jesús, para enmarcar la agitada vida urbana y la variedad de gentes que poblaron la ciudad de Nápoles.
    Como se puede ver en El Belén = presepe del Palacio Real de Nápoles, las figuras son de vestir: van ricamente ataviadas con trajes de opulentas telas como terciopelos rojos. Dicho belén fue realizado por iniciativa del monarca Carlos III.

El Belén de Salzillo

Salzillo continúa esta tradición napolitana, aunque introduciendo ciertas diferencias por ejemplo la representación de la temática campesina.

Se constituyó una nueva moda; la de introducir El Belén en el ámbito doméstico.

Esta circunstancia animó a muchos nobles a imitar la costumbre regia, con el posicionamiento social de nuevos mecenas, configurándose El Belén como un objeto suntuoso y festivo.

  • Realización (1776-1783)
    El Belén fue realizado en la etapa de madurez del artista, siendo la fecha de iniciación el año 1776 hasta la muerte del escultor (1783+), tardó siete años en hacer las escenas principales y fue terminado por sus discípulos (Roque López).

  • Encargo
    Se realizó por el encargo del noble murciano Jesualdo Riquelme y Fontes, por eso también es llamado El Belén, como Colección Riquelme. Siempre había permanecido en su domicilio familiar y había sido transmitido por herencia junto al edificio que lo custodiaba.

  • Piezas:
    Según el inventario realizado en 1897 por Javier Fuentes y Ponte hay un total de 556 piezas grandes, pero se debe incluir las figuras de los animales y de las estructuras arquitectónicas, correspondiéndose casi con las mismas figuras que hay en la actualidad.

  • Compra por el Museo Provincial de Bellas Artes de Murcia.
    El Belén sufrió un intento de ser vendido por los herederos al Museo Arqueológico Nacional en Madrid, pero que en 1915 volvió a la ciudad de Murcia tras ser comprado por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.
    Siendo expuesto en las Salas del Museo de la Trinidad en 1915.
    Ya 1956 se expuso en las Salas del Museo Salzillo, que es donde hoy lo podemos contemplar.

  • Temas.
    El Belén tiene la condición de narrar los acontecimientos anteriores y posteriores al Nacimiento que es el tema principal, es una fusión de los Evangelios de San Mateo y San Lucas.
    Estos corresponderían a las escenas principales como: Anunciación, (Sueño de San José, Visitación, Posada, Anuncio a los pastores,) Nacimiento, Reyes Magos, (Camino al Templo, Huída a Egipto).
    Las escenas populares que son quizás por lo que la población se vea identificada y más le guste admirar, porque retrata el ambiente popular y doméstico, muchos dicen el ambiente de la huerta murciana.
    De todas formas retrata la vida campesina de la España del siglo XVIII. Por ello hay un elevado número de pastores, músicos ambulantes; como la conocida figura del Músico Ciego con lazarillo y perro, que toca uno de los instrumentos propios del siglo XVIII; la zanfona. O Anciana con Cesta de Huevos.

  • Ambientación.
    Todas las escenas se producen al aire libre.
    Se percibe la dualidad antes descrita en las arquitecturas, donde se representan los modelos de vivienda popular murciana.
    Y por otro lado, el Palacio de Herodes, que es una advocación al Palacio Real de Madrid o incluso el de Nápoles.

    También tenemos un recuerdo a la fiesta barroca, en donde algunos personajes como los conocidos palafreneros lucen ricos trajes o por ejemplo la Guardia de Herodes llevan sombreros emplumados, otra vez el anacronismo en los ropajes, perdiéndose la aproximación en la representación de la árida Palestina.

  • Técnica
    Para terminar sólo queda comentar la técnica utilizada en la realización de El Belén:
    Siendo figuras de barro cocido o sin cocer, que se mezclan en su realización con maderas, encolados, cartón o textiles con una policromía para las carnaciones y en muchos de los vestidos utiliza la técnica del estofado, que se encola el pan de oro y con el cincel se van haciendo los dibujos deseados en las figuras.

  • Restauración 1996-1997
    Para concluir hay que decir que El Belén se restauró en los años 1996/ 1997 y que el Nacimiento estuvo expuesto en una Exposiciones a Nivel Internacional tanto en Bruselas como en Roma.

  • Visita El Belén
    Y ahora se puede visitar en el moderno y remodelado Museo Salzillo que está enclavado frente a la Plaza San Agustín donde también ser puede visitar los pasos procesionales del célebre escultor del rococó.

 

María Luján Ortega.

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LA RONDA DE MOTILLEJA

 MÚSICAS, CANTARES, GUITARROS Y BAILES

Por
Javier Cuéllar Tórtola

Músico folklorista

Presidente del Centro de Estudios de La Manchuela –C.E.M.-

 Motilleja (Albacete)

Agosto 2.000 - Octubre 2.003

 

 La cultura tradicional y popular es el conjunto
 de creaciones que emanan de una comunidad cultural,
fundadas en la tradición, expresadas por un grupo
 o por individuos que reconocidamente responden a las
expectativas de la comunidad en cuanto expresión de su
 identidad cultural y social; las normas y los valores
se transmiten oralmente, por imitación o de otras maneras.

 (UNESCO)

 Í N D I C E

La Ronda: Introducción conceptual.

Motilleja, pueblo de La Manchuela: Localización y territorio.

Rondas en Motilleja: Evolución histórica.

Músicas, cantares y bailes: El repertorio.

Guitarros, requintos y octavillas: Los instrumentos.

La Chicharra: Las Rondas “revientan cantando”.

Coplas, estribillos y despedidas: Los cantares.

La Ronda de Motilleja: Los Músicos.

  

LA RONDA DE MOTILLEJA

Músicas, cantares, guitarros y bailes.

Por Javier Cuellar Tórtola

Músico Folklorista

Presidente del Centro de Estudios de La Manchuela – C.E.M.-

La Ronda: Introducción conceptual

La Ronda de Motilleja es una de las pocas rondas tradicionales manchegas que mantienen viva la transmisión cultural generacional, tanto en el repertorio como en las formas de interpretar, tocar y cantar el mismo. En la actualidad, la Ronda cumple la función de utilizar este modo de expresión popular de la tradición motillejana para diversión de los propios músicos y de quien gusta de las músicas y bailes que interpretan. La Ronda de Motilleja está formada por músicos locales que han recogido el fruto de una tradición cultural festiva muy arraigada en esta población y que, con su actividad de hoy, realizan una meritoria labor de conservación, valorización y actualización de uno de los repertorios de la música tradicional más interesantes de la vasta región manchega y del sureste peninsular. La Ronda, una Ronda como tal, se podría definir como el grupo de músicos aficionados que tocan instrumentos populares y cantan temas de la tradición oral, propios del calendario festivo de cada pueblo, ya sean del ámbito privado o público, (aguilanderos, mayos, pasacalles, bailes, celebraciones varias, etc.). Este tipo de agrupación musical, aunque en algunos casos con matices diferenciadores, es conocida en otros lugares como Cuadrilla, en Murcia, Panda, en Málaga, Parranda, en Canarias, Colla, en Valencia, y Ronda en las comarcas manchegas, en Extremadura y en numerosas zonas de Castilla y Aragón, etc. La Ronda manchega se caracteriza por no ser un grupo organizado, no pertenecer a ninguna cofradía religiosa, ni participar en celebraciones rituales, generalmente. Por el contrario, es de creación espontánea e independiente, y basa su actividad en el mantenimiento del elemento musical en fechas determinadas del calendario cíclico festivo de cada comunidad rural, por un lado (las rondas de mayos y aguilandos son claro ejemplo de ello); y, por otro, en el uso de manera arbitraria del repertorio tradicional así como de la inclusión de nuevos ritmos que las modas imponen, en reuniones informales, familiares, de amigos, donde mantener el ambiente de fiesta y diversión es lo único importante, su razón de ser; o bien los músicos de la Ronda son contratados ad hoc para hacer los bailes de bodas, participar en murgas de Carnaval, realizar los bailes del domingo, etc. La Ronda no tiene una composición fija en número de componentes, puede estar formada por tres o cuatro músicos y llegar hasta una docena. Tradicionalmente los músicos siempre han sido hombres y todos eran considerados por igual salvo el director, cuando lo había, que era el encargado de decir lo que había que tocar, dónde, y cuándo, y era quien enseñaba las piezas nuevas, afinaba los instrumentos, daba las entradas y hacía los solos. Las Rondas usan instrumentos populares de cuerda propios de la zona (guitarra, bandurria, laúd, octavilla, guitarro, requinto, etc.); a veces utilizan instrumentos de la música culta popularizados y adaptados al repertorio de cada lugar (violín, acordeón, flauta, etc.) y también pueden acompañarse de instrumentos de percusión tradicionales (botella labrada, almirez, hierrecillos, panderetas, panderos, platillos, zambombas, etc.). Por tanto, podemos asegurar que la Ronda es un verdadero vehículo de transmisión cultural y herramienta de autoestima e identidad grupal.

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Motilleja, pueblo de La Manchuela: Localización y territorio.

 En la actualidad, Motilleja es un municipio fundamentalmente agrícola que cuenta con 600 habitantes aproximadamente y se encuentra situado al noreste de la provincia albacetense, a 25 Kms. de la ciudad de Albacete, en la comarca de La Manchuela. Es ésta una comarca compartida entre las provincias de Cuenca y Albacete que se define en un territorio común entre los ríos Júcar y Cabriel, y en la que las distintas civilizaciones antiguas de la Península dejaron su huella y un pasado esplendoroso a la vista de los numerosos vestigios conservados con el paso de los siglos: yacimientos de poblamientos ibéricos, restos de calzadas y villas romanas, fortalezas árabes, castillos medievales, iglesias, murallas, puertas blasonadas, etc. Viajar por la Manchuela supone descubrir y encontrar todo un interesante conjunto de elementos culturales y patrimoniales que la identifican como comarca y le otorgan su propia idiosincrasia, su razón de ser. Tal vez sea su situación geográfica, entre dos ríos, tal vez sea su amalgamado paisaje que transcurre entre hoces fluviales, pinares, planicies y altozanos, o quizás sea su historia común, tan ligada al pasado medieval del marquesado de Villena, o simplemente su vinculación con el entorno físico mismo en forma de territorio cultural campesino, agrario o rural, hacen de La Manchuela un espacio de altísimo interés histórico, natural y cultural.

Los rasgos humanos y sociales de esta comarca constituyen otra característica cultural importante y diferenciadora, puesta de manifiesto en un riquísimo calendario festivo donde los acontecimientos se suceden cíclicamente en cada uno de sus pueblos (fiestas patronales, mayos, carnavales, alardes de moros y cristianos, romerías, aguilandos, etc.)

Por otra parte, la fisonomía más tradicional de los pueblos de la Manchuela ha sufrido los indefectibles cambios provocados por la moderna construcción y el mayor nivel de vida, desapareciendo, en muchas ocasiones, una arquitectura tradicional y popular específica que, a pesar de todo, nos ha dejado algunos de sus elementos más característicos como son: las fachadas enjalbegadas, blancas, las rejas de forja, los tejados a una agua, el trazo urbanístico medieval en algunos casos, las edificaciones sociales e históricas (posadas, ventas, pósitos...), plazas y callejuelas, que todavía hoy le dan un magnífico sabor aromático de rancio abolengo a muchos rincones y esquinas de los pueblos manchuelos.

A la hora de comer, toda una amplia cultura gastronómica basada en los productos del terreno se descubre al paladar. Así, platos como el ajo arriero, mataero o atascaburras, cuyo principal ingrediente es la patata, los gazpachos, realizados con una torta de pan cenceño, los potajes de legumbres, las gachas, guisadas con harina de guijas, o la caldereta de cordero, pueden convertirse en suculentos manjares para cualquier comensal ávido de encontrar los nuevos y ricos sabores de estas tierras. Sin olvidarnos del champiñón como producto estelar y aglutinador de la comarca. Por otra parte, los vinos de la Manchuela son excelentes y de gran calidad, ya sean tintos, blancos o rosados, y son etiquetados cualitativamente bajo la denominación de origen Manchuela. Y los dulces, siendo los más populares las tortas de manteca, los sequillos, los rolletes de sartén y los mantecados de almendra, que se pueden encontrar en cualquier tahona de nuestros pueblos.

 El pueblo de Motilleja se encuentra a 650 metros sobre el nivel del mar en una pequeña elevación de la llanura manchuela, cercana, siquiera 2 Kms., al río Júcar. Muchas fueron las aldeas que en torno al río surgieron al amparo del núcleo urbano motillejano poblando la ribera del río. Los años 60 y 70 del pasado siglo produjeron el mayor descenso demográfico de la población, tanto en las aldeas del río (hoy todas desaparecidas) como en el pueblo propiamente dicho, debido a la emigración a las ciudades (Valencia, Barcelona, Albacete, y también a Francia) de cientos de personas en busca de nuevas oportunidades de vida y trabajo. El cambio tan importante de las faenas agrícolas que supuso la transformación en regadíos de las tierras de secano frenó la caída demográfica y estabilizó la población actual.

La iglesia parroquial es de estilo barroco y, con su gran torre, se impone en el llano motillejano. Se terminó de construir el año 1787 y mantiene su advocación a Santa Ana, patrona de la localidad. A los pies de la iglesia se encuentra la Plaza Mayor, pequeña y coqueta, de urbanismo cerrado y con un antiguo reloj de sol. Las calles de la población son largas y rectas de marcado carácter manchego.

La artesanía más destacada de Motilleja es el encaje de bolillos que elaboran con esmero muchas mujeres de la población, y las fiestas más importantes son: las patronales en honor a Santa Ana, en las últimas semanas de julio; San Isidro, patrón de los campesinos, el día 15 de mayo;  los mayos, con cantos populares en la iglesia y calles del pueblo, en la noche del 30 de abril; el período de la Navidad, con rondas de aguilandos por las casas del pueblo; y, por supuesto, el encuentro de rondas populares conocido con el nombre de La Chicharra, fiesta ésta previa a las fiestas de Santa Ana y a la que dedicaremos más espacio posteriormente.

Por último, cabe decir que el motor económico motillejano, como ya hemos dicho, lo constituye la agricultura de regadío, apoyada y promocionada con firmeza en las últimas décadas con el fin de consolidar y favorecer la estabilidad y la calidad de vida de todos los habitantes de este pueblo albacetense, manchuelo y manchego.  

 

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Rondas en Motilleja: Evolución histórica

Como otras muchas actividades cotidianas llevadas a cabo por el pueblo llano en cualquier ámbito, que no son documentadas ni reflejadas históricamente de ninguna manera, y, en nuestro caso, por tratarse de agrupaciones espontáneas de personas creadas para divertimento de ellas y de los demás, es difícil acertar con el origen cronológico de este tipo de agrupación musical, de esta forma de expresión popular surgida a través de la música, y conocida hoy, y ya en el siglo XIX y XX, con el nombre de Ronda. No nos cabe duda que, atendiendo a los orígenes de algunas de las piezas que conforman el repertorio tradicional de la música popular de Motilleja, es posible pensar que desde el siglo XVIII se toca, se canta y se baila en Motilleja y sus aldeas ribereñas con una clara y evidente transmisión generacional local de formas rítmicas, interpretativas, vocales, instrumentales y coreográficas.

La primera Ronda que podemos datar fielmente en Motilleja es la denominada Ronda de Pedro o Ronda de Perico Coronel que ya se hacía oir allá por el año 1917 por las calles del pueblo y que estaba compuesta por Pedro Ruipérez (voz y guitarra), José Cuesta (voz y guitarra), Juan José Leal (laúd), y Bernabé Cebrián (octavilla). Precisamente será éste último, Bernabé Cebrián, quien vaya enseñando el repertorio a nuevos músicos. Además, Bernabé Cebrián es el origen de una saga de músicos locales que sigue viva en la actualidad ya que su hijo Pascual, su nieto Antonio, y su bisnieto Enrique, son verdaderos continuadores de la tradición musical familiar y ejemplo vivo y diáfano de la transmisión generacional motillejana a la que ya nos hemos referido y aludido en varias ocasiones.

Aproximadamente en el año 1925 se creó una nueva Ronda propiciada por Bernabé Cebrián y Modesto Monteagudo. Son años en los que la música más tradicional comparte protagonismo con nuevas melodías que la moda imponía (pericones, mazurcas, valses, polcas, javas, pasodobles, etc.), lo que obligaba a la modernización del repertorio e incluso al cambio de nombre de Ronda por Banda, de tal forma que en esos años podemos hablar de la popular Banda de Modesto. Esta nueva agrupación estuvo formada por Modesto Monteagudo Alcañiz (guitarra), Amador Monteagudo Alcañiz (violín), Bernabé Cebrián (octavilla), Pascual Cebrián (voz y laúd), Damián Navarro (laúd) y Anita Cuesta (bandurria). Algunas veces, y si lo requería la ocasión, Modesto, que era quien contrataba las actuaciones, traía también algunos músicos de pueblos vecinos para apoyar y reforzar la Banda, como fueron un acordeonista de Tarazona de la Mancha o un guitarra de Valdeganga.

La guerra civil española de 1936 provocó la disolución de la Ronda e incluso la pérdida de alguno de sus miembros en la contienda. La crisis económica y social de los primeros años de posguerra obligó a las gentes de España entera a pensar más en llenar la barriga que en cantar o bailar. Con el paso de los años la vida se fue remontando y con ella los músicos volvieron a tener la ilusión por rondar y templar sus instrumentos pero un nuevo presente, ideológicamente dirigido por el poder político establecido, propiciaba la creación de grupos de coros y danzas (también después conocidos como de educación y descanso), así llamados por la Sección Femenina del Movimiento, organismo oficial que se puso al frente de este tinglado, con la intención de clasificar el folklore por provincias, recopilar músicas y bailes que, erróneamente en muchos casos, se dieron por muertos, y con el fin de estructurar todo el material recogido en simples exhibiciones de escenario y convertir ese “nuevo folklore” en un espectáculo oficial y oficializado transformando toques, cantares y bailes en ritmos simples, coplas censuradas y coreografías inventadas, es decir, se instauró un “folklore oficial” que, curiosamente, era bien distinto al tradicional. Mientras, los viejos músicos de la Ronda, de las Rondas, seguían tocando y echándose unas piezas con sus amigos y familiares, al amparo de un vaso de vino y una sartén de gachas, fieles a una tradición que en sus manos, en sus instrumentos y sus gargantas sí seguía viva, y las gentes que siempre habían bailado con sus pasos de jota, de fandango o de seguidilla, continuaban haciéndolo, de manera natural, sin necesidad de colocar los brazos de una manera u otra, o cambiar de pareja en el sexto o noveno compás, o disfrazarse con un absurdo y falso refajo “típico”. Como consecuencia de esta desgraciada política cultural se unificó y “uniformó” todo el folklore y se metió en un mismo saco músicas y bailes para mayor gloria nacional y, además, sólo fue legítimo durante muchos años tocar y bailar en grupos de coros y danzas, que respondían a idénticos criterios y a una única forma de ver y entender el folklore musical y coreográfico, lo que supuso una pérdida irremediable de no sólo buena parte del repertorio más tradicional, sino de fuentes de información, de formas de interpretación, metodologías de enseñanza, peculiaridades artísticas, y singularidades de actuación musical, vocal y coreográfica que habían transmitido las generaciones precedentes. Las manifestaciones vivas de la cultura tradicional campesina, como las Rondas, van a ser olvidadas de manera intencionada por los medios de comunicación del régimen, incluso por una inducida y apática sociedad, difundiéndose exclusivamente el “folklore oficial”, “el folklore verdadero”.

Lo cierto es que en Motilleja los músicos locales, “a su chini chana”, siguieron tocando, sobre todo en los mayos, en Santa Ana y en el Cristo, y enseñando las piezas más antiguas de la tradición, “las de siempre”, las denominadas “de baile suelto”, a los más jóvenes, junto a los temas más innovadores o modernos llamados “de baile agarrao”, a pesar del empuje de la modernidad, imparable, que imponía los bailes de gramola y tocadiscos, con más posibilidades de variedad de piezas, frente a los músicos locales de la Ronda quienes debían constantemente ponerse al día y actualizar su repertorio incluyendo siempre nuevas piezas de baile para poder competir con aquéllos.

Durante los años 50 destacan dos grupos de músicos, dos Rondas, que hacían los dos bailes del domingo en Motilleja: el baile del cupo forzoso y el baile de la penicilina. Tal vez influidos por herencia de la penosa guerra que les tocó sufrir, los dos bailes se convirtieron en una “trinca” absurda que provocó un distanciamiento enorme entre vecinos y hasta entre miembros de una misma familia ya que un baile era considerado como de “los ricos” (de derechas) y el otro como de “los pobres” (de izquierdas), y los que iban a uno no iban al otro y viceversa.

En la década de los años 60 del siglo XX se perdió casi por completo la organización de los bailes de los domingos y festivos por parte de la Ronda o Rondas. Poco a poco la música más tradicional, la más nuestra, la más popular, se iba arrinconando y las gentes comenzaban incluso a no pedirla por considerarla agotada, caduca y fuera de moda. La modernidad mal entendida, la influencia de la radio, con sus coplas o canciones españolas y programas de discos dedicados, junto a la incipiente televisión empezaban a hacer mella y herir de muerte a los músicos tradicionales quienes, en un arrebato de amor a lo aprendido de sus mayores, continuaban tocando y enseñando a nuevos músicos quienes mantenían la interpretación y la ejecución del repertorio festivo cíclico más público, como era la noche del 30 de abril con sus rondas de mayos, a la Virgen y a las mozas, o la ronda de las coplas aguilanderas de la Navidad, o tocaban por Santa Ana y por el Cristo por las calles del pueblo. Tampoco faltaban las “zahoras” de amigos, meriendas y comidas festivas en las que la música y la “cuerva” no podían faltar. Curiosamente, en 1965 se crea en Motilleja el grupo local de coros y danzas sin contar con los músicos tradicionales del pueblo y trayendo a tocar a la rondalla de Navas de Jorquera, con lo que en vez de tocar el repertorio de la tradición oral motillejana se reinventa un nuevo folklore para este grupo con otros bailes y músicas ajenos al pueblo.

En los años posteriores a 1970 se produjo la gran crisis demográfica que trajo consigo la emigración a la ciudad de muchas familias motillejanas. La música realizada por los músicos locales se reduce ya a celebraciones privadas, cada vez más esporádicas y cada vez más de puertas adentro que en la calle. El cine sustituye definitivamente a los bailes mientras guitarros, octavillas, violines, guitarras, bandurrias y laudes comienzan entonces a colgarse en las paredes como elementos decorativos de muchas casas o a guardarse en las “cámaras” junto a los muchos trastos viejos que la modernidad y el desarrollo iban provocando y acentuando su caducidad. Algunos músicos siguen desarrollando su afición en sus casas, de manera individual y particular, aisladamente. Sirva como anécdota la afición musical de Pascual Cebrián “El Blanco” (hijo de Bernabé, padre de Antonio y abuelo de Quique, la saga de los Cebrián, músicos populares de Motilleja), de oficio barbero, que deleitaba a sus clientes tocando su viejo laúd mientras les afeitaba o cortaba el pelo, quien cuando tenía la faena a medias dejaba la navaja o las tijeras y decía “te voy a tocar una pieza”. Cogía su laúd tocaba una o dos piezas y después continuaba con el servicio solicitado por el cliente.

Será la década de los años 80 la que vuelva a desempolvar los viejos instrumentos y se retomen las coplillas y cantares de los ya abuelos músicos que, como el mejor tesoro, guardaban en su memoria todo un saber popular, tradicional, muchas veces despreciado y poco valorado. Todo ello gracias a una nueva moda que va a revalorizar y a actualizar algunos de los elementos más importantes de la cultura tradicional campesina. Se crean asociaciones culturales que dedican su esfuerzo a recuperar tradiciones en vías de extinción. Se crea un nuevo grupo de folclore, que coexiste con los coros y danzas locales durante un tiempo, y surge también la asociación de amas de casa de Motilleja y su inquietud por enseñar a hacer encajes de bolillos o la gastronomía más tradicional, y aprender a bailar jotas, seguidillas y fandangos.

La década de los años 90 y los últimos años del siglo XX, principalmente, ponen de manifiesto el especial interés de las nuevas generaciones y las instituciones públicas por actualizar y valorar culturalmente y en su justa medida el saber de nuestros mayores, definido en toda su extensión como la cultura tradicional campesina. Algunos estudiosos, etnógrafos y antropólogos, como Manuel Luna o la Asociación Cultural Ronda de Los Llanos de Albacete, rescatan y ponen en valor las músicas, los instrumentos y los bailes ya casi desaparecidos socialmente haciendo entender a todos la importancia y el valor cultural del fenómeno de la Ronda como recurso patrimonial del pueblo.

 Desde las diversas Asociaciones de Motilleja se realizan importantes actuaciones de recuperación de costumbres y tradiciones, entre las que destaca la formación de la Ronda al más puro estilo tradicional, ya que se parte de la unión de los viejos músicos locales, quienes van a decir cómo hay que hacerlo, cómo hay que tocar y cantar, junto a un nutrido grupo de jóvenes entusiastas quienes vuelven a sentir la música tradicional como suya, como algo que les llega muy dentro y les impregna, como algo que les pertenece simplemente por ser motillejanos, y retoman de nuevo la denominación de Ronda, en este caso como la Ronda de Motilleja. Para ello, los nuevos músicos van a utilizar el repertorio tradicional con el que varias generaciones cantaron, tocaron y bailaron en Motilleja y en las aldeas de la ribera del Júcar, la manera y las formas de interpretar esas piezas, los instrumentos más populares, las coplillas, los rituales, etc.

El siglo XXI, por tanto, nos va a mostrar, excepcionalmente, la actualización de la Ronda como elemento perfectamente válido y actual, heredado de la tradición lúdica y festiva de Motilleja, con capacidad suficiente de obtener esa clara, y casi exclusiva, funcionalidad de diversión, fuera de su primitivo origen pero inevitablemente unido a él, encadenado en él, inducido por él, evolucionado de él. El origen de la Ronda, de las Rondas, tal vez sea difícil de precisar, y a mi juicio, ni falta que hace; lo que sí sabemos es que se trata de una tradición viva en Motilleja que ha ido evolucionando, adaptándose a todas las épocas, a los tiempos, y actualizándose per se, como legado de la cultura tradicional campesina de nuestros antepasados. No será extraño al visitante de Motilleja encontrar a la Ronda en el bar, en la taberna, templando sus guitarros y echando unas piezas, sin necesidad de crear un espectáculo folklórico, sin necesidad de un escenario, sin necesidad de grandes carteles anunciadores, sin necesidad de que el día sea festivo o no lo sea, sin alharacas, simplemente sintiendo la necesidad de expresión, comunicación y de divertimento que tantos músicos motillejanos sintieron en tiempos pretéritos.

Jotas, fandangos, seguidillas, rondeñas, torrás, tonadas, jeringonzas, toreras, aguilanderos, mayos, forman su repertorio; la improvisación dentro de un orden, las inflexiones de voz, los melismas, el vigoroso toque de guitarros y guitarras, la libertad de ejecución en entradas de jotas o fandangos, los golpes de percusión, el inicio de los temas únicamente con el ritmo básico de una guitarra, el rasgueo más primitivo y diferenciado, las guitarras cruzadas en afinación, las coplillas inventadas e improvisadas, el baile espontáneo, son sus maneras, sus formas interpretativas; la octavilla, el laúd, la bandurria, las guitarras, el requinto, los guitarros, los platillos, el pandero, las panderetas, las castañuelas, la botella de anís, el cántaro y las voces, son sus instrumentos; el buen hacer, las ganas de divertir y divertirse, la autenticidad, la sencillez, la armonía, la fiesta, la amistad, la generosidad y el respeto a la tradición, son aspectos de su filosofía, de su sentido actual, de su función social, de su razón de ser. La Ronda de Motilleja es una linda y saludable excepción en el panorama musical de Castilla y La Mancha, una excepción que hay que conocer, que hay que cuidar, que hay que valorar, que hay que amar, que hay que mimar, que hay que respetar para poder gozar, para poder sentir, para poder vivir, para poder entender la música tradicional, la música de un pueblo, en su estado original, en su medio natural, en su esencia espacio-temporal y ritual; sin adulteraciones, sin necesidad de intuir, imaginar o reinventar nada, sin acudir a nostálgicos y pedantes costumbrismos rurales, sin crear hipócritas y vacías solemnidades, sin necesidad de ofrecer grandes piezas musicales para lucimiento de virtuosos instrumentistas. La Ronda de Motilleja existe, es, está, en la calle, en la plaza, en un patio, en un porche o en la taberna, pa echar unos cantares, pa tocar unas piececillas, pa echar unos beiles y unas güeltas al aire, ¡ea!

 

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Músicas, cantares y bailes: El repertorio

             En Motilleja se puede estudiar la música tradicional desde el prisma óptico de cualquiera de las diferentes clasificaciones que estudiosos de toda España han descrito con anterioridad para el análisis científico de la música popular en general. Los ciclos del año, los ciclos de la vida, los ciclos litúrgicos, los cantos profanos, los cantos religiosos, las músicas festivas, las músicas para el baile, o los propios bailes sueltos y “agarraos” están presentes y muy vivos en las gentes motillejanas que entienden y valoran eso que les pertenece, “lo de siempre”. Por tanto, no vamos a ser nosotros quienes hagamos una descripción metodológica ni científica, ni vamos a sentar cátedra en algo que ya está más que estudiado y divulgado. Para hablar del repertorio de la Ronda de Motilleja vamos simplemente a relatar de manera sencilla cómo se estructura y se usa, como se llama y cómo se utiliza, cómo lo sienten las gentes de Motilleja, quienes lo perciben como suyo, como patrimonio propio que les pertenece.

            Así, tenemos que empezar hablando de los “estilos” que se fundamentan y se agrupan según la función que desempeñan, principalmente se diferencian los estilos que se cantan y los que se bailan. Como es lógico, algunos estilos son más usados que otros por ser tradicionalmente más populares que otros, como puede ser el caso de las seguidillas, baile preferido en el pueblo y tema básico y obligado en el repertorio de la Ronda. Los estilos más característicos de la música tradicional en Motilleja los encontramos en: los cantares y las rondas, entre los estilos de cante, y los bailes agarraos y los bailes sueltos, entre los estilos de baile.

            Los Cantares están representados por temas cantados de referente festivo, como es el caso de las toreras, tema en el que se relata un festejo taurino llevado a cabo en la Aldea del Rincón, se nombran a amigos y personajes del lugar con un estribillo muy pegadizo cantado a coro y con ritmo de jota; las tonadas, piezas de diverso género para ser cantadas por una o varias personas, con o sin instrumentos musicales, siendo la más popular de todas la conocida como A la luz del cigarro y otras como La Tarara, Ya estamos de borrachera, campanera, etc.; los cantos de labor, propios de una sociedad rural campesina que al tiempo de realizar las faenas en el campo se acompañaban de cantares alusivos a éstas y otras labores (labranza, siega, trilla, etc.) utilizando para estos temas aires de jota o aires flamencos; los romances, que se difundieron por todos los pueblos de España, también estuvieron muy presentes en Motilleja, contando con temáticas muy populares y versiones locales como fueron los caballeros, los hechos truculentos, los amores no correspondidos, las desgracias de mal casadas, los sucesos de guerras pasadas, o hechos legendarios de distinta índole como es el caso del celebérrimo romance por tierras albacetenses de El Pernales, que narra la persecución y muerte de este famoso bandido en la Sierra de Alcaraz.

            Las rondas destacan, principalmente, en el ámbito público, y cuando procede en el  religioso, por tanto estaremos hablando de rondas de clara función social, cíclica y festiva para la comunidad vecinal. Las rondas más características son la de los mayos y la de los aguilandos, ejes fundamentales para entender el hecho de rondar por mayo y por Navidad. Los mayos los hay de dos tipos: el mayo religioso, que se canta a la Virgen María en la puerta de la iglesia el día 30 de abril de cada año (Estamos a treinta del abril cumplido, mañana entra mayo, mayo bienvenido) y que se estructura con una introducción en jota, en la que se pide licencia a Dios para cantar, y se pasa al mayo propiamente dicho, en el que se alaba y ensalza a la Madre de Dios y se le piden favores, para terminar con jota en la que la despedida más popular en los cantares motillejanos hace también aquí su aparición: se despide la Ronda de su morena con un pie en el estribo y otro en la arena; y el mayo de ronda, o mayo profano, que es con el que se ronda durante esa noche mágica de los mayos a las mozas casaderas de la localidad. Es éste un mayo original que únicamente se acompaña de instrumentos de percusión, principalmente pandereta, donde un rondador canta las estrofas y el resto de la Ronda canta el estribillo a coro. Los mayos destinados a las mozas en Motilleja, como en tantos pueblos manchegos, están cargados de metáforas y de versos llenos de una lírica amorosa extraordinaria (Ha venido la Ronda a cantarte, ha venido a cantarle a tus ojos..., Asómate a esa ventana cara de luna brillante..., Y si debo despedirme yo lo haré con una rosa, que en tu vida encontrarás despedida tan hermosa) cumpliendo la función tradicional de declaración pública de nuevos noviazgos o confirmación de ellos, declarándole el amor a la moza con la que se quiere unir en noviazgo bien al que canta el mayo o bien al que lo ha encargado cantar, quedando de esta forma así establecida públicamente esa nueva relación de pareja, cumpliendo además con el ciclo estacional de mayo, con el ciclo vital de noviazgo, con el ciclo litúrgico del mes de María, etc. En sus orígenes, la fiesta de los mayos, como fiesta propiamente dicha, trata de conmemorar la entrada del mes más fértil del año, del mes de las flores, del mes de los frutos, del mes de los campos preñados, del mes de la esperanza, del mes de mayo, del mes de la primavera. Para ello, la noche previa a su llegada, es decir, la noche del 30 de abril, la Ronda canta durante la noche a las mozas, a la fecundidad, al amor entre mozos y mozas, mayos y mayas, etc. Como ya hemos dicho anteriormente, es interesante vincular y ligar funcionalmente esta fiesta con la declaración pública de noviazgos e intenciones amorosas. Al mismo tiempo, como todas las fiestas que tienen un origen precristiano, y debido, principalmente, al arraigo y a la participación social tan importante, no es de extrañar que la fiesta de los mayos sufriera el proceso de cristianización, y así, de ser una celebración de tipo social de carácter festivo y pagano, sobre un suceso cíclico de la madre naturaleza, la conmemoración adquiere una nueva dimensión, en este caso espiritual y religiosa, que se pone de relieve bajo la advocación de la Virgen, haciendo de este mes de mayo el mes de María, a la que se rinde una especie de culto floral en estos días muy acorde con esa exaltación tradicional de la fertilidad y fecundidad de la naturaleza. Por este motivo, dos son los mayos que se repiten en casi todas las poblaciones que todavía conservan esta tradición tan antigua: el mayo a la Virgen y el mayo a las mozas. Estaríamos hablando, pues, de un mayo profano y otro religioso. El mayo dedicado a las mozas, o profano, estaría basado en la referencia directa y exaltada sobre el mes de mayo junto con elogio de la mujer a la que va dirigido el canto; mientras que el mayo a la Virgen, o religioso, se canta en honor a la Madre de Dios, en señal de alabanza, y en muchas ocasiones cumpliendo una función petitoria y rogativa de buenas cosechas, de lluvias, de alimentos, etc. La conexión entre los dos mayos es más que evidente (formas musicales, formas métricas, estructuras, etc.), de hecho, en muchos pueblos la música de los dos mayos es la misma y sólo cambia la letra, ya sea referida a la Virgen o a las mozas casaderas. Es evidente que, en el proceso de cristianización de esta fiesta, el mayo religioso no es sino una derivación obligada del mayo profano. Los mayos dedicados a la Virgen se suelen cantar, por un entendido respeto tradicional, en primer lugar, acudiendo a las puertas de las iglesias para dar mayor honra a la patrona del lugar. Hay mayos dedicados también al Santísimo, a Jesucristo o a la Cruz, pero éstos son más raros. Tras cantar a la Virgen es costumbre dirigirse a la casa del alcalde del pueblo, como representante de la máxima autoridad, donde se canta el primer mayo profano y se pide permiso para poder realizar la ronda por las calles del pueblo. Y, a partir de ahí, ¡a tocar y cantar, y a echar los mayos que hagan falta!

           Por otro lado, y colocándonos en las antípodas del ciclo festivo primaveral, es decir, introduciéndonos de lleno en el ciclo invernal o de Navidad, la ronda aguilandera, la ronda utilizada para pedir el aguilando, ese obsequio (bien en especies bien en dinero) que se hace a los músicos de la Ronda por cantar a la puerta de alguien en la Nochebuena y el día de Navidad, va a ser la gran protagonista de estas fechas navideñas en Motilleja. Para cantar y pedir el aguilando se usan coplillas que hacen alusión al nacimiento del Niño Jesús, a la adoración de los pastores, a la Virgen María y a San José, a los Reyes, etc., sobre todo en las coplas aguilanderas que se cantan en la Misa del Gallo, en la Nochebuena; después, para rondar en la calle se alternan éstas con otras coplas profanas, más alegres, simpáticas, atrevidas y, a veces, picantes, aludiendo a algún músico de la Ronda, o al dueño de la casa donde se canta y no dan el aguilando, etc. Junto a los aguilandos o coplas aguilanderas, también hay un rico repertorio de villancicos tradicionales de la Navidad motillejana que se cantan por las calles y en las reuniones familiares de esos días, acompañados de panderetas y zambombas.

            En cuanto a los estilos de baile, ya hemos dicho que la tradición nos habla de los bailes sueltos, “los de siempre”, y los bailes “agarraos” o modernos, éstos últimos introducidos en las celebraciones festivas y salones de baile desde el primer tercio del siglo XX y que terminaron por doblegar y dejar anticuados a los bailes que hasta entonces eran más populares, ésos que en Motilleja cariñosamente se refieren a ellos como “los de siempre”.

Los bailes agarraos se introducen a principios del siglo XX en las Rondas tradicionales como músicas de moda y bailes que rompen con el modelo establecido, el modelo tradicional de una pareja de baile distanciada y sin poder tocarse. Los bailes agarraos supusieron una auténtica revolución en los modales de la época en tanto en cuanto los hombres cogían de la cintura a la mujer y la mujer se abrazaba a la espalda del hombre para poder bailar, dejando a un lado pudores de otros tiempos. Evidentemente esta nueva moda iba a hacer olvidar rápidamente los bailes sueltos en una juventud deseosa de cogerse, agarrarse y arrimarse el máximo posible a su sexo opuesto, y de forma socialmente admitida. Además, estos nuevos bailes se regían por unos pasos muy marcados y muy fáciles de ejecutar, por tanto muy fáciles de aprender por cualquiera, lo que aceleró todavía más el proceso de abandono y olvido de jotas, fandangos, seguidillas, etc., que eran las piezas pasadas de moda, obsoletas, que bailaban sus padres y sus abuelos. Con todo, estas formas coreográficas se seguían utilizando para abrir o cerrar el baile, baile que ahora pasa a celebrarse en recintos cerrados acondicionados para bailar y al que se accede pagando la correspondiente entrada. Los agarraos más populares fueron, en un primer momento, las mazurcas, valses y pericones, todos ellos bailados casi de la misma manera y con los mismos pasos, y más tarde los pasodobles se convirtieron en el eje fundamental de cualquier baile de época. Otros bailes de moda fueron las javas, polcas, chotis, etc, y más tarde los boleros. Resulta curioso cómo, en Motilleja, uno de los temas de baile suelto más tradicionales y de arraigo más antiguo en la práctica totalidad del territorio español haya evolucionado hacia un baile agarrao,  y lo que siempre había sido un baile suelto, festivo, de mocedad, de cocinilla, de reunión familiar, de amigos, se convierte por propia evolución, de motu proprio, en uno de los agarraos más populares en el primer tercio del siglo XX, nos estamos refiriendo a las Jeringonzas.

Los bailes sueltos son, por tanto, los más antiguos, “los de siempre”, ésos que, de generación en generación, se han ido transmitiendo y que en Motilleja encontramos algunos ejemplos vivos y otros presentes en la memoria fresca de las gentes que los recuerdan de cuando los bailaron, tocaron o cantaron. Los tres palos más importantes de la música y el baile tradicional de la España del siglo XIX, los que la sostienen y la identifican, se encuentran en Motilleja, o sea, las jotas, las seguidillas y los fandangos. En la ejecución de los bailes sueltos en Motilleja mandaba la mujer, que era quien gobernaba la situación coreográfica debiendo seguir el hombre los pasos y mudanzas que aquélla realizaba. Como en cualquier parte, el baile suelto sera espontáneo y cada bailador o bailadora sólo tenía que seguir el ritmo y aplicar los pasos que quisiera o supiera a la diversión que le proporcionaba el propio baile, a la expresión, a la interpretación y a las más profundas relaciones sociales de la comunidad rural. No había ni entradas ni salidas, no se bailaba al unísono con el resto de parejas, si las había, y las mujeres guardaban sus verguenzas y su decoro a pesar de las vueltas y saltos que los diferentes pasos y bailes les obligaba (lejos de esos tópicos bailes de coros y danzas a los que se nos ha acostumbrado, falseando la verdadera realidad, en los que las muchachas al bailar enseñan al público sus pololos, sus enaguas, la entrepierna y hasta el ombligo; y ¡no digamos nada de los escotes!. Todo falso). En la actualidad se puede ver en Motilleja bailar, principalmente a mujeres, con la espontaneidad y libertad que el baile tradicional siempre ha gozado; sin alardes, sin falsos movimientos, sin forzadas poses, sin alocados saltos, sin “enseñar” nada, etc., y cada bailadora es capaz de marcar sus pasos dándole un estilo propio, personal, a una misma pieza o baile.

Como ya hemos comentado, los tres ejes de la música tradicional decimonónica, jotas, seguidillas y fandangos, los hallamos en Motilleja en forma de músicas, cantares y bailes. De este extraordinario repertorio de baile heredado de las generaciones pretéritas empezaremos a hablar de las Jotas. Tres son las más conocidas, hoy por hoy, entre los músicos de la Ronda: la Jota del vino, tal vez la más popular de todas, conocida también como la Jota de La, cuyas características más destacadas son que siempre se inicia con una copla de Torrás y el estribillo, que se repite siempre, es cantando con energía por toda la Ronda; tiene además un estribillo final diferente, de despedida, muy propio de la música popular motillejana (se despide la Ronda de su morena con un pie en el estribo y otro en la arena), siendo este elemento común también a las Jotas de baile en muchas zonas de la geografía nacional; la Jota corrida, que es de ejecución más pausada, más lenta, con todos sus estribillos cantados y unidos a las coplas, de ahí el epíteto de “corrida”, se suele tocar por Re; y, por último, la Jota de ronda, conocida también por el nombre de Jota bonita, es una de las preferidas para el baile por su cadencia musical y su carácter melódico; se toca en tono de Sol y las variaciones entre coplas son interpretadas por los instrumentos de plectro dejando al final de cada variación libertad al cantante para entrar con la copla al que se le apoya con acordes rítmicos tonales. En todos los temas los músicos intérpretes intentan cantar coplas diferentes, nuevas, inventadas, resultando en consecuencia que la misma jota, por ejemplo, siempre es tocada igual pero cantada con distintas coplas. Como todos sabemos la Jota es el baile más popular de España y, en Motilleja, goza de una salud excelente en su variedad e interpretación.

La familia de los Fandangos también está perfectamente representada en el repertorio de la localidad de Motilleja. Se puede decir que hay un gusto muy especial, y a veces extraordinario, por cantar fandangos, en toda su extensión, entre el vecindario del pueblo en general. Cuatro estructuras de fandango son las más destacadas dentro de la Ronda: el Fandango propiamente dicho, que consta de variación instrumental con una frase rítmica y melódica de ocho compases repetidos en escala andaluza, y la copla, o parte cantable, que entra de manera libre con el inicio final de la variación repetida, como cualquier fandango estandarizado; es de baile vigoroso, muy parecido a la Jota; si no se baila, se suele tocar y cantar más despacio para lucimiento del intérprete; el Fandango con estribillo, que, además de variaciones y coplas, introduce un estribillo de bella factura literaria y poética, cantado con ímpetu y sentimiento por toda la Ronda; la Rondeña, tal vez uno de los temas más populares y queridos en Motilleja, por sus estribillos picantes, sarcásticos o graciosos en forma de seguidilla y con la variación instrumental prácticamente similar al mismo Fandango; para la entrada del cantante en la copla los instrumentos le hacen la espera con iguales acordes rítmicos hasta que, como siempre, en plena libertad, el intérprete echa su copla, quien, además, introduce el estribillo que es seguido por toda la Ronda al unísono; tras la copla de despedida, vuelve a cantarse el estribillo final más popular motillejano: se despide la Ronda de su morena con un pie en el estribo y otro en la arena; y, por último, la Malagueña, una variante más del fandango genérico que en Motilleja se convierte en un toque vigoroso, introducido en escala andaluza por el laúd.      

Al igual que comentábamos en las Jotas, las coplas literarias de los fandangos son siempre diferentes, sólo se mantiene fija la estructura musical, la melodía, y así el que canta tiene la libertad de echar la copla que desee oportuna lo que le otorga siempre un toque de sorpresa y novedad para el público que escucha a la Ronda, también para músicos y bailadores.

Hemos dejado para el final a la familia de Las Seguidillas por tratarse, como de todos es sabido, de la más estimable aportación de las comarcas manchegas a la música tradicional española. En Motilleja, hablar de seguidillas es hablar del baile por antonomasia, del baile preferido, el más popular, el más esperado, el más deseado. Podemos decir que, precisamente, son las seguidillas las que más identifican y diferencian a la Ronda de Motilleja de otras Rondas similares o de otros grupos de música popular. Hay un sentimiento especial cuando se tocan seguidillas, cuando se cantan seguidillas, cuando se bailan seguidillas. Sin lugar a dudas, las seguidillas son las reinas del baile, con un ritmo trepidante y una manera de hacer sonar los guitarros y las guitarras de difícil explicación, con marcación rítmica en las tapas de los instrumentos y una concentración musical intensa con la que los músicos casi alcanzan un estado de éxtasis al interpretarlas. Entre seguidilla y seguidilla, entre copla y copla, se hace un pequeño corte temporal en el que tanto músicos como bailadores recomponen sus fuerzas y alientos. También se pueden interpretar instrumentalmente marcando en este caso la voz, la melodía, con el laúd y el resto de instrumentos de plectro. Otro genéro de seguidillas muy popular y apreciado en Motilleja son las conocidas como Torrás, consideradas ya por los músicos más viejos del lugar como una de las piezas más antiguas del repertorio tradicional. Se trata de un tipo de seguidilla pausada, tocada con un ritmo más cercano a la Jota, en la que la variación musical que antecede a la copla de seguidilla se muestra como retrasada, como recelosa de entrar en ritmo, en tempo, casi descuadrando la marcación, arrastrando su musicalidad, reteniendo su cadencia y dando al baile una mayor vistosidad. Se cantan con un verso introductorio, al igual que las propias seguidillas, o entrada, y le siguen tres partes entrelazadas, unidas entre sí, en las que no se detiene el ritmo musical hasta el final, hasta la copla completa de despedida y con la que, en muchas ocasiones, se suele dar paso a la Jota.

 

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Guitarros, requintos y octavillas: Los instrumentos 

No nos cabe la menor duda que la investigación, el estudio y el análisis de los instrumentos de la música tradicional forma parte de una de las facetas más interesantes de la etnomusicología histórica y actual. Existen distintos modos de clasificar estos instrumentos para su estudio, bien se consideren criterios de tipo tipológico, o de tipo histórico, o de funcionalidad y uso por parte de los músicos, etc. Lo cierto es que la clasificación organológica más utilizada, y por tanto más usual y admitida por todos, es la que hicieran en 1914 los investigadores Erich Hornbostel y Curt Sachs, basada en el tipo de emisión de sonido de cada instrumento, estableciendo cuatro grandes familias: aerófonos (el sonido es producido por el aire insuflado por ellos), membranófonos (construidos con membranas sonoras), idiófonos (el sonido lo producen por sí mismos) y cordófonos (el sonido se produce por vibración de cuerdas). Ésta es la clasificación que vamos a seguir también nosotros para describir los instrumentos utilizados tradicionalmente en Motilleja, sin entrar en subclasificaciones que serían objeto de otro tipo de análisis y estudio.

 Tan importante como el mantenimiento del amplio e interesante repertorio tradicional de la música motillejana, es la interesantísima gama de instrumentos musicales usados hoy día para la interpretación de ese repertorio. Motilleja, hoy por hoy, se nos manifiesta como un tesoro de la organología tradicional manchega, o algo así como una reserva espiritual de instrumentos y músicos de la tradición. Guitarros manchegos y tocadores de guitarros, viejos violines y tocadores de violines, octavillas viejas y nuevas y tocadores de octavillas, laúdes y bandurrias y tocadores de laúd, guitarras y tocadores de guitarras, panderetas y panderos y constructor de panderos, zambombas y botellas y constructores de zambombas, etc., existen o son recordados de manera reciente, fiel y fidedigna, inducidos todos ellos por la afición tan extraordinaria de muchísimos motillejanos a la música, al cante y al baile, y a la pervivencia estable, y casi ininterrumpida, de las Rondas históricas y músicos posteriores.

 Dentro de la familia de instrumentos membranófonos utilizados por la Ronda de Motilleja, destacan: el pandero, que todavía elabora Emilio Sáez, pastor de Motilleja, hecho con piel de cabrito y chapas de hojalata rizada; en su toque se combina la percusión con la yema de los dedos para marcar los tiempos fuertes, y el dedo corrido para los demás;  la pandereta, más pequeña que el pandero, se usa de la misma manera; y la zambomba, membranófono frotado usado en las coplas aguilanderas de la Navidad.

 El grupo de instrumentos idiófonos están representados por las castañuelas, que evidentemente dentro de la Ronda son de reciente incorporación actualizando así el sonido de la percusión más tradicional; el cántaro, de chapa por ser de los utilizados para guardar aceite, que se percute con un gorro de lana o alpargata y se usa como si de un tambor se tratase; los platillos o chinchines, que son crótalos de bronce de gran tamaño que marcan acompasadamente un ritmo circular y machacón muy característico; la botella labrada que se percute con una cuchara que rasguea los biseles vítreos produciendo un sonido muy peculiar; y el almirez, mortero de bronce, que se percute con su propia mano o mazo a modo de badajo.

Por último hablaremos de la familia de instrumentos más numerosa y más destacada de la tradición en Motilleja: los cordófonos. En primer lugar mencionaremos al violín, instrumento de cuerdas frotadas que, como en otros muchos territorios del país, es usado también para el repertorio de la música tradicional por músicos que, de forma autodidacta, establecieron su propio aprendizaje y uso de este instrumento. Parece claro que la inclusión de nuevas melodías y ritmos durante el siglo XIX principalmente (contradanzas, minués, polcas, mazurcas, etc.) originó la entrada de algunos instrumentos “cultos” en ambientes populares, como fue el caso del violín, que ahora nos ocupa, la flauta o el acordeón.

La guitarra es el instrumento más popular y el más difundido en toda la comarca y es el acompañamiento fundamental para la voz de los intérpretes cantantes. En la Ronda se toca la guitarra al más puro estilo antiguo en su manera de ejecutar el rasgueo marcando el tiempo fuerte en la tapa armónica del instrumento y cruzando con cejillas las diferentes guitarras de la Ronda, lo que inevitablemente le otorga un sonido original, peculiar, diferente y diferenciador, auténtico y singular. La cercanía a Motilleja de la localidad conquense de Casasimarro, donde desde el siglo XVIII se vienen construyendo guitarras y otros instrumentos musicales de cuerda, ha hecho y hace que actualmente la práctica totalidad de guitarras de la Ronda estén fabricadas por los artesanos casasimarreños, al igual que guitarros, bandurrias, laudes, octavillas, etc. Los músicos más viejos nos recuerdan que en otras épocas usaban la cuerda prima de acero, consiguiendo de esa manera un sonido característico del instrumento.

Los instrumentos de plectro o púa juegan un papel destacado en el repertorio de la Ronda. Son instrumentos de seis órdenes con cuerdas dobles que producen un trino o trémulo al frotar ininterrumpidamente las dobles cuerdas con la púa. Estos instrumentos en la Ronda son: la octavilla, muy utilizada en otras épocas en la comarca y recuperada en la actualidad por la Ronda, es de cuerpo similar al guitarro, en forma de ocho, aunque todavía de menor proporción; su afinación es distinta a la del laúd o bandurria: do#, fa#, si, mi, la, re; la bandurria y el laúd, junto a la octavilla, se encargan de hacer la melodía principal aunque en ocasiones utilizan acordes rasgueados y suelen improvisar melodías y segundas voces como contrapunto a la voz solista del cantante.

El guitarro manchego es de forma similar a la guitarra pero de muy reducido tamaño; consta de cinco órdenes simples que se afinan con la guitarra septimada o cejilla en el séptimo traste y usa las mismas posiciones de acordes que la guitarra. Sus cinco cuerdas pueden ser de guitarra o combinarse algunas de ellas (la prima y la cuarta, por ejemplo) con cuerdas metálicas de laúd. Su manera de tocarse, su rasgueo es la nota más característica de este peculiar instrumento que forma parte de los pocos instrumentos étnicos con los que cuenta nuestra amplia zona manchega, ya que se toca de manera continuada construyendo un ritmo melódico completo para lo cual es necesario agitar la mano derecha vigorosamente y de manera circular, como la propia música que se consigue. El toque de los guitarros de la Ronda de Motilleja en la interpretación de las seguidillas es, hoy en día, una experiencia única, singular, extraordinaria, inimitable e inigualable que cualquier aficionado a la música tradicional puede sentir y disfrutar.

El requinto o guitarrilla tiene también forma de una guitarra, también mucho más pequeña pero, en este caso, mayor que el guitarro y la octavilla, instrumentos afines en la forma. Tenemos ejemplos de conservación de este instrumento en varios pueblos de la comarca. Tiene seis cuerdas iguales a la de la guitarra que se afinan en la, re, sol, do, mi y la, o sea, con la guitarra requintada o con la cejilla en el quinto traste de la guitarra, de ahí su denominación de requinto. Su rasgueo es circular y esplendoroso como en los guitarros.

 

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La Chicharra: Las Rondas “revientan cantando”.

            Los tiempos cambian y las modas con ellos surgen, se crean y desaparecen. Las necesidades de los vecinos motillejanos son así mismo cambiantes, y la actual globalización pone en peligro a cualquier manifestación cultural sea ésta del género que sea. La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Motilleja, la Asociación Ronda de Los Llanos de Albacete y la Asociación EtnoMancha se propusieron iniciar una nueva andadura con el fin de ofrecer a todos los vecinos del pueblo, visitantes y turistas veraniegos una fiesta en la que el intercambio cultural de gentes y músicas fuese el leit motiv de la misma, así como la recuperación de elementos festivos tradicionales en una nueva fiesta actual que debía ser enormemente divertida y abierta, adaptada a los nuevos tiempos. Esta fiesta se programó para que se llevara a cabo anualmente en el mes de julio, el fin de semana previo a las fiestas patronales en honor a Santa Ana, formando así parte también de las fiestas motillejanas más esperadas del año y sirviendo de antesala a las mismas. En un primer momento se pensó en reunir a diferentes rondas o grupos de músicos de pueblos vecinos, de comarcas cercanas, e incluso de otras regiones españolas, de tal manera que, además de la fiesta, este evento sirviera para dar a conocer a la Ronda de Motilleja y promocionar a la propia localidad. Se le puso el nombre de La Chicharra (original ¿verdad?) por ser un animal muy popular en la zona que canta en los cálidos veranos manchuelos “hasta reventar”, y que, precisamente, es lo que hacen los músicos cuando se juntan en esta fiesta, al decir de algunas gentes que la ven desde lo alto: “míralos, parecen chicharras, no se cansan nunca, tocan y cantan sin parar”.

            En julio de 1999 se organiza, por primera vez, La Chicharra, revienta cantando, invitando a rondas de pueblos de la zona que están a punto de desaparecer, y alcanzando un éxito que sorprendió a propios y extraños, lo que dio el pistoletazo de salida para la programación de esta fiesta con carácter anual. Se ha venido realizando consecuentemente todos los años hasta la actualidad en la que se puede decir que está perfectamente consolidada e instituida, formando parte ya del calendario tradicional festivo del pueblo de Motilleja.

            Durante los tres días que dura La Chicharra las Rondas participantes recorren las calles y bares del pueblo tocando, cantando y bailando a cualquier hora y en cualquier lugar. Es una fiesta participativa, abierta al visitante y con un simple sentido lúdico y espontáneo. El objetivo es divertirse, es divertir. Hasta Motilleja llegan músicos de La Manchuela, de Albacete, de la región o de cualquier punto de la geografía nacional, quienes muestran sus músicas, sus cantos, sus bailes y se integran en los de los demás. En general, cualquier persona que tenga un instrumento en la mano, se eche unos bailes o simplemente acompañe en el beber a cualquiera de las Rondas se siente como un “rondero” o rondador más.

           El viernes, con la llegada del anochecer, los músicos de la Ronda de Motilleja comienzan a recorrer las calles y los bares de la localidad anunciando la llegada de la fiesta. El recorrido termina con una verbena popular en la Caseta Municipal a las 22.30 horas. Se realiza baile suelto (jotas, seguidillas, fandangos, torrás, rondeñas, etc.) en el que, tanto quien sabe como quien no, baila o intenta bailar y aprovechar el momento para aprender los pasos básicos de cada baile. Después la Ronda continuará con su actividad hasta el amanecer.

           La mañana del sábado está dedicada al recibimiento de los grupos musicales invitados quienes, con el paso de las horas, empiezan a tomar las calles y los bares con sus instrumentos y sus músicas tradicionales, iniciando así un recorrido que en muchos casos no terminará hasta el día siguiente. Por la tarde las Rondas están ya en pleno apogeo, uniéndose a la fiesta amigos y visitantes quienes van dando rienda suelta a sus impulsos lúdicos y festivos en torno a la música y el baile tradicional.

Tras un ligero descanso para reponer fuerzas, se inicia la verbena tradicional en la Caseta Municipal donde participan todas las Rondas invitadas junto a la Ronda de Motilleja que se suele alargar hasta que el baile se va deshaciendo por agotamiento de músicos y bailadores. Alrededor de la una de la madrugada los músicos comienzan a recorrer los bares con sus músicas y cantos, mezclándose entre sí los músicos de los distintos grupos. La algarabía y el desorden controlado se apoderan de la fiesta, convertida ya en un espectáculo espontáneo en el que cualquiera puede participar, y cada músico con su instrumento se va juntando a cualquier Ronda, coincidiendo pocas veces con la de uno mismo. La fiesta se alarga durante toda la noche o hasta que los cuerpos aguantan, y cuando los primeros rayos del sol, dominical ya, se abren paso, una buena lumbre y suculentas viandas para asar sirven para reponer las agotadas fuerzas de músicos y amigos.

                La mañana del domingo se inicia despertando a aquellos músicos que decidieron dormir algunas horas. A las 11.00 horas la fiesta se concentra en la Plaza Mayor de Motilleja donde los músicos vuelven a rasguear sus instrumentos y las voces de los cantantes se esfuerzan por afinar sus últimas coplas. Las mujeres del pueblo agasajan a todos los “chicharreros” con embutidos, tortillas, jamón, o dulces caseros, vino y cerveza, y la fiesta vuelve a resurgir en plenitud, como si de un último suspiro se tratase, la última pedalada de la carrera. Y así hasta la hora de comer en la que, a su final, las Rondas comienzan a guardar los “guitarros”, se despiden y van abandonando la localidad con la sensación de haber vivido una experiencia inolvidable y con la esperanza de, al año siguiente, en Motilleja, volver a emular a la chicharra, ese animal que, en los tórridos veranos manchuelos, revienta cantando...

 

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 Coplas, estribillos y despedidas: Los cantares

 JOTA DE RONDA

Por esta calle que vamos

tiran agua y salen rosas

y por eso la llamamos

la calle de las hermosas.

 Esta calle la llamamos

la calle del remolino,

donde se remolinean

tus amores con los míos.

 

Ya está la jota en la plaza

sin permiso del alcalde,

que esta jota es mucha jota

pa pedir permiso a nadie.

 

Cuando salgas de la plaza

pásate por mi balcón

que si no me voy contigo

te llevas mi corazón.

 

Allá va la despedida,

que con ésta ya van cinco,

más hermosa que el sol eres,

ni te pongo ni te quito.

JOTA CORRIDA

Sueño tengo dormir quiero,

si pudiera dormiría

en una cama de flores

contigo a la vera mía.

 

Cómo quieres que vaya de noche a verte

si le temo a tu madre más que a la muerte,

más que a la muerte, niña, más que a la muerte,

cómo quieres que vaya de noche a verte.

 

Aquí, aquí te quiero ver, morena,

aquí, aquí que no hay charcos ni arena.

Aquí, aquí te quiero ver, salada,

aquí, aquí que no hay charcos ni hay nada.

 

Debajo de tu ventana

tengo un puchero de miel,

no se lo digas a nadie

que tu chuparás también.

 

Es tu amante mulero de cinco mulas,

tres y dos son del amo, las demás suyas,

las demás suyas, niña, las demás suyas,

es tu amante mulero de cinco mulas.

 

Aquí, aquí te quiero ver, morena...

  

Mi guitarra puñetera

tiene celos de tu amor

y cuando estás a mi vera

no suenan prima y bordón.

No suenan prima y bordón.

Ni segunda ni tercera.

 

Ahí la tienes valiente, mátala, mátala,

si no tienes navaja yo te doy mi puñal,

yo te doy mi puñal, yo te doy mi puñal,

ahí la tienes valiente, mátala, mátala.

 

Aquí, aquí, te quiero ver, morena...

 

Allá va la despedida,

y con ésta ya van cuatro,

las piedras se vuelvan flores

donde pise tu zapato.

 RONDEÑA

Una vez se calló un gato

del alero de un tejao

y en la caída decía:

mira que soy desgraciao

olvidé el paracaídas.

 

Que si el mar fuera vino todos marinos,

y si fuera cerveza tos de cabeza,

tos de cabeza, niña, tos  de cabeza,

que si el mar fuera vino todos marinos.

 

Una mujer muy bonita,

por muy bonita que sea,

los pelillos del conejo

se los moja cuando mea.

 

Veinticinco mujeres, cincuenta tetas,

y si son de gorrina ciento cincuenta,

ciento cincuenta, niña, ciento cincuenta,

veinticinco mujeres, cincuenta tetas.

 

Una mujer y una burra

apostaron a correr,

a correr ganó la burra

pero a burra la mujer.

 

Si mi agüela tuviera un par de güevos,

no sería mi agüela sería mi agüelo,

sería mi agüelo, niña, sería mi agüelo,

si mi agüela tuviera un par de güevos.

 

Echaré la despedida,

la despedida que corra,

que te la tengo que dar

con la punta de la chorra.

 

Se despide la Ronda de su morena,

con un pie en el estribo y otro en la arena,

y otro en la arena, niña, y otro en la arena,

se despide la Ronda de su morena.

 

TORRÁ Y JOTA

Ya falta menos, ya falta menos.

 

Ya falta menos, “pa” Santa Ana en mi pueblo, ya falta menos,

va diciendo Luisito, y olé, desde el invierno.

 

El vino tinto es mi primo

y el aguardiente un pariente,

cuando llego a la taberna

me encuentro con toa mi gente.

 

Aunque me ves, que me ves, que me ves que me caigo,

es una chispa de vino, morena, que traigo.

Aunque me ves, que me ves, que me vengo cayendo,

es una chispa de vino, morena, que tengo.

 

Un avaro se moría

recontando su dinero,

y en los suspiros decía:

maldito pa que te quiero, (bis)

si no me salvas la vida.

 

Aunque me ves, que me ves que me ves, que me caigo...

 

A las doce de la noche,

por falta de otra costumbre,

hay más pollas en los coños

que pucheros en la lumbre.

 

Aunque me ves, que me ves, que me ves, que me caigo...

 

Allá va la despedida,

la despedida del borracho,

que terminando la Jota,

no soltaba nunca el vaso.

 

Se despide la Ronda de su morena,

con un pie en el estribo y otro en la arena,

y otro en la arena, niña, y otro en la arena,

se despide la Ronda de su morena.

 

TORRÁS

Voy a ser tío, voy a ser tío.

 

Voy a ser tío, dentro de nueve meses voy a ser tío,

dentro de nueve meses, y olé, voy a ser tío.

 

Voy a ser tío, si no tengo sobrina tengo sobrino,

si no tengo sobrina, y olé, tengo sobrino.

 

Y esto es tan cierto como sacarse un ojo y quedarse tuerto,

como sacarse un ojo, y olé, y quedarse tuerto.

 

Cantaba un mudo, cantaba un mudo.

 

Cantaba un mudo a la puerta de un sordo, cantaba un mudo,

a la puerta de un sordo, y olé, cantaba un mudo.

 

Cantaba un mudo y un ciego lo miraba con disimulo,

y un ciego lo miraba, y olé, con disimulo.

 

Y al estribillo, como no sé ninguno, ninguno digo,

como no sé ninguno, y olé, ninguno digo.

 

De su morena, de su morena.

 

De su morena, se despide la Ronda de su morena,

se despide la Ronda, y olé, de su morena.

 

De su morena, con un pie en el estribo y otro en la arena,

con un pie en el estribo, y olé, y otro en la arena.

 

Y ahora se acaba, a los tres golpecillos de la guitarra,

a los tres golpecillos, y olé, de la guitarra.

 

 SEGUIDILLAS

Me atrevo a darte, y arriba y ten.

 

Me atrevo darte, mientras que un gallo canta me atrevo a darte,

ay, mientras que un gallo canta me atrevo a darte.

 

Me atrevo darte, mientras que un gallo canta me atrevo a darte,

y arriba y olé con olé, me atrevo a darte.

 

Me atrevo a darte, más besos que pepitas tiene un tomate,

ay, más besos que pepitas y tiene un tomate, y ahí para y van tres.

 

 

Torre del oro, y arriba y ten.

 

Torre del Oro y arenal de Sevilla, Torre del Oro,

ay, arenal de Sevilla, Torre del Oro.

 

Torre del Oro, donde las sevillanas juegan al corro,

ay, donde las sevillanas juegan al corro.

 

Canta Sevilla y Motilleja responde por seguidillas,

y Motilleja responde por seguidillas, y ahí para y van tres.

 

 

De las mujeres, y arriba y ten.

 

De las mujeres, quisiera estar tan lejos de las mujeres,

ay, quisiera estar tan lejos de las mujeres.

 

De las mujeres, quisiera estar tan lejos de las mujeres,

y arriba y olé con olé, de las mujeres.

 

De las mujeres, como están las estampas de las paredes,

ay, como están las estampas de las paredes, y ahí para y van tres.

 

 

Que cuando nace, y arriba y ten.

 

Que cuando nace, es el amor un niño que cuando nace,

ay, es el amor un niño que cuando nace.

 

Que cuando nace, con cualquier cosa, niña, se satisface,

ay, con cualquier cosa, niña, se satisface.

 

Pero en creciendo, cuanto más le vas dando más va queriendo,

ay, cuanto más le vas dando más va queriendo, y ahí para y van tres.

 

FANDANGO CON ESTRIBILLO

 Fuistes mi primer amor,

me enseñastes a querer,

no me enseñes a olvidar

que no lo quiero aprender.

 

Si es verdad que te quise la vez primera,

donde lumbre se enciende ceniza queda,

arrímate a las ascuas que se encenderán,

si es verdad que te quise la vez primera.

 

Tengo un canario en mi casa

que canta cuando te nombro,

mira si te nombro veces

que hasta el canario está ronco.

 

Si es verdad que te quise la vez primera...

 

Los ojos me vierten sangre

de mirar aquel camino,

por ver si veo venir

el espejo en que me miro.

 

Si es verdad que te quise la vez primera...

 

Ya me voy morena mía,

ya me voy porque amanece,

llegan las claras del día

y un lucero me pareces.

 

FANDANGO

 Al volver aquella esquina

se volvieron a encontrar

y como dos criaturas

agarraron a llorar,

el amor no tiene cura.

 

Si me has de olvidar mañana

mejor te agradecería

que me mates de una vez

que yo no quiero la vida

si me falta tu querer

 

Al amanecer el día

el sol que alumbra te ofende,

al mirarlo, vida mía,

tanta luz como él desprendes

que te ofende el sol que alumbra.

 

A un pajarillo le cuento

mis penas y mis pesares,

las plumillas de su cuerpo

se caían a millares

de pena y de sentimiento.

 

Dentro de mi pecho tengo

una ele con dos lazos

que están tirando de mí

hasta llevarme a tus brazos

donde tengo que morir.

 

AGUILANDERAS

 Esta noche es Nochebuena

y no es noche de dormir

que está la Virgen de parto

y esta noche ha de parir.

 

Ha de parir un niñito,

blanco, rubio y colorado,

que ha de ser el pastorcillo

que ha de guardar el ganado.

 

Y dígale algo, y qué le diré,

lindango, lindero, caramba y olé.

 

La Virgen se fue a lavar

hace ya más de una hora,

los pajarillos cantaban

y el niño llora que llora.

 

Dame el aguilando, si me lo has de dar,

que la noche es corta y hay mucho que andar.

 

La Virgen va caminando

por un estrecho camino

y San José va delante

vestido de peregrino.

 

Pues dígale algo, pues qué le diré,

capote sin mangas, yo se lo pondré.

 

La Pascua se va y se viene,

la Pascua viene y se va,

y nosotros nos iremos

y no volveremos más.

 

Dame el aguilando carita de rosa,

que no tienes cara de ser tan roñosa.

 

Ya baja por la escalera

la que nos trae el aguilando,

se le habrá antojado mucho

que le viene repiscando

 

Y dígale algo, y qué le diré,

lindango, lindero, caramba y olé.

 

MAYO DE RONDA

 A tu ventana la Ronda

ha venido a ti a cantarte,

si la recibes gustosa

sólo tienes que asomarte.

 

Ha venido la Ronda a cantarte.

Ha venido a cantarle a tus ojos.

Ha venido a cantarle a esa niña

que todavía anda buscando esposo.

 

Ya son cuatro primaveras

las que te llevo rondando,

y si en ésta me rechazas

la vida me estás quitando.

 

Ha venido la Ronda a cantarte...

 

A tu puerta están cantando

y tú, niña, no lo entiendes,

tu galán es el que canta,

despierta, niña, si duermes.

 

Ha venido la Ronda a cantarte...

 

Asómate a esa ventana,

cara de luna brillante,

aunque yo no te pretendo

conmigo viene tu amante.

 

Ha venido la Ronda a cantarte...

 

Ya sabes lo que te pido,

sólo falta tu respuesta,

mientras que no te decidas,

cantando quedo en tu puerta.

 

Ha venido la Ronda a cantarte...

  ROMANCE DE EL PERNALES

En la provincia Albacete, en la sierra de Alcaraz,

mataron al Pernales, también al Niño del Arahal.

 

Destino suyo ha sio el ser extraños por estas tierras,

al preguntarle a un guarda cuál es el camino que lleva a la Sierra.

 

El guarda les indicó el camino y a Villaverde se ha encaminao,

y al llegar al señor Juez le cuenta todo lo que ha pasao.

 

El señor Juez al momento mandó llamar a la Guardia Civil:

“Todas las tropas que haya para la sierra tien que salir”.

 

Salieron dos de a pie, tres de a caballo, con un guía y un asistente,

y a la cabeza que hacían, que iba un bravo teniente.

 

Al pasar las cordilleras a los bandidos el alto les dio,

y a los muy pocos momentos el Niño al suelo cayó.

 

Pernales le dice al Niño: “dame la mano, vamos a ellos, no hay que temer,

si no me matan esta mañana, un mal recuerdo van a tener”.

 

A los muy pocos momentos Pernales al suelo caía,

dos cadáveres en un carro a Bienservida se conducían.

 

El pueblo entero lloraba con mucha pena y mucho dolor,

De ver a los dos bandidos tirados en un serón.

 

Pernales en toa su vida, no ha matado a ningún hombre,

Y el dinero que robaba lo repartía entre los pobres.

 

En la provincia Albacete en la Sierra de Alcaraz,

mataron al Pernales también al Niño del Arahal.

 

JERINGONZAS

 Éstas son, éstas son, éstas son jeringonzas de un fraile

y el que no las baile se marche a la calle.

Por lo bien, por lo bien, por lo bien que lo baila esa moza

que la dejen sola, solita en el baile.

 

Baile usté, baile usté, baile usté que jeringonzas van,

baile usté, baile usté, baile usté que el baile va a empezar.

Baile usté, baile usté, baile usté que jeringonzas van,

baile usté, baile usté que esa moza esperándolo está.

 

Éstas son, éstas son, éstas son jeringonzas de un fraile

y el que no las baile se marche a la calle.

Baile usté, baile usté, baile usté que lo queremos ver

saltar y bailar y dar vueltas al aire.

 

Baile usté, baile usté, baile usté que jeringonzas van,

baile usté, baile usté, baile usté que el baile va a empezar.

Baile usté, baile usté, baile usté que jeringonzas van,

baile usté, baile usté que esa moza esperándolo está.

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La Ronda de Motilleja: Los músicos

 Músicos:

 Alberto García: Guitarra y voz.

Juan Francisco Valera: Guitarra.

Jesús Tejas: Guitarra y voz.

M.ª Julia Juncos: Guitarra.

Juan Manuel Gamero: Guitarro manchego.

David Tejas: Guitarro manchego y voz.

José Juncos: Guitarro manchego.

Miguel Milla: Requinto.

Antonio Cebrián: Laúd.

Mª Dolores García: Bandurria.

Enrique Cebrián: Laúd.

Javier Cuéllar: Octavilla.

Luis Sáez: Pandero, cántaro y zambomba.

Antonio Vila: Platillos y voz.

Cristina Vila: Pandereta.

Raquel Haro: Castañuelas y voz.

Ana Martínez: Castañuelas.

Verónica García: Castañuelas.

Mª Antonia Fernández: Botella labrada.

Jerónima Rodríguez: Almirez.

 

Mayeras de Motilleja: Diosinda Gómez, Alberta Tejas, Isabel Juncos, Ignacia Rodríguez, Elvira Milla, Ascensión Berlanga, Evangelista Fernández, Consuelo Berlanga, Julia Berlanga, Aurora Rubio, Llanos López, Mariana López, Pilar Cuesta, Felisa Armero, Paquita Sáez, Matilde Fernández, Natividad Gómez, Encarnación Rodríguez, Catalina Rubio y Aurora Sáez.

Con la colaboración especial de: Juan Carlos Valiente Monteagudo: Violín

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La Hermandad de Ánimas de Caravaca de la Cruz y la Misa de Ánimas

 

1. RESEÑA SUMARIA SOBRE LA HERMANDAD DE ANIMAS DE CARAVACA  DE LA CRUZ

 

El origen de la Hermandad de Ánimas de Caravaca de la Cruz se remonta al siglo XVI. El primer documento que con relación a ella encontramos es un acuerdo del Concejo de Caravaca del año 1553, por el que se autoriza un libramiento para atender los gastos de  la Hermandad de Ánimas.

La Hermandad de Ánimas surge como cofradía piadosa con el fin de atender los sepelios de los desheredados y las misas y  litúrgias por el sufragio de sus almas, lo hace bajo el Patronazgo del Ayuntamiento de Caravaca y a los auspicios de la Orden de Santiago, administradora de estas tierras hasta la disolución de la misma. La Hermandad de Ánimas,  efectuaba pedimentas por todo el término visitando casa por casa así como misas el día de Todos los Santos, y de las Ánimas, Víspera de Gozo de Santamaría,  Nochebuena, Navidad e Inocentes, siempre acompañados de una cuadrilla o "colla" de músicos contratados por la Hermandad.

El patronazgo de la Hermandad de Ánimas fue objeto de litigios entre el poder "civil"  del ayuntamiento al que pertenecía y el religioso del Obispado de Cartagena. Todos los pleitos sostenidos ante la Real Cancillería de Granada por el Vicario de la Diócesis frente a la Orden de Santiago sobre este asunto, fueron fallados en favor del Ayuntamiento santiaguista de Caravaca.

Con la supresión de las órdenes militares,  ya en el siglo XIX, las cofradías dependientes de la Orden de Santiago pasan a depender de la Archicofradía del Santísimo Sacramento.

En épocas más recientes, hablamos ya del siglo XX, la Hermandad de Ánimas carece de patrón y está vinculada a la Vicaría de la Iglesia Mayor de El Salvador de Caravaca, hasta fecha indefinida, que ronda el primer tercio de ese siglo, a partír de la cual siguen saliendo los músicos pero continuando sólamente con las manifestaciones musicales en misas y bailes.

En 1976 la Hemandad se constituye en asociación al objeto de tener de nuevo cobertura legal. Así continua hasta la fecha.

La Hermandad de Ánimas de Caravaca de la Cruz es heredera de un legado más de 450 años, con las inevitables mudanzas que los tiempos imponen en cada momento.

Actualmente la Hermandad aun mantiene los siguientes rituales: Rosario de la Aurora (Octubre), Misa de Ánimas (sábado inmediatamente posterior al día de los fieles Difuntos), Misa de Vispera de Gozo de Santamaría (domingo inmediatamente anterior al día de Navidad), Misa del Gallo, Misa de Navidad, Pasacalles de Inocentes y Carrera de pedimenta navideña.

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2. ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LA MISA DE ÁNIMAS Y LOS ANIMEROS DE CARAVACA

 

La cuadrilla música de la Hermandad de Ánimas, los Animeros de Caravaca de la Cruz, herederos de una tradición secular, son sin duda uno de los pocos testimonios vivos del patrimonio etnográfico del sureste español. Hace  ahora 30 años, un grupo de jóvenes se incorporó a estas tradiciones y , junto con viejos animeros, volvieron a poner de nuevo la cuadrilla y su música en la calle y en las iglesias de Caravaca de la Cruz.

La Misa de Ánimas que se toca en Caravaca, siempre el sábado siguiente al día de los fieles difuntos, tiene el sabor auténtico de la ranciedad de su repertorio ancestral y de las formas interpretativas que transmiten la contundencia de su raiz popular tradicional. Los músicos  animeros son, en su mayoría,  simples aficionados que han aprendido a interpretar de oir a los antiguos animeros . La Misa de ánimas de los Animeros de Caravaca  es también una misa singular en el contexto regional. Las piezas que se interpretan de una personalidad indiscutible, la instrumentación genuina de la cuadrilla y el marco incomparable de la Iglesia de El Salvador, la hacen un referente fundamental de la liturgia musicada tradicional en la provincia de Murcia.

Todos los instrumentos que toca la cuadrilla música de la Hermandad de Ánimas, son propiedad de esta y son fieles reproducciones de los tradicionalmente utilizados por esta Hermandad, de los que algunos está documentada su antiguedad en el último cuarto del siglo XVIII, obra del taller de Juan López, "lutier" y guitarrero afincado en Caravaca en esa época. Los originales --inutilizables por el deterioro y el uso-- son conservados en su mayor parte por esta Hermandad como un importante patrimonio musicológico. Desgraciadamente otros, los menos,  están en manos de particulares, o desaparecidos.

Los cordófonos de acompañamiento son de evidente origen barroco, al tratarse, en su mayor parte de instrumentos de cinco órdenes, excepto la  guitarra de ánimas que es de cinco órdenes y prima suelta. Los cordófonos melódicos, laudes, laudín y bandurrias, son también de seis órdenes..

La orquestación y la interpretación, es igualmente de clara reminiscencia barroca:  Presencia de un bajo continuo, muy cromático por la diversidad de timbres y afinaciones de los instrumentos que lo ejecutan (6 en total), sobre la que se va construyendo una permanente cadencia en donde la creatividad y pericia del interpréte es el único límite a las variaciones melódicas; busqueda sistemática del contracanto mediante escalados ascendentes o descendentes, arpegiados y acordes armónicos sincopados, mantenidos o trinados ..., con una presencia rítmica destacada.

La Misa de  Ánimas  que tocan los  Animeros es un documento etnográfico insólito que debiera preservarse y potenciarse y en todo caso proceder a hacer una grabación de calidad, antes de que el paso del tiempo pueda hacerla desaparecer definitivamente. A ver si alguna institución recoge el reto.

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Juan Montiel Vila
Animeros de Caravaca

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... AMOS PA LA CUADRA

                      

            Hoy , en los tiempos que vivimos hay mucha gente, sobre todo los más jóvenes y también por qué no, no tan  jóvenes , que no saben lo que es un  ”juego de cuadra.”

En los últimos tiempos estamos acostumbrándonos a otras modas para divertirnos, sobre todo importadas, que a mí personalmente me demuestran que más allá de estar a la moda , divierten poco y mal. No pretendo ser con esto radical, pero se deja de lado lo  que es la creatividad, la forma de hacerse la fiesta uno mismo ,en compañía de los demás, haciéndoles participes y con lo que es lo más importante ¡ DIVIRTIÉNDOSE!

Para mí,el significado de divertirse, no perteneciendo yo a la Real e Ilustre Academia de la Lengua Española , si no un “probetico pastor“, es sentirse, feliz uno mismo y repartirlo a los que le rodean,  sin dinamitar el respeto.

           Desde hace unos dieciocho años, de una manera particular venimos haciendo estos ”Juegos”.  Los  vimos en directo por primera vez , realizando un baile después de pedir por las Almas del Purgatorio, en la pedanía del Moralejo, de Caravaca de la Cruz , en torno al  año 1987.

Quedamos enamorados y como es normal cuando estamos en ese estado; hipnotizados.Somos de los pocos que los hacemos hoy en día. Aprovechamos  el escenario de La Fiesta de Las Cuadrillas de Barranda, con el apoyo logístico y moral de los Aguilanderos, para darlos a conocer, con el fin de que no se pierdan. Este es un escenario  muy importante a nivel cultural y sobre todo representa en vivo y en directo la Cultura de Tradición Oral, no pudiendo faltar este tipo de expresión espontánea y simpática, junto con la música y el baile. 

Consisten en una especie de “obra teatral” corta y cómica que implica  casi siempre al público presente; diferencia esencial a una obra de teatro.Antiguamente se hacían en cualquier tipo de evento, ya fuera un baile, fiesta, bautizo, boda, etc…

Los más graciosos y creativos de mozos o mozas, aprovechaban cuando el baile estaba en lo más interesante para romperlo. Para ello se metían en  la cuadra, de ahí su nombre, utilizándose la frase “amos pa la cuadra”, para estudiar, de una manera totalmente improvisada, la escena a representar y los papeles de cada uno. Las vestimentas eran los trapajos viejos, aperos y demás “enreos “ o “atarres” que pillaban sin previo preparativo.

Ya preparado, uno o varios rompían el baile o la fiesta formando un jaleo, lo más fuerte posible, seguidamente salían los demás para representar el “Juego”. Actualmente estamos recopilando “ Juegos” y los “adajos o adagios” de los que se hacían antiguamente, contactando personalmente con las pocas personas que todavía quedan, que los hacían. 

Los “ adagios”, son conjugar nombres de mozos y mozas de los alrededores, al azar con frases picantes con cierta rima. Se hacían trampas para conjugar algunos adrede. Estas trampas daban lugar a molestias e incluso enfados serios entre los vecinos, pero eran más las risas que las penas.

Modestamente inventamos e improvisamos nuevos “ Juegos” y “adagios”, para enriquecer aun más la Cultura propia de Nuestra Tierra, que forma parte de nuestro riquísimo patrimonio, que no debemos de olvidar. Olvidar esto, es no saber de dónde venimos y lo que realmente somos.  

No “enreandome”  más, acabo estas humildes palabras, agradeciendo de corazón a mis compañeros su apoyo. A Paquillo, Daniel (El Zagal ), José ( El Carambillo) , Paco Castillo, Antonio ( El Calderilla ),  Fernando Navarrete  y  otros … 

Por supuesto agradecer, valorar el grandísimo trabajo que realizan sobre todo los Aguilanderos de Barranda , con más corazón que dinero,  que la Fiesta sea posible año tras año.

José Carlos Ruiz ( el Abuelo ), enero de 2006 Sube al inicio de la página

 

                                                        Foto hecha en La Fiesta de Las Cuadrillas de Barranda en Enero del 2004

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