1. La importancia del calendario
En tanto el hombre primitivo, o antiguo, vivía pendiente de la naturaleza y sus cambios, especialmente en sus fiestas, la sociedad moderna se ha desvinculado de ella, llegando a desnaturalizar alguna de las celebraciones anuales estrechamente vinculadas en su origen a los cambios estacionales, particularmente la celebración del año nuevo. Reparemos en el absurdo que nos afecta, de situar la festividad de año nuevo en pleno invierno, cuando en la naturaleza aún no se ha producido ningún síntoma de cambio ni regeneración. Si uno mira al campo el 31 de diciembre, no tiene la sensación de que una etapa acabe y otra empiece. Y en realidad la fiesta de año nuevo primitivamente no tenía lugar en diciembre, sino al inicio de la primavera, cuando muere el invierno, la naturaleza se renueva y es perceptible que en el mundo comienza un nuevo ciclo. En Acad, como indican numerosas fuentes, la fiesta se llamaba A-ki-til y tenía lugar a finales de marzo, esto es, en el preciso momento en que el invierno muere y la naturaleza revive. En nuestra propia cultura, la celebración del año nuevo fue trasladada a las fechas actuales por decisión administrativa a fin de dar mayor realce a la fiesta de la Natividad del Señor.
Al igual que ésta, otras fiestas primitivas, al supervivir como meras costumbres folklóricas desconectadas de su significado religioso, sufren desplazamientos en el calendario. Este fenómeno es bien conocido por los antropólogos. No obstante, otros grupos de festividades, conservadas por el folklore, han guardado mucho mejor el sentido primitivo y su vinculación a los ciclos naturales, fundamentalmente el carnaval, las fiestas de mayo y algunos rituales primaverales, como la Quema del Judas.
En cuanto a ésta última, lo primero que nos llama la atención es su constancia en el calendario. No solamente en Aguilas, sino en otras partes de la región e incluso fuera de ella, según nuestras noticias, la fiesta ha tenido siempre lugar el Sábado Santo, es decir, coincidiendo con el final del invierno y el inicio de la primavera. Esto, unido al gesto de quemar un pelele, hace la ceremonia relacionable con los ritos del cambio de año.
2. La Quema del Judas
La fiesta popular conocida con el nombre de la "Quema del Judas" tenía lugar en los pueblos de la región de Murcia hasta su interrupción y cese definitivo, coincidiendo con la guerra civil.
La celebración no parece haber sufrido desplazamientos en el calendario, era típicamente primaveral y estaba fuertemente vinculada al Sábado Santo. Consistía en la confección de un pelele de forma humana, que se colgaba de una cuerda tendida entre dos balcones y al que se daba muerte ritual, a veces a base de disparos de escopeta. Cuando se daba por muerto al pelele, la gente solía romper contra el suelo cacharros viejos. Previamente a todo esto, unas cuadrillas pasaban por las casas pidiendo pucheros, cacharros y en general todo lo viejo que se pudiera entregar.
A menudo se describe a estas cuadrillas como formadas por personas jóvenes que llevan la cara pintada o tiznada de negro, en ocasiones aclarando que para ello se ha usado el hollín presente en la base de los pucheros.
En la localidad de Aguilas hemos recogido personalmente algunos informes durante 1.979. Según ellos, los tiestos resultantes de estrellar los cacharros contra el suelo delimitaban un área donde "no podía entrar el demonio".
Por otro lado, el psicólogo de Aguilas y activo antropólogo, D. Lorenzo Hernández nos ha proporcionado para la confección de este artículo una serie de valiosa información adicional, recogida por él mismo de diversos informantes locales. Sus datos son los siguientes:
1. Judas vende a Jesucristo y al resucitar él, se quema a Judas el traidor. Judas es un hombre vestido con trapos, de la parte del barrio, y a tiro limpio le pegaban fuego con cornetas y tambores. Esto se hacía más bien en los barrios bajos.
2. Se quemaba el Judas y se rompían cosas viejas. Se tiraba por los balcones y las terrazas todo lo viejo, que se guardaba para esta ocasión. De una esquina a otra se amarraba una soga y el Judas se colgaba en medio y se quemaba sobre las doce.
Antes era a las diez, pero se cambió por los señoritos, cuando cenaban.
3. En la quema del Judas se hacía un hombre de trapo y cuando resucitaba el señor, se quemaba sobre las doce de la noche.
Los muñecos los hacíamos entre todos los vecinos reunidos en una casa unos días antes. Cada uno ponía un trozo de muñeco.
Se daban porrazos y golpes en las puertas, se tiraban cacerolas al mismo tiempo que se quemaba el Judas, diciendo: "ha resucitado el Señor", con gran alegría.
4. El sábado de gloria resucitaba Jesús a las diez de la mañana. A las diez empezaban las campanas a tocar. Las mujeres iban de puerta en puerta rompiendo las ollas y los platos viejos de una vecina a la otra. Y al mismo tiempo se quemaba el Judas, y dentro había carretillas. |
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5. Quien tenía una escopeta con pólvora le disparaba al muñeco colgado.
6. El Judas se quemaba en la calle Triana, en la plaza de Abastos, en el Placetón, etc. Le pegaban fuego con una pistola a las diez de a mañana. Se rompían ollas y se iba lo ............ que hubiera. Se tiznaba a los primeros que pillaras, es la tradición. Tan solo en esa hora, después nada.
7. Se cambió la hora cuando un Papa dijo que el Señor resucitaba el sábado por la noche. Hasta que asfaltaron las calles.
Según esto, los rasgos que definen la fiesta son los siguientes:
a) En cuanto al momento en que se celebra, tiene lugar en primavera, y en concreto en el Sábado Santo, al parecer a las doce de la noche, si bien algunos testimonios se refieren a las doce de la mañana.
b) En cuanto al contenido esencial, se trata de la confección y muerte ritual de un pelele con escarnio y alegría públicas.
c) En cuanto a los ritos que acompañan al contenido esencial de la fiesta:
Aparecen cuadrillas con la cara tiznada de color negro. Las cuadrillas recogen por las casas los pucheros viejos. Se rompen estos pucheros al dar muerte al pelele.
Llegados a este punto, cualquier lector de Frazer tenderá a relacionar el pelele aquí apodado Judas con los que por toda Europa era costumbre confeccionar y quemar ritualmente en primavera como signo del año que termina. Pero no es nuestra intención pasar a examinar la amplia materia de los ritos agrícolas de cambio de año.
Baste remitir a quien sienta curiosidad por esta materia a la voluminosa Rama Dorada, obra básica del grandioso y hoy menospreciado Frazer.
3. La vuelta de los muertos
Hemos estudiado en un trabajo anterior el ritual de la quema de judas, fundamentalmente en cuanto a la costumbre asociada de romper cántaros, tratando de interpretar su significado con el apoyo de cuentos populares en los que romper cántaros aparece como una especie de gesto ritual ante la muerte.
Ahora bien: El hecho de que las cuadrillas vayan por las casas recogiendo los pucheros y las cosas viejas, constituye en sí mismo un signo de renovación que nos parece claro; pero que los integrantes de estas cuadrillas se pinten la cara de negro se nos antoja revelador. Hay algunos pueblos primitivos que celebran una llamada "fiesta de los muertos" donde los difuntos vuelven con los vivos, se apoderan de sus cuerpos y bailan en una celebración nocturna hasta el frenesí. El color negro está asociado a la muerte. Las alusiones poéticas al más allá en algunos textos griegos hablan de la "negra tierra". Los animales de color negro, en el folklore, tienen un valor ambivalente. Por una parte acarrean mala suerte, pero por otra traen la abundancia y son de buen agüero.
Esto se debe al valor ambivalente que tiene el mundo infernal, que se caracteriza también por la abundancia. La prueba de ello es que hay leyendas catalanas donde un pastor ve aparecer de un lago un mardano negro que fecunda a todas las ovejas y las hace parir unos animales enormemente robustos. En algunos casos esto se produce después de proferir una maldición invocando al diablo (Així sortís un mará encara que fos el diable!), de donde este mardano negro, que aparece a la imprecación, es el diablo mismo.
Por todo esto, nos parece que estas cuadrillas que aparecen con la cara tiznada pueden simbolizar a los muertos que han salido por una hora de la negra tierra y se mezclan con los vivos.
4. La hora de los difuntos
Esta posibilidad la realza el hecho de que la fiesta tenga lugar, no sólo un día muy preciso, sino a una hora muy definida, que primitivamente debió ser las doce de la noche. Multitud de cuentos populares, así como tradiciones folklóricas, reiteran que las doce es la hora de los difuntos, un momento en el que, por alguna especie de misteriosa ley, las puertas del más allá se abren y los difuntos pueden salir de él para corretear entre los vivos. Muchos cuentos populares se refieren a este episodio, siendo clásico aquél en el que el héroe debe averiguar el secreto que afecta a cierta princesa, a cuyo fin debe penetrar en un castillo o en determinada habitación y velar, evitando dormirse. Indefectiblemente, a las doce de la noche el lugar se puebla de duendecillos o seres sobrenaturales que provienen del lugar genéricamente llamado el reino mágico y que, en un sentido poético, suele simbolizar el mundo de ultratumba.
Ahora bien: la Quema del Judas tiene lugar, no sólo en la hora que hace de bisagra entre un día y otro, sino además en el momento en que el año viejo muere y el nuevo nace, por lo que la ruptura temporal es doblemente intensa. Se trata de un instante en el que, por así decir, se produce una especie de falla en el tiempo, una falla entre el día y la noche, entre el año viejo y el nuevo. Es congruente que los difuntos, en este caso esos posibles difuntos que son los hombres con la cara tiznada, puedan encontrar aquí el mejor momento para venir con los vivos.
5. Renovación cósmica
En otro trabajo anterior hemos hecho hincapié en el ritual de iniciación y la importancia de la representación del cadáver del iniciado. Allí defendíamos que la suciedad ritual del iniciado obedece a la necesidad escénica de dejar, cuando llega a su meta y se lava y se cambia de vestido, un cadáver visible que simboliza el cadáver del hombre viejo, formado por los vestidos viejos y sucios.
La muerte del año viejo y el inicio del nuevo significa una crisis cósmica que se resuelve, desde el punto de vista del rito, como una iniciación, donde lo viejo perece y deja paso a lo nuevo.
Los ritos iniciáticos en las sociedades primitivas tienden a subrayar la muerte del hombre antiguo y el nacimiento del hombre nuevo. En cuanto al primer aspecto, el iniciado recibe un nuevo nombre, es alimentado sólo con leche y tratado en todo como a un niño pequeño. En cuanto al segundo, entre otros rasgos, a veces el novicio debía a veces arrastrarse por debajo de cadáveres descuartizados.
Entonces proponíamos la idea de que si el novicio o el difunto tienen prohibido lavarse es porque deben dejar un cadáver visible cuando llegue el momento del renacimiento. Un cadáver que estará constituido por sus viejos vestidos, por las cortaduras de su pelo y uñas y por la suciedad acumulada en su cuerpo.
Así, la prohibición de lavarse busca la formación de una especie de cadáver visible, y la suciedad del difunto o del peregrino es como la suma de todas aquellas imperfecciones e ignorancias que dejará apartadas a un lado cuando pase la puerta del reino encantado.
Ahora bien: El ritual iniciático es un rito de renovación, pero también lo son, por definición y esencia, los ritos del año nuevo.
Y, en este caso, la muerte no sólo viene representada por la incineración ruidosa de un pelele que pudiera significar el año que muere, sino que, para que la comunidad pueda participar y, por así decir, comulgar con la renovación cósmica, debe aportar esos pucheros viejos destinados a ser rotos en la fiesta, que son como la suciedad del héroe que soporta el viaje iniciático, como la suciedad del difunto en busca del más allá, como la suciedad que acumula Gilgamesh, quien, en busca de la vida inmortal, no se lava ni se cambia de vestido hasta llegar al monte Nisir, donde alcanza su meta y se produce su renovación iniciática.
6. Cerámica asesinada
Como se ha dicho, la cerámica se rompe intencionadamente en ciertos rituales funerarios porque debe ser "asesinada" a fin de poder entrar en el reino de los muertos, pues en él todo es al contrario que en el mundo de los vivos, y por tanto la cerámica rota en el mundo de los vivos estará completa en el mundo de los espíritus. En un tercer trabajo, a este efecto le hemos llamado efecto speculum, encuadrable como una serie de manifestaciones paradójicas simbolizan el mundo del más allá. Allí el sol viaja durante la noche de occidente a oriente, los ríos fluyen hacia su nacimiento, las canoas navegan boca abajo, cada palabra significa lo que su antónimo en el reino de los vivos, etc. También una vasija de cerámica que en el reino de los muertos está completa está rota en el mundo de los vivos y viceversa. Por esto la costumbre de asesinar cerámica y de destruir el ajuar funerario en general, común a distintas culturas, incluyendo la ibérica donde, como es sabido, las armas del guerrero muerto son introducidas con él en la tumba previa su deformación.
Una última manifestación de este rito, que no se recogió en aquel trabajo, fueron los rituales por la muerte del hijo de Indira Ghandi, muerto hace pocos años y en cuyas honras fúnebres se procedió con gran formalismo a ejecutar este rito ancestral, rompiendo una vasija ante la pira funeraria.
Por tanto, la ruptura ritual de cántaros puede estar relacionada con el mundo del más allá.
Esta hipótesis de trabajo conviene mucho a un ritual como el de la quema del Judas, donde la muerte es central por el mero hecho de que el ritual consiste en la muerte ritual de un personaje representado por el pelele. En el caso de la Quema del Judas, este significado es perfectamente complementario de la hipótesis que proponemos: la cerámica se rompe porque la comunidad necesita representar vitalmente, es decir, vivir y experimentar, su propia renovación para participar de la renovación del universo. Pero la cerámica rota, que es el mismo material que se ofrenda a los muertos en la tumba, pertenece ya al mundo de los muertos, porque ha sido previamente matada de forma ritual.
7. Conclusiones
Como breves conclusiones, citaremos las siguientes:
a) La Quema del Judas es un festival que probablemente, en solitario o conjuntamente con otros, señalaba en una época primitiva la muerte del año viejo y el advenimiento del nuevo.
b) Esta significación se producía a través de un agudo simbolismo funerario, caracterizado por las siguientes notas:
- Presencia de cuadrillas de jóvenes que recogen por las casas pucheros viejos y llevan las caras tiznadas de negro, personajes identificables provisionalmente con difuntos que vuelven del mundo de ultratumba en este preciso momento.
-Muerte ritual de un pelele.
-Ruptura ritual de cántaros.
c) El simbolismo funerario viene acompañado de un mecanismo colectivo de catarsis, limpieza, renovación y renacimiento, cuando la sociedad en su conjunto decide permanecer ritualmente impura, conservando conscientemente las cosas viejas hasta la llegada de la Quema de Judas, en cuyo momento, de modo ritual y público, la renovación ceremonial de la colectividad se produce mediante la entrega a los grupos de gente con la cara tiznada de todo lo viejo, particularmente los pucheros, que serán rotos a la muerte del pelele. El pelele, como probable personificación del año que ha muerto, viajara simbólicamente al mundo de ultratumba, acompañado de la cerámica rota/muerta y posiblemente escoltado o guiado por la turba de difuntos representada por las cuadrillas de la cara tiznada.
Acabemos afirmando que la Quema del Judas es una celebración de enorme valor antropológico, no sólo por la cantidad y calidad de información que contiene, sino por su llamativa fidelidad a una fecha fija en el calendario. A nuestro juicio, futuros estudios deberían profundizar, entre otros aspectos, en la función de las cuadrillas y la presencia de caras tiznadas de negro, investigando lo relacionado con la apariencia de negritud, su vinculación con el hollín de los viejos pucheros y describiendo con la mayor fidelidad la conducta de estas cuadrillas desde los momentos iniciales hasta la conclusión de la fiesta.
J. Ortega
lugalbanda@redestb.es
Publicado en El Carnaval en Aguilas, Aguilas 1.995.