Llega el verano y con él, llega la fiesta. La mayoría de nuestras localidades se preparan de alguna manera para sacar adelante todo tipo de festejos. Se ha comprobado que durante el verano se celebran las dos terceras partes de las fiestas de España. Pero, ¿por qué tantas durante este período del año? ¿Son cuestiones religiosas? ¿Acaso climatológicas, con la llegada del buen tiempo? De todo hay, pero hemos de saber que casi todas las fiestas tienen un origen preurbano, procedentes del mundo rural. Siendo así, comprenderemos que desde los más antiguos tiempos, en el hemisferio norte, y concretamente, en el mundo mediterráneo, el verano ha sido tiempo de cosechas, y por lo tanto, el tiempo donde se producían los alimentos que permitían la vida.
No es de extrañar, que las distintas culturas celebraran los períodos en que la tierra daba sus frutos: fertilidad es vida. Pero, además, el verano comienza con el solsticio, el día más largo del año, cuando el sol está en lo más alto. Solía ser la fiesta más celebrada por casi todas las civilizaciones. Y comúnmente asociada al fuego, que se encargaba de quemar lo malo, purificándolo, y haciendo renacer un nuevo tiempo. No es casualidad que la fiesta del día de San Juan tenga tal importancia, con la gran cantidad de rituales que se asocian a ella.
Como la mayoría de las fiestas paganas, fue incorporada por el cristianismo a su calendario, cambiándole el sentido, ya que no se pudo impedir su celebración. No obstante, nuestra sociedad, con sus tintes mayoritariamente urbanos, teóricamente tan alejados del universo agrario, sigue festejando con otros nombres las mismas fechas en que lo hacían los antiguos celtas, semitas, egipcios, griegos, romanos..., y los que les precedieron; y, a veces, de la misma manera.
Algunas fiestas tienen algo que sobrevive al tiempo, a las culturas, o las religiones; están íntimamente unidas a nosotros mismos, al hecho social.; han vivido y han evolucionado con nosotros desde la noche de los tiempos. Y puesto que forman parte de nuestra esencia, nada mejor que dejarnos sumergir en ellas, disfrutándolas y haciéndolas parte de nuestra vida.
Manolo Sánchez
Antropólogo e Historiador