La
Ronda: Introducción conceptual
La Ronda de
Motilleja es una de las pocas rondas tradicionales manchegas que
mantienen viva la transmisión cultural generacional, tanto en el
repertorio como en las formas de interpretar, tocar y cantar el mismo.
En la actualidad, la Ronda cumple la función de utilizar este modo de
expresión popular de la tradición motillejana para diversión de los
propios músicos y de quien gusta de las músicas y bailes que
interpretan. La Ronda de Motilleja está formada por músicos locales
que han recogido el fruto de una tradición cultural festiva muy
arraigada en esta población y que, con su actividad de hoy, realizan
una meritoria labor de conservación, valorización y actualización de
uno de los repertorios de la música tradicional más interesantes de la
vasta región manchega y del sureste peninsular. La Ronda, una Ronda
como tal, se podría definir como el grupo de músicos aficionados que
tocan instrumentos populares y cantan temas de la tradición oral,
propios del calendario festivo de cada pueblo, ya sean del ámbito
privado o público, (aguilanderos, mayos, pasacalles, bailes,
celebraciones varias, etc.). Este tipo de agrupación musical, aunque
en algunos casos con matices diferenciadores, es conocida en otros
lugares como Cuadrilla, en Murcia, Panda, en Málaga, Parranda, en Canarias, Colla, en Valencia, y Ronda en las comarcas manchegas, en Extremadura y en numerosas zonas de
Castilla y Aragón, etc. La Ronda manchega se caracteriza por no ser un
grupo organizado, no pertenecer a ninguna cofradía religiosa, ni
participar en celebraciones rituales, generalmente. Por el contrario,
es de creación espontánea e independiente, y basa su actividad en el
mantenimiento del elemento musical en fechas determinadas del
calendario cíclico festivo de cada comunidad rural, por un lado (las
rondas de mayos y aguilandos son claro ejemplo de ello); y, por otro,
en el uso de manera arbitraria del repertorio tradicional así como de
la inclusión de nuevos ritmos que las modas imponen, en reuniones
informales, familiares, de amigos, donde mantener el ambiente de
fiesta y diversión es lo único importante, su razón de ser; o bien los
músicos de la Ronda son contratados ad hoc para hacer los
bailes de bodas, participar en murgas de Carnaval, realizar los bailes
del domingo, etc. La Ronda no tiene una composición fija en número de
componentes, puede estar formada por tres o cuatro músicos y llegar
hasta una docena. Tradicionalmente los músicos siempre han sido
hombres y todos eran considerados por igual salvo el director, cuando
lo había, que era el encargado de decir lo que había que tocar, dónde,
y cuándo, y era quien enseñaba las piezas nuevas, afinaba los
instrumentos, daba las entradas y hacía los solos. Las Rondas usan
instrumentos populares de cuerda propios de la zona (guitarra,
bandurria, laúd, octavilla, guitarro, requinto, etc.); a veces
utilizan instrumentos de la música culta popularizados y adaptados al
repertorio de cada lugar (violín, acordeón, flauta, etc.) y también
pueden acompañarse de instrumentos de percusión tradicionales (botella
labrada, almirez, hierrecillos, panderetas, panderos, platillos,
zambombas, etc.). Por tanto, podemos asegurar que la Ronda es un
verdadero vehículo de transmisión cultural y herramienta de autoestima
e identidad grupal.
Motilleja, pueblo de La Manchuela:
Localización y territorio.
En
la actualidad, Motilleja es un municipio fundamentalmente agrícola que
cuenta con 600 habitantes aproximadamente y se encuentra situado al
noreste de la provincia albacetense, a 25 Kms. de la ciudad de
Albacete, en la comarca de La Manchuela. Es ésta una comarca
compartida entre las provincias de Cuenca y Albacete que se define en
un territorio común entre los ríos Júcar y Cabriel, y en la que las
distintas civilizaciones antiguas de la Península dejaron su huella y
un pasado esplendoroso a la vista de los numerosos vestigios
conservados con el paso de los siglos: yacimientos de poblamientos
ibéricos, restos de calzadas y villas romanas, fortalezas árabes,
castillos medievales, iglesias, murallas, puertas blasonadas, etc.
Viajar por la Manchuela supone descubrir y encontrar todo un
interesante conjunto de elementos culturales y patrimoniales que la
identifican como comarca y le otorgan su propia idiosincrasia, su
razón de ser. Tal vez sea su situación geográfica, entre dos ríos, tal
vez sea su amalgamado paisaje que transcurre entre hoces fluviales,
pinares, planicies y altozanos, o quizás sea su historia común, tan
ligada al pasado medieval del marquesado de Villena, o simplemente su
vinculación con el entorno físico mismo en forma de territorio
cultural campesino, agrario o rural, hacen de La Manchuela un espacio
de altísimo interés histórico, natural y cultural.
Los rasgos humanos y sociales de esta comarca constituyen otra
característica cultural importante y diferenciadora, puesta de
manifiesto en un riquísimo calendario festivo donde los
acontecimientos se suceden cíclicamente en cada uno de sus pueblos
(fiestas patronales, mayos, carnavales, alardes de moros y cristianos,
romerías, aguilandos, etc.)
Por otra parte, la fisonomía más tradicional de los pueblos de la
Manchuela ha sufrido los indefectibles cambios provocados por la
moderna construcción y el mayor nivel de vida, desapareciendo, en
muchas ocasiones, una arquitectura tradicional y popular específica
que, a pesar de todo, nos ha dejado algunos de sus elementos más
característicos como son: las fachadas enjalbegadas, blancas, las
rejas de forja, los tejados a una agua, el trazo urbanístico medieval
en algunos casos, las edificaciones sociales e históricas (posadas,
ventas, pósitos...), plazas y callejuelas, que todavía hoy le dan un
magnífico sabor aromático de rancio abolengo a muchos rincones y
esquinas de los pueblos manchuelos.
A la hora de comer, toda una amplia cultura gastronómica basada en los
productos del terreno se descubre al paladar. Así, platos como el ajo
arriero, mataero o atascaburras, cuyo principal ingrediente es la
patata, los gazpachos, realizados con una torta de pan cenceño, los
potajes de legumbres, las gachas, guisadas con harina de guijas, o la
caldereta de cordero, pueden convertirse en suculentos manjares para
cualquier comensal ávido de encontrar los nuevos y ricos sabores de
estas tierras. Sin olvidarnos del champiñón como producto estelar y
aglutinador de la comarca. Por otra parte, los vinos de la Manchuela
son excelentes y de gran calidad, ya sean tintos, blancos o rosados, y
son etiquetados cualitativamente bajo la denominación de origen
Manchuela. Y los dulces, siendo los más populares las tortas de
manteca, los sequillos, los rolletes de sartén y los mantecados de
almendra, que se pueden encontrar en cualquier tahona de nuestros
pueblos.
El pueblo de
Motilleja se encuentra a 650 metros sobre el nivel del mar en una
pequeña elevación de la llanura manchuela, cercana, siquiera 2 Kms.,
al río Júcar. Muchas fueron las aldeas que en torno al río surgieron
al amparo del núcleo urbano motillejano poblando la ribera del río.
Los años 60 y 70 del pasado siglo produjeron el mayor descenso
demográfico de la población, tanto en las aldeas del río (hoy todas
desaparecidas) como en el pueblo propiamente dicho, debido a la
emigración a las ciudades (Valencia, Barcelona, Albacete, y también a
Francia) de cientos de personas en busca de nuevas oportunidades de
vida y trabajo. El cambio tan importante de las faenas agrícolas que
supuso la transformación en regadíos de las tierras de secano frenó la
caída demográfica y estabilizó la población actual.
La iglesia
parroquial es de estilo barroco y, con su gran torre, se impone en el
llano motillejano. Se terminó de construir el año 1787 y mantiene su
advocación a Santa Ana, patrona de la localidad. A los pies de la
iglesia se encuentra la Plaza Mayor, pequeña y coqueta, de urbanismo
cerrado y con un antiguo reloj de sol. Las calles de la población son
largas y rectas de marcado carácter manchego.
La artesanía más
destacada de Motilleja es el encaje de bolillos que elaboran con
esmero muchas mujeres de la población, y las fiestas más importantes
son: las patronales en honor a Santa Ana, en las últimas semanas de
julio; San Isidro, patrón de los campesinos, el día 15 de mayo; los
mayos, con cantos populares en la iglesia y calles del pueblo, en la
noche del 30 de abril; el período de la Navidad, con rondas de
aguilandos por las casas del pueblo; y, por supuesto, el encuentro de
rondas populares conocido con el nombre de La Chicharra, fiesta ésta
previa a las fiestas de Santa Ana y a la que dedicaremos más espacio
posteriormente.
Por último, cabe
decir que el motor económico motillejano, como ya hemos dicho, lo
constituye la agricultura de regadío, apoyada y promocionada con
firmeza en las últimas décadas con el fin de consolidar y favorecer la
estabilidad y la calidad de vida de todos los habitantes de este
pueblo albacetense, manchuelo y manchego.
Rondas en
Motilleja: Evolución histórica
Como otras muchas
actividades cotidianas llevadas a cabo por el pueblo llano en
cualquier ámbito, que no son documentadas ni reflejadas históricamente
de ninguna manera, y, en nuestro caso, por tratarse de agrupaciones
espontáneas de personas creadas para divertimento de ellas y de los
demás, es difícil acertar con el origen cronológico de este tipo de
agrupación musical, de esta forma de expresión popular surgida a
través de la música, y conocida hoy, y ya en el siglo XIX y XX, con el
nombre de Ronda. No nos cabe duda que, atendiendo a los orígenes de
algunas de las piezas que conforman el repertorio tradicional de la
música popular de Motilleja, es posible pensar que desde el siglo
XVIII se toca, se canta y se baila en Motilleja y sus aldeas ribereñas
con una clara y evidente transmisión generacional local de formas
rítmicas, interpretativas, vocales, instrumentales y coreográficas.
La primera Ronda
que podemos datar fielmente en Motilleja es la denominada Ronda
de Pedro o Ronda de Perico Coronel que ya se
hacía oir allá por el año 1917 por las calles del pueblo y que
estaba compuesta por Pedro Ruipérez (voz y guitarra), José Cuesta (voz
y guitarra), Juan José Leal (laúd), y Bernabé Cebrián (octavilla).
Precisamente será éste último, Bernabé Cebrián, quien vaya enseñando
el repertorio a nuevos músicos. Además, Bernabé Cebrián es el origen
de una saga de músicos locales que sigue viva en la actualidad ya que
su hijo Pascual, su nieto Antonio, y su bisnieto Enrique, son
verdaderos continuadores de la tradición musical familiar y ejemplo
vivo y diáfano de la transmisión generacional motillejana a la que ya
nos hemos referido y aludido en varias ocasiones.
Aproximadamente en
el año 1925 se creó una nueva Ronda propiciada por Bernabé
Cebrián y Modesto Monteagudo. Son años en los que la música más
tradicional comparte protagonismo con nuevas melodías que la moda
imponía (pericones, mazurcas, valses, polcas, javas, pasodobles,
etc.), lo que obligaba a la modernización del repertorio e incluso al
cambio de nombre de Ronda por Banda, de tal forma que en esos años
podemos hablar de la popular Banda de Modesto. Esta
nueva agrupación estuvo formada por Modesto Monteagudo Alcañiz
(guitarra), Amador Monteagudo Alcañiz (violín), Bernabé Cebrián
(octavilla), Pascual Cebrián (voz y laúd), Damián Navarro (laúd) y
Anita Cuesta (bandurria). Algunas veces, y si lo requería la ocasión,
Modesto, que era quien contrataba las actuaciones, traía también
algunos músicos de pueblos vecinos para apoyar y reforzar la Banda,
como fueron un acordeonista de Tarazona de la Mancha o un guitarra de
Valdeganga.
La guerra civil
española de 1936 provocó la disolución de la Ronda e incluso la pérdida de alguno de
sus miembros en la contienda. La crisis económica y social de los
primeros años de posguerra obligó a las gentes de España entera a
pensar más en llenar la barriga que en cantar o bailar. Con el paso de
los años la vida se fue remontando y con ella los músicos volvieron a
tener la ilusión por rondar y templar sus instrumentos pero un nuevo
presente, ideológicamente dirigido por el poder político establecido,
propiciaba la creación de grupos de coros y danzas (también después
conocidos como de educación y descanso), así llamados por la Sección
Femenina del Movimiento, organismo oficial que se puso al frente de
este tinglado, con la intención de clasificar el folklore por
provincias, recopilar músicas y bailes que, erróneamente en muchos
casos, se dieron por muertos, y con el fin de estructurar todo el
material recogido en simples exhibiciones de escenario y convertir ese
“nuevo folklore” en un espectáculo oficial y oficializado
transformando toques, cantares y bailes en ritmos simples, coplas
censuradas y coreografías inventadas, es decir, se instauró un
“folklore oficial” que, curiosamente, era bien distinto al
tradicional. Mientras, los viejos músicos de la Ronda, de las Rondas,
seguían tocando y echándose unas piezas con sus amigos y familiares,
al amparo de un vaso de vino y una sartén de gachas, fieles a una
tradición que en sus manos, en sus instrumentos y sus gargantas sí
seguía viva, y las gentes que siempre habían bailado con sus pasos de
jota, de fandango o de seguidilla, continuaban haciéndolo, de manera
natural, sin necesidad de colocar los brazos de una manera u otra, o
cambiar de pareja en el sexto o noveno compás, o disfrazarse con un
absurdo y falso refajo “típico”. Como consecuencia de esta desgraciada
política cultural se unificó y “uniformó” todo el folklore y se metió
en un mismo saco músicas y bailes para mayor gloria nacional y,
además, sólo fue legítimo durante muchos años tocar y bailar en grupos
de coros y danzas, que respondían a idénticos criterios y a una única
forma de ver y entender el folklore musical y coreográfico, lo que
supuso una pérdida irremediable de no sólo buena parte del repertorio
más tradicional, sino de fuentes de información, de formas de
interpretación, metodologías de enseñanza, peculiaridades artísticas,
y singularidades de actuación musical, vocal y coreográfica que habían
transmitido las generaciones precedentes. Las manifestaciones vivas de
la cultura tradicional campesina, como las Rondas, van a ser olvidadas
de manera intencionada por los medios de comunicación del régimen,
incluso por una inducida y apática sociedad, difundiéndose
exclusivamente el “folklore oficial”, “el folklore verdadero”.
Lo cierto es que
en Motilleja los músicos locales, “a su chini chana”, siguieron
tocando, sobre todo en los mayos, en Santa Ana y en el Cristo, y
enseñando las piezas más antiguas de la tradición, “las de siempre”,
las denominadas “de baile suelto”, a los más jóvenes, junto a los
temas más innovadores o modernos llamados “de baile agarrao”, a pesar
del empuje de la modernidad, imparable, que imponía los bailes de
gramola y tocadiscos, con más posibilidades de variedad de piezas,
frente a los músicos locales de la Ronda quienes debían constantemente
ponerse al día y actualizar su repertorio incluyendo siempre nuevas
piezas de baile para poder competir con aquéllos.
Durante los años
50 destacan dos grupos de músicos, dos Rondas, que hacían los dos bailes
del domingo en Motilleja: el baile del cupo forzoso y el baile de la penicilina. Tal vez influidos por herencia de la
penosa guerra que les tocó sufrir, los dos bailes se convirtieron en
una “trinca” absurda que provocó un distanciamiento enorme entre
vecinos y hasta entre miembros de una misma familia ya que un baile
era considerado como de “los ricos” (de derechas) y el otro como de
“los pobres” (de izquierdas), y los que iban a uno no iban al otro y
viceversa.
En la década de
los años 60 del siglo XX se perdió casi por completo la
organización de los bailes de los domingos y festivos por parte de la
Ronda o Rondas. Poco a poco la música más tradicional, la más nuestra,
la más popular, se iba arrinconando y las gentes comenzaban incluso a
no pedirla por considerarla agotada, caduca y fuera de moda. La
modernidad mal entendida, la influencia de la radio, con sus coplas o
canciones españolas y programas de discos dedicados, junto a la
incipiente televisión empezaban a hacer mella y herir de muerte a los
músicos tradicionales quienes, en un arrebato de amor a lo aprendido
de sus mayores, continuaban tocando y enseñando a nuevos músicos
quienes mantenían la interpretación y la ejecución del repertorio
festivo cíclico más público, como era la noche del 30 de abril con sus
rondas de mayos, a la Virgen y a las mozas, o la ronda de las coplas
aguilanderas de la Navidad, o tocaban por Santa Ana y por el Cristo
por las calles del pueblo. Tampoco faltaban las “zahoras” de amigos,
meriendas y comidas festivas en las que la música y la “cuerva” no
podían faltar. Curiosamente, en 1965 se crea en Motilleja el grupo
local de coros y danzas sin contar con los músicos tradicionales del
pueblo y trayendo a tocar a la rondalla de Navas de Jorquera, con lo
que en vez de tocar el repertorio de la tradición oral motillejana se
reinventa un nuevo folklore para este grupo con otros bailes y músicas
ajenos al pueblo.
En los años
posteriores a 1970 se produjo la gran crisis demográfica que trajo
consigo la emigración a la ciudad de muchas familias motillejanas. La
música realizada por los músicos locales se reduce ya a celebraciones
privadas, cada vez más esporádicas y cada vez más de puertas adentro
que en la calle. El cine sustituye definitivamente a los bailes
mientras guitarros, octavillas, violines, guitarras, bandurrias y
laudes comienzan entonces a colgarse en las paredes como elementos
decorativos de muchas casas o a guardarse en las “cámaras” junto a los
muchos trastos viejos que la modernidad y el desarrollo iban
provocando y acentuando su caducidad. Algunos músicos siguen
desarrollando su afición en sus casas, de manera individual y
particular, aisladamente. Sirva como anécdota la afición musical de
Pascual Cebrián “El Blanco” (hijo de Bernabé, padre de Antonio y
abuelo de Quique, la saga de los Cebrián, músicos populares de
Motilleja), de oficio barbero, que deleitaba a sus clientes tocando su
viejo laúd mientras les afeitaba o cortaba el pelo, quien cuando tenía
la faena a medias dejaba la navaja o las tijeras y decía “te voy a
tocar una pieza”. Cogía su laúd tocaba una o dos piezas y después
continuaba con el servicio solicitado por el cliente.
Será la década de los años 80 la que vuelva a desempolvar los viejos instrumentos y
se retomen las coplillas y cantares de los ya abuelos músicos que,
como el mejor tesoro, guardaban en su memoria todo un saber popular,
tradicional, muchas veces despreciado y poco valorado. Todo ello
gracias a una nueva moda que va a revalorizar y a actualizar algunos
de los elementos más importantes de la cultura tradicional campesina.
Se crean asociaciones culturales que dedican su esfuerzo a recuperar
tradiciones en vías de extinción. Se crea un nuevo grupo de folclore,
que coexiste con los coros y danzas locales durante un tiempo, y surge
también la asociación de amas de casa de Motilleja y su inquietud por
enseñar a hacer encajes de bolillos o la gastronomía más tradicional,
y aprender a bailar jotas, seguidillas y fandangos.
La década de los años 90 y los últimos años del siglo XX, principalmente, ponen
de manifiesto el especial interés de las nuevas generaciones y las
instituciones públicas por actualizar y valorar culturalmente y en su
justa medida el saber de nuestros mayores, definido en toda su
extensión como la cultura tradicional campesina. Algunos estudiosos,
etnógrafos y antropólogos, como Manuel Luna o la Asociación Cultural
Ronda de Los Llanos de Albacete, rescatan y ponen en valor las
músicas, los instrumentos y los bailes ya casi desaparecidos
socialmente haciendo entender a todos la importancia y el valor
cultural del fenómeno de la Ronda como recurso patrimonial del pueblo.
Desde
las diversas Asociaciones de Motilleja se realizan importantes
actuaciones de recuperación de costumbres y tradiciones, entre las que
destaca la formación de la Ronda al más puro estilo tradicional, ya
que se parte de la unión de los viejos músicos locales, quienes van a
decir cómo hay que hacerlo, cómo hay que tocar y cantar, junto a un
nutrido grupo de jóvenes entusiastas quienes vuelven a sentir la
música tradicional como suya, como algo que les llega muy dentro y les
impregna, como algo que les pertenece simplemente por ser motillejanos,
y retoman de nuevo la denominación de Ronda, en este caso como la Ronda de Motilleja. Para ello, los nuevos músicos van a
utilizar el repertorio tradicional con el que varias generaciones
cantaron, tocaron y bailaron en Motilleja y en las aldeas de la ribera
del Júcar, la manera y las formas de interpretar esas piezas, los
instrumentos más populares, las coplillas, los rituales, etc.
El siglo XXI, por tanto, nos va a mostrar, excepcionalmente, la actualización de la
Ronda como elemento perfectamente válido y actual, heredado de la
tradición lúdica y festiva de Motilleja, con capacidad suficiente de
obtener esa clara, y casi exclusiva, funcionalidad de diversión, fuera
de su primitivo origen pero inevitablemente unido a él, encadenado en
él, inducido por él, evolucionado de él. El origen de la Ronda, de las
Rondas, tal vez sea difícil de precisar, y a mi juicio, ni falta que
hace; lo que sí sabemos es que se trata de una tradición viva en
Motilleja que ha ido evolucionando, adaptándose a todas las épocas, a
los tiempos, y actualizándose per se, como legado de la cultura
tradicional campesina de nuestros antepasados. No será extraño al
visitante de Motilleja encontrar a la Ronda en el bar, en la taberna,
templando sus guitarros y echando unas piezas, sin necesidad de crear
un espectáculo folklórico, sin necesidad de un escenario, sin
necesidad de grandes carteles anunciadores, sin necesidad de que el
día sea festivo o no lo sea, sin alharacas, simplemente sintiendo la
necesidad de expresión, comunicación y de divertimento que tantos
músicos motillejanos sintieron en tiempos pretéritos.
Jotas, fandangos,
seguidillas, rondeñas, torrás, tonadas, jeringonzas, toreras,
aguilanderos, mayos, forman su repertorio; la improvisación dentro de
un orden, las inflexiones de voz, los melismas, el vigoroso toque de
guitarros y guitarras, la libertad de ejecución en entradas de jotas o
fandangos, los golpes de percusión, el inicio de los temas únicamente
con el ritmo básico de una guitarra, el rasgueo más primitivo y
diferenciado, las guitarras cruzadas en afinación, las coplillas
inventadas e improvisadas, el baile espontáneo, son sus maneras, sus
formas interpretativas; la octavilla, el laúd, la bandurria, las
guitarras, el requinto, los guitarros, los platillos, el pandero, las
panderetas, las castañuelas, la botella de anís, el cántaro y las
voces, son sus instrumentos; el buen hacer, las ganas de divertir y
divertirse, la autenticidad, la sencillez, la armonía, la fiesta, la
amistad, la generosidad y el respeto a la tradición, son aspectos de
su filosofía, de su sentido actual, de su función social, de su razón
de ser. La Ronda de Motilleja es una linda y saludable excepción en el
panorama musical de Castilla y La Mancha, una excepción que hay que
conocer, que hay que cuidar, que hay que valorar, que hay que amar,
que hay que mimar, que hay que respetar para poder gozar, para poder
sentir, para poder vivir, para poder entender la música tradicional,
la música de un pueblo, en su estado original, en su medio natural, en
su esencia espacio-temporal y ritual; sin adulteraciones, sin
necesidad de intuir, imaginar o reinventar nada, sin acudir a
nostálgicos y pedantes costumbrismos rurales, sin crear hipócritas y
vacías solemnidades, sin necesidad de ofrecer grandes piezas musicales
para lucimiento de virtuosos instrumentistas. La Ronda de Motilleja
existe, es, está, en la calle, en la plaza, en un patio, en un porche
o en la taberna, pa echar unos cantares, pa tocar unas piececillas,
pa echar unos beiles y unas güeltas al aire, ¡ea!.
Músicas, cantares
y bailes: El repertorio
En
Motilleja se puede estudiar la música tradicional desde el prisma
óptico de cualquiera de las diferentes clasificaciones que estudiosos
de toda España han descrito con anterioridad para el análisis
científico de la música popular en general. Los ciclos del año, los
ciclos de la vida, los ciclos litúrgicos, los cantos profanos, los
cantos religiosos, las músicas festivas, las músicas para el baile, o
los propios bailes sueltos y “agarraos” están presentes y muy vivos en
las gentes motillejanas que entienden y valoran eso que les pertenece,
“lo de siempre”. Por tanto, no vamos a ser nosotros quienes hagamos
una descripción metodológica ni científica, ni vamos a sentar cátedra
en algo que ya está más que estudiado y divulgado. Para hablar del
repertorio de la Ronda de Motilleja vamos simplemente a relatar de
manera sencilla cómo se estructura y se usa, como se llama y cómo se
utiliza, cómo lo sienten las gentes de Motilleja, quienes lo perciben
como suyo, como patrimonio propio que les pertenece.
Así,
tenemos que empezar hablando de los “estilos” que se fundamentan y se
agrupan según la función que desempeñan, principalmente se diferencian
los estilos que se cantan y los que se bailan. Como es lógico, algunos
estilos son más usados que otros por ser tradicionalmente más
populares que otros, como puede ser el caso de las seguidillas, baile
preferido en el pueblo y tema básico y obligado en el repertorio de la
Ronda. Los estilos más característicos de la música tradicional en
Motilleja los encontramos en: los cantares y las rondas, entre
los estilos de cante, y los bailes agarraos y los bailes sueltos,
entre los estilos de baile.
Los Cantares están representados por temas cantados de referente festivo, como es
el caso de las toreras, tema en el que se relata un festejo
taurino llevado a cabo en la Aldea del Rincón, se nombran a amigos y
personajes del lugar con un estribillo muy pegadizo cantado a coro y
con ritmo de jota; las tonadas, piezas de diverso género para
ser cantadas por una o varias personas, con o sin instrumentos
musicales, siendo la más popular de todas la conocida como A la luz
del cigarro y otras como La Tarara, Ya estamos de borrachera,
campanera, etc.; los cantos de labor, propios de una
sociedad rural campesina que al tiempo de realizar las faenas en el
campo se acompañaban de cantares alusivos a éstas y otras labores
(labranza, siega, trilla, etc.) utilizando para estos temas aires de
jota o aires flamencos; los romances, que se difundieron por
todos los pueblos de España, también estuvieron muy presentes en
Motilleja, contando con temáticas muy populares y versiones locales
como fueron los caballeros, los hechos truculentos, los amores no
correspondidos, las desgracias de mal casadas, los sucesos de guerras
pasadas, o hechos legendarios de distinta índole como es el caso del
celebérrimo romance por tierras albacetenses de El Pernales,
que narra la persecución y muerte de este famoso bandido en la Sierra
de Alcaraz.
Las rondas destacan, principalmente, en el ámbito público, y cuando procede en
el religioso, por tanto estaremos hablando de rondas de clara función
social, cíclica y festiva para la comunidad vecinal. Las rondas más
características son la de los mayos y la de los
aguilandos, ejes fundamentales para entender el hecho de
rondar por mayo y por Navidad. Los mayos los hay de dos tipos: el
mayo religioso, que se canta a la Virgen María en la puerta de la
iglesia el día 30 de abril de cada año (Estamos a treinta del abril
cumplido, mañana entra mayo, mayo bienvenido) y que se
estructura con una introducción en jota, en la que se pide licencia a
Dios para cantar, y se pasa al mayo propiamente dicho, en el que se
alaba y ensalza a la Madre de Dios y se le piden favores, para
terminar con jota en la que la despedida más popular en los cantares
motillejanos hace también aquí su aparición: se despide la Ronda de
su morena con un pie en el estribo y otro en la arena; y el
mayo de ronda, o mayo profano, que es con el que se ronda durante
esa noche mágica de los mayos a las mozas casaderas de la localidad.
Es éste un mayo original que únicamente se acompaña de instrumentos de
percusión, principalmente pandereta, donde un rondador canta las
estrofas y el resto de la Ronda canta el estribillo a coro. Los mayos
destinados a las mozas en Motilleja, como en tantos pueblos manchegos,
están cargados de metáforas y de versos llenos de una lírica amorosa
extraordinaria (Ha venido la Ronda a cantarte, ha venido a cantarle
a tus ojos..., Asómate a esa ventana cara de luna brillante..., Y si
debo despedirme yo lo haré con una rosa, que en tu vida encontrarás
despedida tan hermosa) cumpliendo la función tradicional de
declaración pública de nuevos noviazgos o confirmación de ellos,
declarándole el amor a la moza con la que se quiere unir en noviazgo
bien al que canta el mayo o bien al que lo ha encargado cantar,
quedando de esta forma así establecida públicamente esa nueva relación
de pareja, cumpliendo además con el ciclo estacional de mayo, con el
ciclo vital de noviazgo, con el ciclo litúrgico del mes de María, etc.
En sus orígenes, la fiesta de los mayos, como fiesta propiamente
dicha, trata de conmemorar la entrada del mes más fértil del año, del
mes de las flores, del mes de los frutos, del mes de los campos
preñados, del mes de la esperanza, del mes de mayo, del mes de la
primavera. Para ello, la noche previa a su llegada, es decir, la noche
del 30 de abril, la Ronda canta durante la noche a las mozas, a la
fecundidad, al amor entre mozos y mozas, mayos y mayas, etc. Como ya
hemos dicho anteriormente, es interesante vincular y ligar
funcionalmente esta fiesta con la declaración pública de noviazgos e
intenciones amorosas. Al mismo tiempo, como todas las fiestas que
tienen un origen precristiano, y debido, principalmente, al arraigo y
a la participación social tan importante, no es de extrañar que la
fiesta de los mayos sufriera el proceso de cristianización, y así, de
ser una celebración de tipo social de carácter festivo y pagano, sobre
un suceso cíclico de la madre naturaleza, la conmemoración adquiere
una nueva dimensión, en este caso espiritual y religiosa, que se pone
de relieve bajo la advocación de la Virgen, haciendo de este mes de
mayo el mes de María, a la que se rinde una especie de culto floral en
estos días muy acorde con esa exaltación tradicional de la fertilidad
y fecundidad de la naturaleza. Por este motivo, dos son los mayos que
se repiten en casi todas las poblaciones que todavía conservan esta
tradición tan antigua: el mayo a la Virgen y el mayo a las mozas.
Estaríamos hablando, pues, de un mayo profano y otro religioso. El
mayo dedicado a las mozas, o profano, estaría basado en la referencia
directa y exaltada sobre el mes de mayo junto con elogio de la mujer a
la que va dirigido el canto; mientras que el mayo a la Virgen, o
religioso, se canta en honor a la Madre de Dios, en señal de alabanza,
y en muchas ocasiones cumpliendo una función petitoria y rogativa de
buenas cosechas, de lluvias, de alimentos, etc. La conexión entre los
dos mayos es más que evidente (formas musicales, formas métricas,
estructuras, etc.), de hecho, en muchos pueblos la música de los dos
mayos es la misma y sólo cambia la letra, ya sea referida a la Virgen
o a las mozas casaderas. Es evidente que, en el proceso de
cristianización de esta fiesta, el mayo religioso no es sino una
derivación obligada del mayo profano. Los
mayos dedicados a la Virgen se suelen cantar, por un entendido respeto
tradicional, en primer lugar, acudiendo a las puertas de las iglesias
para dar mayor honra a la patrona del lugar. Hay mayos dedicados
también al Santísimo, a Jesucristo o a la Cruz, pero éstos son más
raros. Tras cantar a la Virgen es costumbre dirigirse a la casa del
alcalde del pueblo, como representante de la máxima autoridad, donde
se canta el primer mayo profano y se pide permiso para poder realizar
la ronda por las calles del pueblo. Y, a partir de ahí, ¡a tocar y
cantar, y a echar los mayos que hagan falta!
Por
otro lado, y colocándonos en las antípodas del ciclo festivo
primaveral, es decir, introduciéndonos de lleno en el ciclo invernal o
de Navidad, la ronda aguilandera, la ronda utilizada para pedir
el aguilando, ese obsequio (bien en especies bien en dinero) que se
hace a los músicos de la Ronda por cantar a la puerta de alguien en la
Nochebuena y el día de Navidad, va a ser la gran protagonista de estas
fechas navideñas en Motilleja. Para cantar y pedir el aguilando se
usan coplillas que hacen alusión al nacimiento del Niño Jesús, a la
adoración de los pastores, a la Virgen María y a San José, a los
Reyes, etc., sobre todo en las coplas aguilanderas que se cantan en la
Misa del Gallo, en la Nochebuena; después, para rondar en la calle se
alternan éstas con otras coplas profanas, más alegres, simpáticas,
atrevidas y, a veces, picantes, aludiendo a algún músico de la Ronda,
o al dueño de la casa donde se canta y no dan el aguilando, etc. Junto
a los aguilandos o coplas aguilanderas, también hay un rico repertorio
de villancicos tradicionales de la Navidad motillejana que se cantan
por las calles y en las reuniones familiares de esos días, acompañados
de panderetas y zambombas.
En
cuanto a los estilos de baile, ya hemos dicho que la tradición nos
habla de los bailes sueltos, “los de siempre”, y los bailes “agarraos”
o modernos, éstos últimos introducidos en las celebraciones festivas y
salones de baile desde el primer tercio del siglo XX y que terminaron
por doblegar y dejar anticuados a los bailes que hasta entonces eran
más populares, ésos que en Motilleja cariñosamente se refieren a ellos
como “los de siempre”.
Los bailes
agarraos se introducen a principios del siglo XX en las Rondas tradicionales
como músicas de moda y bailes que rompen con el modelo establecido, el
modelo tradicional de una pareja de baile distanciada y sin poder
tocarse. Los bailes agarraos supusieron una auténtica revolución en
los modales de la época en tanto en cuanto los hombres cogían de la
cintura a la mujer y la mujer se abrazaba a la espalda del hombre para
poder bailar, dejando a un lado pudores de otros tiempos.
Evidentemente esta nueva moda iba a hacer olvidar rápidamente los
bailes sueltos en una juventud deseosa de cogerse, agarrarse y
arrimarse el máximo posible a su sexo opuesto, y de forma socialmente
admitida. Además, estos nuevos bailes se regían por unos pasos muy
marcados y muy fáciles de ejecutar, por tanto muy fáciles de aprender
por cualquiera, lo que aceleró todavía más el proceso de abandono y
olvido de jotas, fandangos, seguidillas, etc., que eran las piezas
pasadas de moda, obsoletas, que bailaban sus padres y sus abuelos. Con
todo, estas formas coreográficas se seguían utilizando para abrir o
cerrar el baile, baile que ahora pasa a celebrarse en recintos
cerrados acondicionados para bailar y al que se accede pagando la
correspondiente entrada. Los agarraos más populares fueron, en un
primer momento, las mazurcas, valses y pericones, todos ellos bailados
casi de la misma manera y con los mismos pasos, y más tarde los
pasodobles se convirtieron en el eje fundamental de cualquier baile de
época. Otros bailes de moda fueron las javas, polcas, chotis, etc, y
más tarde los boleros. Resulta curioso cómo, en Motilleja, uno de los
temas de baile suelto más tradicionales y de arraigo más antiguo en la
práctica totalidad del territorio español haya evolucionado hacia un
baile agarrao, y lo que siempre había sido un baile suelto, festivo,
de mocedad, de cocinilla, de reunión familiar, de amigos, se convierte
por propia evolución, de motu proprio, en uno de los agarraos
más populares en el primer tercio del siglo XX, nos estamos refiriendo
a las Jeringonzas.
Los bailes sueltos son, por tanto, los más antiguos, “los de siempre”, ésos que, de
generación en generación, se han ido transmitiendo y que en Motilleja
encontramos algunos ejemplos vivos y otros presentes en la memoria
fresca de las gentes que los recuerdan de cuando los bailaron, tocaron
o cantaron. Los tres palos más importantes de la música y el baile
tradicional de la España del siglo XIX, los que la sostienen y la
identifican, se encuentran en Motilleja, o sea, las jotas, las
seguidillas y los fandangos. En la ejecución de los bailes sueltos en
Motilleja mandaba la mujer, que era quien gobernaba la situación
coreográfica debiendo seguir el hombre los pasos y mudanzas que
aquélla realizaba. Como en cualquier parte, el baile suelto sera
espontáneo y cada bailador o bailadora sólo tenía que seguir el ritmo
y aplicar los pasos que quisiera o supiera a la diversión que le
proporcionaba el propio baile, a la expresión, a la interpretación y a
las más profundas relaciones sociales de la comunidad rural. No había
ni entradas ni salidas, no se bailaba al unísono con el resto de
parejas, si las había, y las mujeres guardaban sus verguenzas y su
decoro a pesar de las vueltas y saltos que los diferentes pasos y
bailes les obligaba (lejos de esos tópicos bailes de coros y danzas a
los que se nos ha acostumbrado, falseando la verdadera realidad, en
los que las muchachas al bailar enseñan al público sus pololos, sus
enaguas, la entrepierna y hasta el ombligo; y ¡no digamos nada de los
escotes!. Todo falso). En la actualidad se puede ver en Motilleja
bailar, principalmente a mujeres, con la espontaneidad y libertad que
el baile tradicional siempre ha gozado; sin alardes, sin falsos
movimientos, sin forzadas poses, sin alocados saltos, sin “enseñar”
nada, etc., y cada bailadora es capaz de marcar sus pasos dándole un
estilo propio, personal, a una misma pieza o baile.
Como ya hemos
comentado, los tres ejes de la música tradicional decimonónica, jotas, seguidillas y fandangos,
los hallamos en Motilleja en forma de músicas, cantares y bailes. De
este extraordinario repertorio de baile heredado de las generaciones
pretéritas empezaremos a hablar de las Jotas. Tres son las más
conocidas, hoy por hoy, entre los músicos de la Ronda: la Jota del
vino, tal vez la más popular de todas, conocida también como la Jota de La, cuyas características más destacadas son que siempre
se inicia con una copla de Torrás y el estribillo, que se
repite siempre, es cantando con energía por toda la Ronda; tiene
además un estribillo final diferente, de despedida, muy propio de la
música popular motillejana (se despide la Ronda de su morena con un
pie en el estribo y otro en la arena), siendo este elemento común
también a las Jotas de baile en muchas zonas de la geografía nacional;
la Jota corrida, que es de ejecución más pausada, más lenta,
con todos sus estribillos cantados y unidos a las coplas, de ahí el
epíteto de “corrida”, se suele tocar por Re; y, por último, la Jota
de ronda, conocida también por el nombre de Jota bonita, es
una de las preferidas para el baile por su cadencia musical y su
carácter melódico; se toca en tono de Sol y las variaciones entre
coplas son interpretadas por los instrumentos de plectro dejando al
final de cada variación libertad al cantante para entrar con la copla
al que se le apoya con acordes rítmicos tonales. En todos los temas
los músicos intérpretes intentan cantar coplas diferentes, nuevas,
inventadas, resultando en consecuencia que la misma jota, por ejemplo,
siempre es tocada igual pero cantada con distintas coplas. Como todos
sabemos la Jota es el baile más popular de España y, en Motilleja,
goza de una salud excelente en su variedad e interpretación.
La familia de los Fandangos también está perfectamente representada en el
repertorio de la localidad de Motilleja. Se puede decir que hay un
gusto muy especial, y a veces extraordinario, por cantar fandangos, en
toda su extensión, entre el vecindario del pueblo en general. Cuatro
estructuras de fandango son las más destacadas dentro de la Ronda: el Fandango propiamente dicho, que consta de variación
instrumental con una frase rítmica y melódica de ocho compases
repetidos en escala andaluza, y la copla, o parte cantable, que entra
de manera libre con el inicio final de la variación repetida, como
cualquier fandango estandarizado; es de baile vigoroso, muy parecido a
la Jota; si no se baila, se suele tocar y cantar más despacio para
lucimiento del intérprete; el Fandango con estribillo, que,
además de variaciones y coplas, introduce un estribillo de bella
factura literaria y poética, cantado con ímpetu y sentimiento por toda
la Ronda; la Rondeña, tal vez uno de los temas más populares y
queridos en Motilleja, por sus estribillos picantes, sarcásticos o
graciosos en forma de seguidilla y con la variación instrumental
prácticamente similar al mismo Fandango; para la entrada del cantante
en la copla los instrumentos le hacen la espera con iguales acordes
rítmicos hasta que, como siempre, en plena libertad, el intérprete
echa su copla, quien, además, introduce el estribillo que es seguido
por toda la Ronda al unísono; tras la copla de despedida, vuelve a
cantarse el estribillo final más popular motillejano: se despide la
Ronda de su morena con un pie en el estribo y otro en la arena; y,
por último, la Malagueña, una variante más del fandango
genérico que en Motilleja se convierte en un toque vigoroso,
introducido en escala andaluza por el laúd.
Al igual que
comentábamos en las Jotas, las coplas literarias de los fandangos son
siempre diferentes, sólo se mantiene fija la estructura musical, la
melodía, y así el que canta tiene la libertad de echar la copla que
desee oportuna lo que le otorga siempre un toque de sorpresa y novedad
para el público que escucha a la Ronda, también para músicos y
bailadores.
Hemos dejado para
el final a la familia de Las Seguidillas por tratarse,
como de todos es sabido, de la más estimable aportación de las
comarcas manchegas a la música tradicional española. En Motilleja,
hablar de seguidillas es hablar del baile por antonomasia, del baile
preferido, el más popular, el más esperado, el más deseado. Podemos
decir que, precisamente, son las seguidillas las que más
identifican y diferencian a la Ronda de Motilleja de otras Rondas
similares o de otros grupos de música popular. Hay un sentimiento
especial cuando se tocan seguidillas, cuando se cantan seguidillas,
cuando se bailan seguidillas. Sin lugar a dudas, las seguidillas son
las reinas del baile, con un ritmo trepidante y una manera de hacer
sonar los guitarros y las guitarras de difícil explicación, con
marcación rítmica en las tapas de los instrumentos y una concentración
musical intensa con la que los músicos casi alcanzan un estado de
éxtasis al interpretarlas. Entre seguidilla y seguidilla, entre copla
y copla, se hace un pequeño corte temporal en el que tanto músicos
como bailadores recomponen sus fuerzas y alientos. También se pueden
interpretar instrumentalmente marcando en este caso la voz, la
melodía, con el laúd y el resto de instrumentos de plectro. Otro
genéro de seguidillas muy popular y apreciado en Motilleja son las
conocidas como Torrás, consideradas ya por los músicos
más viejos del lugar como una de las piezas más antiguas del
repertorio tradicional. Se trata de un tipo de seguidilla pausada,
tocada con un ritmo más cercano a la Jota, en la que la variación
musical que antecede a la copla de seguidilla se muestra como
retrasada, como recelosa de entrar en ritmo, en tempo, casi
descuadrando la marcación, arrastrando su musicalidad, reteniendo su
cadencia y dando al baile una mayor vistosidad. Se cantan con un verso
introductorio, al igual que las propias seguidillas, o entrada, y le
siguen tres partes entrelazadas, unidas entre sí, en las que no se
detiene el ritmo musical hasta el final, hasta la copla completa de
despedida y con la que, en muchas ocasiones, se suele dar paso a la
Jota.
Guitarros,
requintos y octavillas: Los instrumentos
No nos cabe la
menor duda que la investigación, el estudio y el análisis de los
instrumentos de la música tradicional forma parte de una de las
facetas más interesantes de la etnomusicología histórica y actual.
Existen distintos modos de clasificar estos instrumentos para su
estudio, bien se consideren criterios de tipo tipológico, o de tipo
histórico, o de funcionalidad y uso por parte de los músicos, etc. Lo
cierto es que la clasificación organológica más utilizada, y por tanto
más usual y admitida por todos, es la que hicieran en 1914 los
investigadores Erich Hornbostel y Curt Sachs, basada en el tipo de
emisión de sonido de cada instrumento, estableciendo cuatro grandes
familias: aerófonos (el sonido es producido por el aire
insuflado por ellos), membranófonos (construidos con membranas
sonoras), idiófonos (el sonido lo producen por sí mismos) y
cordófonos (el sonido se produce por vibración de cuerdas). Ésta
es la clasificación que vamos a seguir también nosotros para describir
los instrumentos utilizados tradicionalmente en Motilleja, sin entrar
en subclasificaciones que serían objeto de otro tipo de análisis y
estudio.
Tan
importante como el mantenimiento del amplio e interesante repertorio
tradicional de la música motillejana, es la interesantísima gama de
instrumentos musicales usados hoy día para la interpretación de ese
repertorio. Motilleja, hoy por hoy, se nos manifiesta como un tesoro
de la organología tradicional manchega, o algo así como una reserva
espiritual de instrumentos y músicos de la tradición. Guitarros
manchegos y tocadores de guitarros, viejos violines y tocadores de
violines, octavillas viejas y nuevas y tocadores de octavillas, laúdes
y bandurrias y tocadores de laúd, guitarras y tocadores de guitarras,
panderetas y panderos y constructor de panderos, zambombas y botellas
y constructores de zambombas, etc., existen o son recordados de manera
reciente, fiel y fidedigna, inducidos todos ellos por la afición tan
extraordinaria de muchísimos motillejanos a la música, al cante y al
baile, y a la pervivencia estable, y casi ininterrumpida, de las
Rondas históricas y músicos posteriores.
Dentro
de la familia de instrumentos membranófonos utilizados por la Ronda de Motilleja, destacan: el pandero,
que todavía elabora Emilio Sáez, pastor de Motilleja, hecho con piel
de cabrito y chapas de hojalata rizada; en su toque se combina la
percusión con la yema de los dedos para marcar los tiempos fuertes, y
el dedo corrido para los demás; la pandereta, más
pequeña que el pandero, se usa de la misma manera; y la zambomba,
membranófono frotado usado en las coplas aguilanderas de la Navidad.
El
grupo de instrumentos idiófonos están representados por las castañuelas, que
evidentemente dentro de la Ronda son de reciente incorporación
actualizando así el sonido de la percusión más tradicional; el cántaro, de chapa por ser de los utilizados para guardar
aceite, que se percute con un gorro de lana o alpargata y se usa como
si de un tambor se tratase; los platillos o chinchines,
que son crótalos de bronce de gran tamaño que marcan acompasadamente
un ritmo circular y machacón muy característico; la botella labrada que se percute con una cuchara que rasguea
los biseles vítreos produciendo un sonido muy peculiar; y el almirez, mortero de bronce, que se percute con su propia mano
o mazo a modo de badajo.
Por último
hablaremos de la familia de instrumentos más numerosa y más destacada de la tradición en Motilleja: los cordófonos.
En primer lugar mencionaremos al violín, instrumento de
cuerdas frotadas que, como en otros muchos territorios del país, es
usado también para el repertorio de la música tradicional por músicos
que, de forma autodidacta, establecieron su propio aprendizaje y uso
de este instrumento. Parece claro que la inclusión de nuevas melodías
y ritmos durante el siglo XIX principalmente (contradanzas, minués,
polcas, mazurcas, etc.) originó la entrada de algunos instrumentos
“cultos” en ambientes populares, como fue el caso del violín, que
ahora nos ocupa, la flauta o el acordeón.
La guitarra es el instrumento más popular y el más difundido en toda la comarca y
es el acompañamiento fundamental para la voz de los intérpretes
cantantes. En la Ronda se toca la guitarra al más puro estilo antiguo
en su manera de ejecutar el rasgueo marcando el tiempo fuerte en la
tapa armónica del instrumento y cruzando con cejillas las diferentes
guitarras de la Ronda, lo que inevitablemente le otorga un sonido
original, peculiar, diferente y diferenciador, auténtico y singular.
La cercanía a Motilleja de la localidad conquense de Casasimarro,
donde desde el siglo XVIII se vienen construyendo guitarras y otros
instrumentos musicales de cuerda, ha hecho y hace que actualmente la
práctica totalidad de guitarras de la Ronda estén fabricadas por los
artesanos casasimarreños, al igual que guitarros, bandurrias, laudes,
octavillas, etc. Los músicos más viejos nos recuerdan que en otras
épocas usaban la cuerda prima de acero, consiguiendo de esa manera un
sonido característico del instrumento.
Los instrumentos de plectro o púa juegan un papel destacado en el
repertorio de la Ronda. Son instrumentos de seis órdenes con cuerdas
dobles que producen un trino o trémulo al frotar ininterrumpidamente
las dobles cuerdas con la púa. Estos instrumentos en la Ronda son: la octavilla, muy utilizada en otras épocas en la comarca y
recuperada en la actualidad por la Ronda, es de cuerpo similar al
guitarro, en forma de ocho, aunque todavía de menor proporción; su
afinación es distinta a la del laúd o bandurria: do#, fa#, si, mi, la,
re; la bandurria y el laúd, junto a la octavilla,
se encargan de hacer la melodía principal aunque en ocasiones utilizan
acordes rasgueados y suelen improvisar melodías y segundas voces como
contrapunto a la voz solista del cantante.
El guitarro
manchego es de forma similar a la guitarra pero de muy reducido tamaño; consta
de cinco órdenes simples que se afinan con la guitarra septimada o
cejilla en el séptimo traste y usa las mismas posiciones de acordes
que la guitarra. Sus cinco cuerdas pueden ser de guitarra o combinarse
algunas de ellas (la prima y la cuarta, por ejemplo) con cuerdas
metálicas de laúd. Su manera de tocarse, su rasgueo es la nota más
característica de este peculiar instrumento que forma parte de los
pocos instrumentos étnicos con los que cuenta nuestra amplia zona
manchega, ya que se toca de manera continuada construyendo un ritmo
melódico completo para lo cual es necesario agitar la mano derecha
vigorosamente y de manera circular, como la propia música que se
consigue. El toque de los guitarros de la Ronda de Motilleja en la
interpretación de las seguidillas es, hoy en día, una experiencia
única, singular, extraordinaria, inimitable e inigualable que
cualquier aficionado a la música tradicional puede sentir y disfrutar.
El requinto o guitarrilla tiene también forma de una guitarra, también mucho más pequeña pero,
en este caso, mayor que el guitarro y la octavilla, instrumentos
afines en la forma. Tenemos ejemplos de conservación de este
instrumento en varios pueblos de la comarca. Tiene seis cuerdas
iguales a la de la guitarra que se afinan en la, re, sol, do, mi y la,
o sea, con la guitarra requintada o con la cejilla en el quinto traste
de la guitarra, de ahí su denominación de requinto. Su rasgueo es
circular y esplendoroso como en los guitarros.
La
Chicharra: Las Rondas “revientan cantando”.
Los tiempos cambian y las modas con ellos surgen, se crean
y desaparecen. Las necesidades de los vecinos motillejanos son así
mismo cambiantes, y la actual globalización pone en peligro a
cualquier manifestación cultural sea ésta del género que sea. La
Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Motilleja, la Asociación
Ronda de Los Llanos de Albacete y la Asociación EtnoMancha se
propusieron iniciar una nueva andadura con el fin de ofrecer a todos
los vecinos del pueblo, visitantes y turistas veraniegos una fiesta en
la que el intercambio cultural de gentes y músicas fuese el leit
motiv de la misma, así como la recuperación de elementos festivos
tradicionales en una nueva fiesta actual que debía ser enormemente
divertida y abierta, adaptada a los nuevos tiempos. Esta fiesta se
programó para que se llevara a cabo anualmente en el mes de julio, el
fin de semana previo a las fiestas patronales en honor a Santa Ana,
formando así parte también de las fiestas motillejanas más esperadas
del año y sirviendo de antesala a las mismas. En un primer momento se
pensó en reunir a diferentes rondas o grupos de músicos de pueblos
vecinos, de comarcas cercanas, e incluso de otras regiones españolas,
de tal manera que, además de la fiesta, este evento sirviera para dar
a conocer a la Ronda de Motilleja y promocionar a la propia localidad.
Se le puso el nombre de La Chicharra (original ¿verdad?) por
ser un animal muy popular en la zona que canta en los cálidos veranos
manchuelos “hasta reventar”, y que, precisamente, es lo que hacen los
músicos cuando se juntan en esta fiesta, al decir de algunas gentes
que la ven desde lo alto: “míralos, parecen chicharras, no se cansan
nunca, tocan y cantan sin parar”.
En julio de 1999 se organiza, por primera vez, La Chicharra, revienta cantando, invitando a rondas de pueblos de
la zona que están a punto de desaparecer, y alcanzando un éxito que
sorprendió a propios y extraños, lo que dio el pistoletazo de salida
para la programación de esta fiesta con carácter anual. Se ha venido
realizando consecuentemente todos los años hasta la actualidad en la
que se puede decir que está perfectamente consolidada e instituida,
formando parte ya del calendario tradicional festivo del pueblo de
Motilleja.
Durante los tres días que dura La Chicharra las Rondas participantes recorren las calles y bares del pueblo
tocando, cantando y bailando a cualquier hora y en cualquier lugar. Es
una fiesta participativa, abierta al visitante y con un simple sentido
lúdico y espontáneo. El objetivo es divertirse, es divertir. Hasta
Motilleja llegan músicos de La Manchuela, de Albacete, de la región o
de cualquier punto de la geografía nacional, quienes muestran sus
músicas, sus cantos, sus bailes y se integran en los de los demás. En
general, cualquier persona que tenga un instrumento en la mano, se
eche unos bailes o simplemente acompañe en el beber a cualquiera de
las Rondas se siente como un “rondero” o rondador más.
El viernes, con la llegada del anochecer, los
músicos de la Ronda de Motilleja comienzan a recorrer las calles y los
bares de la localidad anunciando la llegada de la fiesta. El recorrido
termina con una verbena popular en la Caseta Municipal a las 22.30
horas. Se realiza baile suelto (jotas, seguidillas, fandangos, torrás,
rondeñas, etc.) en el que, tanto quien sabe como quien no, baila o
intenta bailar y aprovechar el momento para aprender los pasos básicos
de cada baile. Después la Ronda continuará con su actividad hasta el
amanecer.
La mañana del sábado está dedicada al recibimiento
de los grupos musicales invitados quienes, con el paso de las horas,
empiezan a tomar las calles y los bares con sus instrumentos y sus
músicas tradicionales, iniciando así un recorrido que en muchos casos
no terminará hasta el día siguiente. Por la tarde las Rondas están ya
en pleno apogeo, uniéndose a la fiesta amigos y visitantes quienes van
dando rienda suelta a sus impulsos lúdicos y festivos en torno a la
música y el baile tradicional.
Tras un ligero descanso
para reponer fuerzas, se inicia la verbena tradicional en la Caseta
Municipal donde participan todas las Rondas invitadas junto a la Ronda
de Motilleja que se suele alargar hasta que el baile se va deshaciendo
por agotamiento de músicos y bailadores. Alrededor de la una de la
madrugada los músicos comienzan a recorrer los bares con sus músicas y
cantos, mezclándose entre sí los músicos de los distintos grupos. La
algarabía y el desorden controlado se apoderan de la fiesta,
convertida ya en un espectáculo espontáneo en el que cualquiera puede
participar, y cada músico con su instrumento se va juntando a
cualquier Ronda, coincidiendo pocas veces con la de uno mismo. La
fiesta se alarga durante toda la noche o hasta que los cuerpos
aguantan, y cuando los primeros rayos del sol, dominical ya, se abren
paso, una buena lumbre y suculentas viandas para asar sirven para
reponer las agotadas fuerzas de músicos y amigos.
La
mañana del domingo se inicia despertando a aquellos músicos que
decidieron dormir algunas horas. A las 11.00 horas la fiesta se
concentra en la Plaza Mayor de Motilleja donde los músicos vuelven a
rasguear sus instrumentos y las voces de los cantantes se esfuerzan
por afinar sus últimas coplas. Las mujeres del pueblo agasajan a todos
los “chicharreros” con embutidos, tortillas, jamón, o dulces caseros,
vino y cerveza, y la fiesta vuelve a resurgir en plenitud, como si de
un último suspiro se tratase, la última pedalada de la carrera. Y así
hasta la hora de comer en la que, a su final, las Rondas comienzan a
guardar los “guitarros”, se despiden y van abandonando la localidad
con la sensación de haber vivido una experiencia inolvidable y con la
esperanza de, al año siguiente, en Motilleja, volver a emular a la
chicharra, ese animal que, en los tórridos veranos manchuelos,
revienta cantando...
Coplas,
estribillos y despedidas: Los cantares
JOTA
DE RONDA
Por esta calle
que vamos
tiran agua y salen
rosas
y por eso la
llamamos
la calle de las
hermosas.
Esta calle la
llamamos
la calle del
remolino,
donde se remolinean
tus amores con los
míos.
Ya está la jota en
la plaza
sin permiso del
alcalde,
que esta jota es
mucha jota
pa pedir permiso a
nadie.
Cuando salgas de la
plaza
pásate por mi balcón
que si no me voy
contigo
te llevas mi
corazón.
Allá va la
despedida,
que con ésta ya van
cinco,
más hermosa que el
sol eres,
ni te pongo ni te
quito.
JOTA CORRIDA
Sueño tengo dormir quiero,
si pudiera dormiría
en una cama de flores
contigo a la vera mía.
Cómo quieres que vaya de noche a verte
si le temo a tu madre más que a la
muerte,
más que a la muerte, niña, más que a
la muerte,
cómo quieres que vaya de noche a
verte.
Aquí, aquí te quiero ver, morena,
aquí, aquí que no hay charcos ni
arena.
Aquí, aquí te quiero ver, salada,
aquí, aquí que no hay charcos ni hay
nada.
Debajo de tu ventana
tengo un puchero de miel,
no se lo digas a nadie
que tu chuparás también.
Es tu amante mulero de cinco mulas,
tres y dos son del amo, las demás
suyas,
las demás suyas, niña, las demás
suyas,
es tu amante mulero de cinco mulas.
Aquí, aquí te quiero ver, morena...
Mi guitarra puñetera
tiene celos de tu amor
y cuando estás a mi vera
no suenan prima y bordón.
No suenan prima y bordón.
Ni segunda ni tercera.
Ahí la tienes valiente, mátala,
mátala,
si no tienes navaja yo te doy mi
puñal,
yo te doy mi puñal, yo te doy mi
puñal,
ahí la tienes valiente, mátala,
mátala.
Aquí, aquí, te quiero ver, morena...
Allá va la despedida,
y con ésta ya van cuatro,
las piedras se vuelvan flores
donde pise tu zapato.
RONDEÑA
Una vez se calló un gato
del alero de un tejao
y en la caída decía:
mira que soy desgraciao
olvidé el paracaídas.
Que si el mar fuera vino todos marinos,
y si fuera cerveza tos de
cabeza,
tos de cabeza, niña, tos de cabeza,
que si el mar fuera vino todos
marinos.
Una mujer muy bonita,
por muy bonita que sea,
los pelillos del conejo
se los moja cuando mea.
Veinticinco mujeres, cincuenta tetas,
y si son de gorrina ciento cincuenta,
ciento cincuenta, niña, ciento
cincuenta,
veinticinco mujeres, cincuenta tetas.
Una mujer y una burra
apostaron a correr,
a correr ganó la burra
pero a burra la mujer.
Si mi agüela tuviera un par de güevos,
no sería mi agüela sería mi agüelo,
sería mi agüelo, niña, sería mi agüelo,
si mi agüela tuviera un par de güevos.
Echaré la despedida,
la despedida que corra,
que te la tengo que dar
con la punta de la chorra.
Se despide la Ronda de su morena,
con un pie en el estribo y otro en la
arena,
y otro en la arena, niña, y otro en la
arena,
se despide la Ronda de su morena.
TORRÁ Y JOTA
Ya falta menos, ya falta menos.
Ya falta menos, “pa” Santa Ana en mi
pueblo, ya falta menos,
va diciendo Luisito, y olé, desde el
invierno.
El vino tinto es mi primo
y el aguardiente un pariente,
cuando llego a la taberna
me encuentro con toa mi gente.
Aunque me ves, que me ves, que me ves
que me caigo,
es una chispa de vino, morena, que
traigo.
Aunque me ves, que me ves, que me
vengo cayendo,
es una chispa de vino, morena, que
tengo.
Un avaro se moría
recontando su dinero,
y en los suspiros decía:
maldito pa que te quiero, (bis)
si no me salvas la vida.
Aunque me ves, que me ves que me ves,
que me caigo...
A las doce de la noche,
por falta de otra costumbre,
hay más pollas en los coños
que pucheros en la lumbre.
Aunque me ves, que me ves, que me ves,
que me caigo...
Allá va la despedida,
la despedida del borracho,
que terminando la Jota,
no soltaba nunca el vaso.
Se despide la Ronda de su morena,
con un pie en el estribo y otro en la arena,
y otro en la arena, niña, y otro en la arena,
se despide la Ronda de su morena.
TORRÁS
Voy a ser tío, voy a
ser tío.
Voy a ser tío, dentro de nueve meses voy a ser tío,
dentro de nueve meses, y olé, voy a ser tío.
Voy a ser tío, si no tengo sobrina tengo sobrino,
si no tengo sobrina, y olé, tengo sobrino.
Y esto es tan cierto como sacarse un ojo y quedarse tuerto,
como sacarse un ojo, y olé, y quedarse tuerto.
Cantaba un mudo,
cantaba un mudo.
Cantaba un mudo a la puerta de un sordo, cantaba un mudo,
a la puerta de un sordo, y olé, cantaba un mudo.
Cantaba un mudo y un ciego lo miraba con disimulo,
y un ciego lo miraba, y olé, con disimulo.
Y al estribillo, como no sé ninguno, ninguno digo,
como no sé ninguno, y olé, ninguno digo.
De su morena, de su
morena.
De su morena, se despide la Ronda de su morena,
se despide la Ronda, y olé, de su morena.
De su morena, con un pie en el estribo y otro en la arena,
con un pie en el estribo, y olé, y otro en la arena.
Y ahora se acaba, a los tres golpecillos de la guitarra,
a los tres golpecillos, y olé, de la guitarra.
SEGUIDILLAS
Me atrevo a darte, y arriba y ten.
Me atrevo darte, mientras que un gallo canta me atrevo a
darte,
ay, mientras que un gallo canta me atrevo a darte.
Me atrevo darte, mientras que un gallo canta me atrevo a
darte,
y arriba y olé con olé, me atrevo a darte.
Me atrevo a darte, más besos que pepitas tiene un tomate,
ay, más besos que pepitas y tiene un tomate, y ahí para y van
tres.
Torre del oro, y arriba y ten.
Torre del Oro y arenal de Sevilla, Torre del Oro,
ay, arenal de Sevilla, Torre del Oro.
Torre del Oro, donde las sevillanas juegan al corro,
ay, donde las sevillanas juegan al corro.
Canta Sevilla y Motilleja responde por seguidillas,
y Motilleja responde por seguidillas, y ahí para y van tres.
De las mujeres, y arriba y ten.
De las mujeres, quisiera estar tan lejos de las mujeres,
ay, quisiera estar tan lejos de las mujeres.
De las mujeres, quisiera estar tan lejos de las mujeres,
y arriba y olé con olé, de las mujeres.
De las mujeres, como están las estampas de las paredes,
ay, como están las estampas de las paredes, y ahí para y van
tres.
Que cuando nace, y arriba y ten.
Que cuando nace, es el amor un niño que cuando nace,
ay, es el amor un niño que cuando nace.
Que cuando nace, con cualquier cosa, niña, se satisface,
ay, con cualquier cosa, niña, se satisface.
Pero en creciendo, cuanto más le vas dando más va queriendo,
ay, cuanto más le vas dando más va queriendo, y ahí para y
van tres.
FANDANGO CON
ESTRIBILLO
Fuistes mi primer amor,
me enseñastes a querer,
no me enseñes a olvidar
que no lo quiero aprender.
Si es verdad que te
quise la vez primera,
donde lumbre se
enciende ceniza queda,
arrímate a las ascuas
que se encenderán,
si es verdad que te
quise la vez primera.
Tengo un canario en mi casa
que canta cuando te nombro,
mira si te nombro veces
que hasta el canario está ronco.
Si es verdad que te
quise la vez primera...
Los ojos me vierten sangre
de mirar aquel camino,
por ver si veo venir
el espejo en que me miro.
Si es verdad que te
quise la vez primera...
Ya me voy morena mía,
ya me voy porque amanece,
llegan las claras del día
y un lucero me pareces.
FANDANGO
Al volver aquella esquina
se volvieron a encontrar
y como dos criaturas
agarraron a llorar,
el amor no tiene cura.
Si me has de olvidar mañana
mejor te agradecería
que me mates de una vez
que yo no quiero la vida
si me falta tu querer
Al amanecer el día
el sol que alumbra te ofende,
al mirarlo, vida mía,
tanta luz como él desprendes
que te ofende el sol que alumbra.
A un pajarillo le cuento
mis penas y mis pesares,
las plumillas de su cuerpo
se caían a millares
de pena y de sentimiento.
Dentro de mi pecho tengo
una ele con dos lazos
que están tirando de mí
hasta llevarme a tus brazos
donde tengo que morir.
AGUILANDERAS
Esta
noche es Nochebuena
y no es noche de
dormir
que está la Virgen
de parto
y esta noche ha de
parir.
Ha de parir un
niñito,
blanco, rubio y
colorado,
que ha de ser el
pastorcillo
que ha de guardar
el ganado.
Y dígale algo, y
qué le diré,
lindango, lindero,
caramba y olé.
La Virgen se fue a
lavar
hace ya más de una
hora,
los pajarillos
cantaban
y el niño llora
que llora.
Dame el aguilando,
si me lo has de dar,
que la noche es
corta y hay mucho que andar.
La Virgen va
caminando
por un estrecho
camino
y San José va
delante
vestido de
peregrino.
Pues dígale algo,
pues qué le diré,
capote sin mangas,
yo se lo pondré.
La Pascua se va y
se viene,
la Pascua viene y
se va,
y nosotros nos
iremos
y no volveremos
más.
Dame el aguilando
carita de rosa,
que no tienes cara
de ser tan roñosa.
Ya baja por la
escalera
la que nos trae el
aguilando,
se le habrá
antojado mucho
que le viene
repiscando
Y dígale algo, y
qué le diré,
lindango, lindero,
caramba y olé.
MAYO DE RONDA
A tu ventana la Ronda
ha venido a ti a cantarte,
si la recibes gustosa
sólo tienes que asomarte.
Ha venido la Ronda a
cantarte.
Ha venido a cantarle
a tus ojos.
Ha venido a cantarle
a esa niña
que todavía anda
buscando esposo.
Ya son cuatro primaveras
las que te llevo rondando,
y si en ésta me rechazas
la vida me estás quitando.
Ha venido la Ronda a
cantarte...
A tu puerta están cantando
y tú, niña, no lo entiendes,
tu galán es el que canta,
despierta, niña, si duermes.
Ha venido la Ronda a
cantarte...
Asómate a esa ventana,
cara de luna brillante,
aunque yo no te pretendo
conmigo viene tu amante.
Ha venido la Ronda a
cantarte...
Ya sabes lo que te pido,
sólo falta tu respuesta,
mientras que no te decidas,
cantando quedo en tu puerta.
Ha venido la Ronda a
cantarte...
ROMANCE DE EL PERNALES
En la provincia Albacete, en la sierra de Alcaraz,
mataron al Pernales, también al Niño del Arahal.
Destino suyo ha sio el ser extraños por estas tierras,
al preguntarle a un guarda cuál es el camino que lleva a la
Sierra.
El guarda les indicó el camino y a Villaverde se ha encaminao,
y al llegar al señor Juez le cuenta todo lo que ha pasao.
El señor Juez al momento mandó llamar a la Guardia Civil:
“Todas las tropas que haya para la sierra tien que
salir”.
Salieron dos de a pie, tres de a caballo, con un guía y un
asistente,
y a la cabeza que hacían, que iba un bravo teniente.
Al pasar las cordilleras a los bandidos el alto les dio,
y a los muy pocos momentos el Niño al suelo cayó.
Pernales le dice al Niño: “dame la mano, vamos a ellos, no
hay que temer,
si no me matan esta mañana, un mal recuerdo van a tener”.
A los muy pocos momentos Pernales al suelo caía,
dos cadáveres en un carro a Bienservida se conducían.
El pueblo entero lloraba con mucha pena y mucho dolor,
De ver a los dos bandidos tirados en un serón.
Pernales en toa su vida, no ha matado a ningún hombre,
Y el dinero que robaba lo repartía entre los pobres.
En la provincia Albacete en la Sierra de Alcaraz,
mataron al Pernales también al Niño del Arahal.
JERINGONZAS
Éstas son, éstas son, éstas son jeringonzas de un fraile
y el que no las baile se marche a la calle.
Por lo bien, por lo bien, por lo bien que lo baila esa moza
que la dejen sola, solita en el baile.
Baile usté, baile usté, baile usté que
jeringonzas van,
baile usté, baile usté, baile usté que
el baile va a empezar.
Baile usté, baile usté, baile usté que
jeringonzas van,
baile usté, baile usté que esa moza esperándolo
está.
Éstas son, éstas son, éstas son jeringonzas de un fraile
y el que no las baile se marche a la calle.
Baile usté, baile usté, baile usté que
lo queremos ver
saltar y bailar y dar vueltas al aire.
Baile usté, baile usté, baile usté que
jeringonzas van,
baile usté, baile usté, baile usté que
el baile va a empezar.
Baile usté, baile usté, baile usté que
jeringonzas van,
baile usté, baile usté que esa moza esperándolo
está.
La Ronda de
Motilleja: Los músicos
Músicos:
Alberto García:
Guitarra y voz.
Juan Francisco
Valera: Guitarra.
Jesús Tejas:
Guitarra y voz.
M.ª Julia Juncos:
Guitarra.
Juan Manuel Gamero:
Guitarro manchego.
David Tejas:
Guitarro manchego y voz.
José Juncos:
Guitarro manchego.
Miguel Milla:
Requinto.
Antonio Cebrián:
Laúd.
Mª Dolores García:
Bandurria.
Enrique Cebrián:
Laúd.
Javier Cuéllar:
Octavilla.
Luis Sáez:
Pandero, cántaro y zambomba.
Antonio Vila:
Platillos y voz.
Cristina Vila:
Pandereta.
Raquel Haro:
Castañuelas y voz.
Ana Martínez:
Castañuelas.
Verónica García:
Castañuelas.
Mª Antonia
Fernández: Botella labrada.
Jerónima
Rodríguez: Almirez.
Mayeras de
Motilleja:
Diosinda Gómez, Alberta Tejas, Isabel Juncos, Ignacia Rodríguez,
Elvira Milla, Ascensión Berlanga, Evangelista Fernández, Consuelo
Berlanga, Julia Berlanga, Aurora Rubio, Llanos López, Mariana López,
Pilar Cuesta, Felisa Armero, Paquita Sáez, Matilde Fernández,
Natividad Gómez, Encarnación Rodríguez, Catalina Rubio y Aurora Sáez.
Con la
colaboración especial de: Juan Carlos
Valiente Monteagudo: Violín